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Nº 666 - 17 de octubre de 2005

La UE y Turquía vistas desde Chipre

Recientemente la UE y Turquía abrían negociaciones para su adhesión al club comunitario. Durante esos días tenía la oportunidad de encontrarme en visita oficial en Chipre. Pocos sitios hay más adecuados que Chipre para comprender la importancia y la complejidad de una eventual adhesión de Turquía a la UE.

42 años después de la primera referencia a la perspectiva de una futura adhesión de Turquía a la Unión Europea, las negociaciones de adhesión UE-Turquía se abrieron en la noche del 3 al 4 de octubre, justo cuando la delegación del Parlamento Europeo (PE) llegaba a Nicosia.

Fue una día histórico, pero también una típica jornada europea de enredo y confusión. El Consejo necesitó una última negociación-maratón para acordar, el lunes ya de madrugada, un nuevo marco de negociación aceptado por Ankara.

Pero hubo varios escollos en esta recta final. Por un lado Austria, don-de el 80 por ciento de la población se declara contrario a la adhesión de Turquía, pedía que el mandato de negociación posibilitara otras alternativas, el llamado "partenariado privilegiado".

Finalmente renunció, pero consiguió a cambio el desbloqueo de las negociaciones con Croacia, que probablemente era su objetivo real. Las presiones que recibió Austria de sus pares, y especialmente de la presidencia británica, han hecho que a esa sesión contrarreloj del Consejo, con la delegación turca esperando en la puerta, se la llame el "segun-do sitio de Viena".

En el aspecto económico ya se habían establecido ciertas cautelas enel Consejo Europeo del pasado diciembre, que fijó la fecha del 3 de octubre para el inicio de las negociaciones. En sus conclusiones se decía que "las negociaciones de adhesión que pudieran tener repercusiones sustanciales sólo podrían concluirse una vez establecido el marco financiero para después de 2014". Pero no es éste el único problema. Primero fue la negativa de Ankara a reconocer a Chipre. Luego fue el temor turco a que alinear-se progresivamente en las organizaciones internacionales con las políticas de la UE le impidiese vetar el acceso, nunca solicitado, de Chipre a la OTAN.

La solución se alcanzó gracias a la mediación americana. En su última sesión plenaria, hace dos semanas, el PE ratificó que las negociaciones son un proceso abierto que no conlleva automáticamente a la adhesión. En la resolución, adoptada con menos apoyo que la que aprobó iniciar negociaciones, el PE espera de Turquía que cumpla plenamente las obligaciones que le incumben y señala que el reconocimiento de Chipre, del genocidio armenio, el respeto a los derechos humanos y las minorías, las libertades y el Estado de Derecho son condiciones que determinarán el resultado posible de la adhesión o la interrupción de la misma.

En esa misma sesión, tras la declaración turca en la que seguía sin reconocer a Chipre, se pospuso la ratificación del protocolo que extiende el acuerdo de asociación con Turquía a los diez nuevos Estados miembros. Ello no impedía el inicio de negociaciones, pero enviaba una señal política de descontento hacia la actitud turca con Chipre. Sin embargo, la ratificación de ese protocolo es imprescindible para poder verificar en la práctica la apertura exigida de los puertos turcos a buques chipriotas, que Ankara rechaza por el momento.

El proceso será sin duda complicado, en Turquía y dentro de la UE. En el caso de la Unión, la apertura de negociaciones con Turquía reaviva un trascendental debate interno: la Europa política vs. la Europa global.

Los defensores de la primera posición ven a Turquía como un país que haría imposible la creación de una Europa políticamente compacta, e ineludible el abandono de las llamadas políticas "de solidaridad" (política agrícola, política de cohesión).

Consideran que su adhesión introduciría desequilibrios en su funcionamiento institucional, ya queTurquía tendría más peso que cualquier otro Estado miembro en el Consejo y los parlamentarios turcos representarían al grupo nacional más numeroso en el Parlamento Europeo.

Otros ven en su adhesión el nacimiento de una Europa actor global cuyo peso geopolítico aumenta en el mundo. La entrada turca ayudaría a Europa a crecer, frenaría el envejecimiento de su población, le facilitaría el suministro de fuentes de energía y desmentiría la tesis "choque de civilizaciones".

Mucho tendremos que discutír y debatir en los próximos años sobre lo acertado de ambas posiciones. Ahora se abre un período muy largo después del cual, sea cual sea el resultado, ni la UE ni Turquía serán los mismos. Y desde Chipre se ve muy clara la diferencia.*

* Presidente del Parlamento Europeo

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