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Nuevo
rumbo en el socialismo europeo
E1 24 de abril
se celebro el Congreso del Partido Socialista Europeo (PSE). El pasaEdo
fin de semana se ha hecho efectiva la ampliación de la UE a 10
nuevos Estados. También la semana pasada, el Consejo de Ministros
de la UE decidió convocar de nuevo la Conferencia Intergubernamental
para intentar llegar a un acuerdo sobre la Constitución europea
antes de que acabe la Presidencia irlandesa.
Los acontecimientos se aceleran y la llegada de nuevos actores produce
resultados inesperados. Robin Cook, que dimitió de ministro por
oponerse a la política de Blair en Iraq, ha sido sustituido como
presidente de los socialistas europeos, por escasa diferencia, por Rasmussen,
ex primer ministro danés y no por G. Amato, como se esperaba. Y
los partidos socialistas del Este han sido decisivos para que se produjera
ese resultado.
Su opción por un nórdico, preocupado por las consecuencias
sociales de la globalización, pero más próximo a
la concepción intergubernamental de Europa que Amato, reconocido
europeista pero más cercano a las tesis socioeconómicas
del blairismo y de la democracia cristiana, dice mucho de la actitud
política de los nuevos Estados miembros.
Puede que este resultado marque el principio de una nueva etapa en la
construcción de un partido socialista europeo. Es la primera vez
que se ha recurrido a una votación para escoger entre dos candidaturas.
Hasta ahora la Presidencia surgía de un arreglo entre los líderes
de los partidos nacionales. Amato tenía el apoyo de la mayoría
de los grandes países (Reino Unido, Alemania, España e Italia),
pero no fue suficiente.
Le queda mucho al PSE para ser un partido de militantes y no un club de
líderes que intentan coordinar sus partidos nacionales. Para ello
Rasmussen defiende una reforma de los estatutos que haga posible afiliarse
directamente al PSE sin pasar por los partidos nacionales.
Algunos delegados alemanes que se opusieron a la consigna de voto pro-Amato
dada por Schroeder, como Jo Leinen, presidente de la Unión de los
Federalistas Europeos, proponen también que las decisiones se tomen
por mayoría y no por unanimidad, como ocurre en muchos casos en
las instituciones europeas.
Mientras la socialdemocracia debate de sus estructuras internas y trata
de responder al creciente riesgo de dumping fiscal y social, el viento
electoral parece girar a su favor. En España, primero, y en Francia
y Austria, después, los electores han dado una clara mayoría
a los socialistas. Y la siguiente cita son las europeas de junio, que
en España serán, sin duda, un test sobre la política
exterior del nuevo gobierno.
La socialdemocracia europea vivió su edad de oro durante los años
70 y 80. Fue la época de Brandt, Palme y Kreisky, consiguiendo
las mayores cotas de reducción de las desigualdades y el mejor
equilibrio entre inversión, salarios y empleo.
Sin embargo, no supo sacar partido de la caída del muro de Berlín
y sus resultados electorales han sufrido importantes fluctuaciones. Cuando
los socialistas dejamos el Gobierno en España en 1996 en Europa
empezó la ola rosa, que llevó a los socialdemócratas
y laboristas a doce gobiernos en 15 países de la UE en 1998.
Luego vino una larga serie de do rrotas: desde la de los austríacos
en 1999 a la de los griegos este año, pasando por Dinamarca, España,
Holanda, Italia, Francia y Portugal. Sin olvidar la difícil situación
del SPD alemán, que no consigue convencer de la necesidad y eficacia
de sus reformas sociales.
Por eso, las próximas elecciones europeas tendrán un especial
significado. Será la primera vez que las celebramos sin el acompañamiento
de otra elección, nacional o local. En solitario, el riesgo de
la abstención en las europeas es mucho mayor, pero las actuales
circunstancias de la política internacional, y en especial la retirada
de nuestras tropa de Iraq, pueden provocar el debat sobre las distintas
ideas que en España tenemos sobre Europa.
Ese debate es tan necesario cuanto que la construcción europea
tiene raíces democristianas y socialdemócratas que se han
ido entrelazando a lo largo de medio siglo y que hoy, frente a la globalización,
diver. gen más que nunca.
Por ello, el regreso de los socialistas al Gobierno de España,
y la "vuelta a Europa" de los países del Este, puede
ser la oportunidad de hacer frente a las consecuencias sociales de la
globalización de las economías.
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