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La UE y Turquía vistas desde Chipre
Recientemente
la UE y Turquía abrían negociaciones para su adhesión
al club comunitario. Durante esos días tenía la oportunidad
de encontrarme en visita oficial en Chipre. Pocos sitios hay más
adecuados que Chipre para comprender la importancia y la complejidad de
una eventual adhesión de Turquía a la UE.
42 años después de la primera referencia a la perspectiva
de una futura adhesión de Turquía a la Unión Europea,
las negociaciones de adhesión UE-Turquía se abrieron en
la noche del 3 al 4 de octubre, justo cuando la delegación del
Parlamento Europeo (PE) llegaba a Nicosia.
Fue una día histórico, pero también una típica
jornada europea de enredo y confusión. El Consejo necesitó
una última negociación-maratón para acordar, el lunes
ya de madrugada, un nuevo marco de negociación aceptado por Ankara.
Pero hubo varios escollos en esta recta final. Por un lado Austria, don-de
el 80 por ciento de la población se declara contrario a la adhesión
de Turquía, pedía que el mandato de negociación posibilitara
otras alternativas, el llamado "partenariado privilegiado".
Finalmente renunció, pero consiguió a cambio el desbloqueo
de las negociaciones con Croacia, que probablemente era su objetivo real.
Las presiones que recibió Austria de sus pares, y especialmente
de la presidencia británica, han hecho que a esa sesión
contrarreloj del Consejo, con la delegación turca esperando en
la puerta, se la llame el "segun-do sitio de Viena".
En el aspecto económico ya se habían establecido ciertas
cautelas enel Consejo Europeo del pasado diciembre, que fijó la
fecha del 3 de octubre para el inicio de las negociaciones. En sus conclusiones
se decía que "las negociaciones de adhesión que pudieran
tener repercusiones sustanciales sólo podrían concluirse
una vez establecido el marco financiero para después de 2014".
Pero no es éste el único problema. Primero fue la negativa
de Ankara a reconocer a Chipre. Luego fue el temor turco a que alinear-se
progresivamente en las organizaciones internacionales con las políticas
de la UE le impidiese vetar el acceso, nunca solicitado, de Chipre a la
OTAN.
La solución se alcanzó gracias a la mediación americana.
En su última sesión plenaria, hace dos semanas, el PE ratificó
que las negociaciones son un proceso abierto que no conlleva automáticamente
a la adhesión. En la resolución, adoptada con menos apoyo
que la que aprobó iniciar negociaciones, el PE espera de Turquía
que cumpla plenamente las obligaciones que le incumben y señala
que el reconocimiento de Chipre, del genocidio armenio, el respeto a los
derechos humanos y las minorías, las libertades y el Estado de
Derecho son condiciones que determinarán el resultado posible de
la adhesión o la interrupción de la misma.
En esa misma sesión, tras la declaración turca en la que
seguía sin reconocer a Chipre, se pospuso la ratificación
del protocolo que extiende el acuerdo de asociación con Turquía
a los diez nuevos Estados miembros. Ello no impedía el inicio de
negociaciones, pero enviaba una señal política de descontento
hacia la actitud turca con Chipre. Sin embargo, la ratificación
de ese protocolo es imprescindible para poder verificar en la práctica
la apertura exigida de los puertos turcos a buques chipriotas, que Ankara
rechaza por el momento.
El proceso será sin duda complicado, en Turquía y dentro
de la UE. En el caso de la Unión, la apertura de negociaciones
con Turquía reaviva un trascendental debate interno: la Europa
política vs. la Europa global.
Los defensores de la primera posición ven a Turquía como
un país que haría imposible la creación de una Europa
políticamente compacta, e ineludible el abandono de las llamadas
políticas "de solidaridad" (política agrícola,
política de cohesión).
Consideran que su adhesión introduciría desequilibrios en
su funcionamiento institucional, ya queTurquía tendría más
peso que cualquier otro Estado miembro en el Consejo y los parlamentarios
turcos representarían al grupo nacional más numeroso en
el Parlamento Europeo.
Otros ven en su adhesión el nacimiento de una Europa actor global
cuyo peso geopolítico aumenta en el mundo. La entrada turca ayudaría
a Europa a crecer, frenaría el envejecimiento de su población,
le facilitaría el suministro de fuentes de energía y desmentiría
la tesis "choque de civilizaciones".
Mucho tendremos que discutír y debatir en los próximos años
sobre lo acertado de ambas posiciones. Ahora se abre un período
muy largo después del cual, sea cual sea el resultado, ni la UE
ni Turquía serán los mismos. Y desde Chipre se ve muy clara
la diferencia.*
* Presidente
del Parlamento Europeo
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