Nº 599 - 19 de abril de 2004

 

Las vueltas que da la vida

Pues sí, hay que ver las vueltas que da la vida.Tantas, que cada vez es más difícil saber de qué agua vas a tener que beber. Eso debe estar pensando mi buen amigo y compañero de trabajos en la Convención europea, Michel Barnier.

Ayer era el comisario responsable de los Fondos de Cohesión y hoy, debido a la inesperada derrota de Raffarin en las elecciones regionales francesas, ministro de Asuntos Exteriores de su país. Como comisario se distinguió pidiendo que el Presupuesto de la UE se elevara al 1,24% del PIB comunitario, el má ximo previsto por los actuales Tratados, asegurando que debía más bien considerarse como un mínimo, Pero hoy es miembro de un Gobierno que se niega a aumentar en un solo euro el actual nivel del 1 %.

Tenía razón cuando aseguraba que con ese volumen de recursos es imposible hacer frente a las exigencias derivadas de la ampliación. Pero hoy tiene que escuchar al mínistro de Hacienda de su Gobierno proclamar que "dar más dinero a Europa implicaría menos solidaridad ......

Afortunadamente para él, su necesaria reconversión será más fácil porque no serán los ministros de Exteriores, sino los de Hacienda, los protago nistas del debate sobre las perspectivas financieras 2007-2013. Ya en diciembre, los seis grandes proveedores de fondos al Presupuesto comunitario advertían que, a pesar de la ampliación, el Presupuesto no debería superar el 1 % del PIB. Y la semana pasada, en Irlanda, los países ricos han recordado a la Comisión la contradicción que implica pedirles más dinero y, a la vez, perseguirles por tener demasiado déficit.

De poco le sirve a la Comisión recordar, como hacía Barniíer, que, desde 1996, el Presupuesto comunitario ha crecido menos que la gran mayoría de los presupuestos nacionales. Y a nadie se le oculta que para hacer frente a la ampliación harán falta más recursos, salvo que la acción europea se limite exclusivamente a los territorios más pobres, lo que implica excluir a países de desarrollo intermedio como España.

Así las cosas, todo parece indicar que la primera variable de ajuste será la politica regional, que representa un tercio del gasto. Y tambien aquí la vida ha dado alguna vuelta porque, de repente, el Reino Unido, nuestro aliado de ayer, abre el fuego contra nuestra particípación en los fondos estructurales. En Irlanda, Rato se quedo bastante solo en su defensa de alcanzar el 1,24%. El clamoroso silencio de los países del Este, en particular de Polonia, compañera de aventuras trasatlánticas y medio-orientales, no debería sorperendernos. Estos países saben que cualquiera que sea el nivel del presupuesto comunitario, recibirán más ayudas de las que podrían absorber (limitadas al 4% de su PIB).

Por eso, nuestra batalla para aumentar los recursos globales y así garantizar que habrá fondos para todos no es la suya. Su interés pasa más bien por que no se reduzca el gasto agrícola, en el que van a participar de forma creciente. Esa sería la segunda variable de ajuste si no fuera porque los acuerdos franco-alemanes han garantizado un nivel elevado de gasto agrícola hasta 2013. Ello permitirá financiar la agricultura del Este, incluyendo a Rumanía y Bulgaria a partir de 2007.

La vuelta que ha dado la vida ha hecho que Rato sea el único en proponer, con lógica comunitaria pero en la más absoluta soledad, que se revise el "cheque inglés" para cuadrar el Presupuesto. Como se sabe, la rebaja consentida a Thatcher permite que el Reino Unido recupere dos tercios de su transferencia neta a sus socios comunitarios. Pero, en Irlanda, los franceses han preferido olvidar esa espina que llevan clavada desde 1984 y sólo España se ha atrevido a afrontar el veto del "amigo" Blair.

Ciertamente, nunca es tarde para proclamar de qué agua no vas a beber ni para adivinar de qué mal vas a morir. Ni para ver florecer nuevas esperanzas, como las de esta primavera de 2004, que nos recuerda el entusiasmo del otoño del 82.

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