|
Día
de Europa
Este
domingo, 9 de mayo,celebramos el Día de Europa. Pero, ¿qué
celebramos concretamente? En realidad, la fecha puede referirse a dos
acontecimientos históricos que están ambos en los orígenes
de[ proyecto de integración europea.
El primero es el fin de las guerras civiles entre los europeos. El 8 de
mayo de 1945 callaron las armas de la segunda gran guerra mundial y se
cerró un ciclo histórico que había empezado en 1618
con la Guerra de los Treinta Años. A lo largo de ese tiempo, la
muerte y la desolación se habían paseado repetidamente por
el Viejo Continente, EFE llenándolo de cementerios militares.
El segundo es la Declaracion Schuman, efectuada en la famosa rueda de
prensa de[ entonces ministro de Exteriores de Francia el 9 de mayo de
1950, que marca el inicio de la "Revolución europea"
basada en la reconciliación francoalemana.
Ya en esa declaración se reservaba su lugar a los pueblos de] Este,
entonces situados del otro lado del telón de acero, en el
proyecto que se iniciaba. Habrán sido necesarios 54 años
para que puedan ocuparlo, planteando nuevos interrogantes sobre su objetivo
y razón de ser.
En estas circunstancias, celebrar el Día de Europa nos obliga a
explicar la importancia del proyecto europeo tanto en lo cotidiano como
en los aspectos trascendentales de la acción política. Y
no sólo recurriendo a las generosas aportaciones de fondos comunitarios
que tan bien nos han venido en el pasado y con las que podremos contar
menos en la Europa ampliada.
Por ejemplo, a los que se muestran satisfechos por la retirada de nuestras
tropas de Iraq, habría que preguntarles si el gobierno español
hubiese tenido la misma capacidad de aplicar esa decisión si en
vez del euro hubiésemos seguido t niendo la peseta como moneda
nacional.
La respuesta es que no, y hay que explicar por qué para comprender
la verdadera importancia política del proyecto europeo. Ni España,
ni Francia ni Alemania hubiesen podido fácilmente plantar cara
a los EE UU y negarse a apoyar su política sin el euro, porque
sus monedas nacionales no hubiesen podido soportar los ataques especulativos
que, sin duda, se hubiesen desatado contra ellas en los mercados financieros
internacionales. Nos hubiesen devaluado a repetición y puesto de
rodillas a los gobiernos, como hicieron con el de Miterrand a principios
de los 80 cuando intentó aplicar su programa de izquierdas.
El euro juega así un papel de escudo protector y, paradójicamente,
menos soberanía formal en materia monetaria nos permite ejercer
en la práctica una mayor soberanía política. En realidad
no es que con el euro hayamos perdido la soberanía moetaria, que
en realidad no teníamos ya con unas monedas nacionales sometidas
a la presión de los mercados. La ejercemos de forma compartida
a través de mecanismos que son, sin duda, discutibles desde el
punto de vista de su control democrático y su contribución
desequilibrada a la estabilidad y el crecimiento. Pero, en todo caso,
esa soberanía compartida nos da más capacidad de acción
política que la teórica soberanía plena que tenía
cada país con su propia moneda.
A este ejemplo se pueden añadir muchos otros para ayudar a comprender
el significado de la construcción europea. Pero más importante
todavía es comprender que ya no se trata simplemente de "rnás
Europa", sino de "qué Europa" proponen unos y otros.
La cuestión de fondo es tanto más importante cuanto que
en la próxima legislatura la Unión Europea deberá
tomar resoluciones decisivas sobre su razón de ser. Tendrá
que definir geográficamente su territorio y escoger entre la unión
política o la administración técnica.
Los liberales quieren limitar la construcción de Europa a la de
una gran zona de librecambio. Los euroescépticos quieren desmantelar
lo ya construido. La izquierda radical rechaza la idea de Europa porque
no es como quisiera que fuera y prefiere no tener ninguna.
Por eso los socialistas tenemos un papel fundamental que jugar en los
acontecimientos que están por venir ,trabajando con ambición
y realismo por una Europa política basada en los valores que sustentan
el modelo social europeo y capaz de actuar como un agente global en todos
los aspectos que afectan a la paz y la prosperidad mundial.
|