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Nº 623 - 8 de noviembre de 2004

Un no-voto y una firma


La casualidad ha hecho que, con pocas horas de diferencia, se hayan sucedido, dos acontecimientos mayores de la actualidad europea: el no-voto de la Comisión Barroso por el Parlamento Europeo (PE), el miércoles 27 en Estrasburgo, y la firma solemne por los 25 países miembros de la Unión Europea del Tratado que instituye una Constitución para Europa, el pasado viernes 29 de octubre en Roma.

Ese día, tras el acto oficial de firma de la Constitución Europea, se hacían y deshacían pequeños grupos en los pasillos del Capitolio y del palacio del Quirinale que comentaban lo sucedido en días pasados en el Parlamento Europeo. Se hablaba de crisis institucional, de cambio en el equilibrio de poder entre los vértices del triángulo institucional europeo. A mi parecer, lo que ha acontecido estos días pasados en el Parlamento Europeo no es ni lo uno ni lo otro.

Ciertamente, la retirada forzosa de una propuesta de Comisión, ante el riesgo de ser rechazada por el PE o, peor aún, ser aprobada por la mínima, es algo que nunca había ocurrido. Sin embargo, los Tratados preven que el Parlamento vote al conjunto de la Comisión y que, por tanto, pueda expresarse de manera positiva o negativa.

Desde el inicio del proceso de elección de la nueva Comisión, y con la celebración de las Audiencias, siempre mantuve que este procedimiento no era una mera formalidad y que el Parlamento no podía ser considerado como un tigre de papel que acabaría aprobando sin ningún pero a aquellos que los gobiernos de los Estados miembros proponían como nuevos miembros de la Comisión. Lo acontecido en días pasados en Estrasburgo así lo demuestra. Las Audiciones no sólo han sido un importante ejercicio de control democrático, sino que han desencadenado que nos adentremos en un proceso político virgen.

Volvamos a los hechos. El presidente Barroso, ante la situación creada por el rechazo explícito del Parlamento a un candidato a comisario y las serias reservas emitidas sobre otros, decidió no presentar su propuesta de Colegio de Comisarios, parar el reloj y tomar en consideración los planteamientos de los grupos políticos del PE.

En mi opinión es la constatación de la mayoría de edad del PE. Esta Cámara, que siempre fue ninguneada por los soberanistas y vista con recelo por los gobiernos nacionales, a la que en un principio se negó el nombre de Parlamento, dándole aquel más ligero de Asamblea, que necesitó durante mucho tiempo el apoyo M Tribunal de justicia para ejercer su papel de representar a los ciudadanos europeos, ha, simplemente, ejercido los poderes que tiene atribuidos dentro del normal juego democrático.

En este orden de cosas, lo ocurrido no debe entenderse como una alteración del equilibrio institucional en la UE. No ha habido ningún pulso entre la Comisión y el PE, aunque tras este episodio sí haya un reequilibrio en las posiciones e influencia entre las instituciones. En cualquier caso, lo que está claro es que no es posible atribuir poderes a una de ellas, en este caso el PE, a condición de que no los ejerza. Eso sería tanto como no concedérselos.

Todo esto demuestra que el Parlamento Europeo está para algo, y tras lo ocurrido sale reforzado. No solo porque recuerda que tiene atribuidos importantes poderes por los Tratados, sino porque ha demostrado que es una institución creíble. Probablemente también, lo ocurrido aumentará la participación en las elecciones europeas, porque los ciudadanos han percibido que lo que se dice en el Parlamento importa.

Por tanto, ni cambio de equilibrio de poder en las instituciones, ni crisis de la Unión. En realidad, quizás hayamos asistido a la representación de¡ nacimiento de una auténtica democracia parlamentaria europea. Durante estas semanas, la opinión pública europea se ha sentido implicada en el debate sobre la adecuación de los diferentes candidatos a comisario a sus puestos. Europa ha dejado de parecer a los ciudadanos algo aburrido, demasiado complicado y poco transparente. Mi dirección de correo electrónico, Por ejemplo, se ha visto inundada con envíos desde todos los rincones de Europa expresando diferentes pareceres al respecto.

Si hay alguna conclusión importante que extraer, es que la causa de la integración europea ha salido ganando. La Europa política gana todo con estos debates, porque es la indiferencia y la ignorancia de sus ciudadanos en relación con el proyecto europeo su mayor peligro, no el que la nueva Comisión no haya comenzado el 1 de noviembre a ejercer sus funciones.

* Presidente del Parlamento Europeo

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