Nº 601 - 3 de mayo de 2004

Nuevo rumbo en el socialismo europeo


E1 24 de abril se celebro el Congreso del Partido Socialista Europeo (PSE). El pasaEdo fin de semana se ha hecho efectiva la ampliación de la UE a 10 nuevos Estados. También la semana pasada, el Consejo de Ministros de la UE decidió convocar de nuevo la Conferencia Intergubernamental para intentar llegar a un acuerdo sobre la Constitución europea antes de que acabe la Presidencia irlandesa.

Los acontecimientos se aceleran y la llegada de nuevos actores produce resultados inesperados. Robin Cook, que dimitió de ministro por oponerse a la política de Blair en Iraq, ha sido sustituido como presidente de los socialistas europeos, por escasa diferencia, por Rasmussen, ex primer ministro danés y no por G. Amato, como se esperaba. Y los partidos socialistas del Este han sido decisivos para que se produjera ese resultado.

Su opción por un nórdico, preocupado por las consecuencias sociales de la globalización, pero más próximo a la concepción intergubernamental de Europa que Amato, reconocido europeista pero más cercano a las tesis socioeconómicas del blairismo y de la democracia cristiana, dice mucho de la actitud política de los nuevos Estados miembros.

Puede que este resultado marque el principio de una nueva etapa en la construcción de un partido socialista europeo. Es la primera vez que se ha recurrido a una votación para escoger entre dos candidaturas. Hasta ahora la Presidencia surgía de un arreglo entre los líderes de los partidos nacionales. Amato tenía el apoyo de la mayoría de los grandes países (Reino Unido, Alemania, España e Italia), pero no fue suficiente.

Le queda mucho al PSE para ser un partido de militantes y no un club de líderes que intentan coordinar sus partidos nacionales. Para ello Rasmussen defiende una reforma de los estatutos que haga posible afiliarse directamente al PSE sin pasar por los partidos nacionales.

Algunos delegados alemanes que se opusieron a la consigna de voto pro-Amato dada por Schroeder, como Jo Leinen, presidente de la Unión de los Federalistas Europeos, proponen también que las decisiones se tomen por mayoría y no por unanimidad, como ocurre en muchos casos en las instituciones europeas.

Mientras la socialdemocracia debate de sus estructuras internas y trata de responder al creciente riesgo de dumping fiscal y social, el viento electoral parece girar a su favor. En España, primero, y en Francia y Austria, después, los electores han dado una clara mayoría a los socialistas. Y la siguiente cita son las europeas de junio, que en España serán, sin duda, un test sobre la política exterior del nuevo gobierno.

La socialdemocracia europea vivió su edad de oro durante los años 70 y 80. Fue la época de Brandt, Palme y Kreisky, consiguiendo las mayores cotas de reducción de las desigualdades y el mejor equilibrio entre inversión, salarios y empleo.

Sin embargo, no supo sacar partido de la caída del muro de Berlín y sus resultados electorales han sufrido importantes fluctuaciones. Cuando los socialistas dejamos el Gobierno en España en 1996 en Europa empezó la ola rosa, que llevó a los socialdemócratas y laboristas a doce gobiernos en 15 países de la UE en 1998.

Luego vino una larga serie de do rrotas: desde la de los austríacos en 1999 a la de los griegos este año, pasando por Dinamarca, España, Holanda, Italia, Francia y Portugal. Sin olvidar la difícil situación del SPD alemán, que no consigue convencer de la necesidad y eficacia de sus reformas sociales.
Por eso, las próximas elecciones europeas tendrán un especial significado. Será la primera vez que las celebramos sin el acompañamiento de otra elección, nacional o local. En solitario, el riesgo de la abstención en las europeas es mucho mayor, pero las actuales circunstancias de la política internacional, y en especial la retirada de nuestras tropa de Iraq, pueden provocar el debat sobre las distintas ideas que en España tenemos sobre Europa.

Ese debate es tan necesario cuanto que la construcción europea tiene raíces democristianas y socialdemócratas que se han ido entrelazando a lo largo de medio siglo y que hoy, frente a la globalización, diver. gen más que nunca.

Por ello, el regreso de los socialistas al Gobierno de España, y la "vuelta a Europa" de los países del Este, puede ser la oportunidad de hacer frente a las consecuencias sociales de la globalización de las economías.

Hemeroteca
Esta semana
Lista Arena de Reloj