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| Nº 608 - 21 de junio de 2004 |
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Europeas: victoria y abstención
Como en todas las fiestas, también en las importantes como ésta, cada cual las valora en función de cómo le ha ido a cacla uno. Por eso, mi primera valoración ha de ser positiva y de agradecimiento a los ciudadanos y ciudadanas que me han votado y que han hecho del PSOE el partido ganador en España. Por tercera vez consecutiva, confirmando en las elecciones europeas las victorias socialistas en las elecciones municipales y en las generales que llevaron a José Luis Rodríguez Zapatero a la Presidencia del Gobierno. A La vista de los resultados, a nadie puede extrañar que me sienta orgulloso del trabajo realizado por mi partido, a la vez que reconfortado por el cariño y los millones de votos recibidos por los electores que me han honrado con su confianza. Y de forma muy especial quiero agradecer el gran apoyo que me ha dado la gente de mi pueblo natal, La Pobla de Segur, y de las comarcas del Pirineo. Al mismo tiempo, tengo una cierta sensación de tristeza, Puesto que más de la mitad de los invitados a esta flesta de la democracia no ha acudido a la convocatoria electoral. La abstención en estos comicios ha sido la más alta de todas las elecciones europeas celebradas hasta ahora. En particular, la abstención ha sido especialmente preocupante en algunos de los países de la ampliación, que hace pocos meses habían aprobado en referenda nacionales su incorporación a la UE. Habían pedido invitación a una fiesta a la que muchos de ellos no han acudido. También en España la participación ha sido más baja que nunca. Por ello la alegría de ganar las elecciones y derrotar al PP una vez más, no ha sido completa; ha faltado gente a la fiesta y cabe recapacitar sobre los motivos de lo que ha ocurrido. Han de ser muchos y diversos los motivos que hacen que tanta gente no vaya a votar. Puede que uno de ellos, M que me interesa hablar en este momento, sea que la fiesta se haya celebrado lejos del centro de sus preocupaciones y que no sea fácil sentir Europa como algo cercano cuando los intereses de la gente se concentran en cosas más de casa, mas de cada día. Pero la verdad es que esa percepción esta muy equivocada, puesto que lo que se decide en Europa es parte de nuestra vida cotidiana. Hasta tal punto, que lo que muchos millones de ciudadanos pagamos de hipoteca de nuestras casas depende del precio del dinero que fija el Banco Central Europeo, por poner un ejemplo que nos afecta a la mayoría, y que para influir en estas decisiones necesitamos unas instituciones fuertes y representativas. Cuando el 20 de julio se constituya en Estrasburgo el nuevo Parlamento europeo surgido de, las últimas elecciones, 25 de los 54 eurodiputados españoles serán socialistas y eso nos da una gran oportunidad a la vez que una gran responsabilidad. Tal es así, que la principal tarea que nos queremos encomendar es la de explicar a la gente que Europa somos todos y que no esta cerca ni lejos de nuestra vida cotidiana, que forma parte integrante de, la misma. Que buena parte de nuestras vidas se rigen por lo que se decida conjuntamente entre todos en el marco europeo, que es el que nos hemos querido dar para asegurar la paz y el bienestar de todos. Que una Europa fuerte y unida es garantía de un futuro mejor. Que una Europa social es posible si los socialistas somos mayoritarios en ella. Que Europa es España y España es Europa, de manera inseparable e inconfundible, que no son cosas distintas; es lo mismo, bajo una Constitución común para todos, en un horizonte de libertad, igualdad, paz, seguridad y solidaridad. Después de muchos iños en el Gobierno de la nación y como diputado a Cortes, quiero isurnir ni¡ nueva responsabilidad corno coroparlamentario con el comprorniso político de que cada vez mas gente, cuando hable de Eurolpa, lo deje de hacer en tercera personi y aprencimos a hacerlo en primera persona. Espero poder seguir asorriándome, desde Bruselas, a las páginas de EL SIGLO, contando el paso de la arena por el reloj. |