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| Nº 577 - 10 de noviembre de 2003 |
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Vientos
de paz en Palestina
En Jerusalén, Sharon nos aseguró a un grupo de pariamentarios europeos que no piensa matar a Arafat, aunque siga considerándole el principal obstáculo para la paz en Oriente Próximo No se preocupen por él, nos decía, sino por las más de 800 víctimas de los atentados terroristas de la segunda Intifada. Pero ésas son sólo las víctimas del lado israelí. Habría que sumarles los 2.600 muertos y 20.000 heridos del lado palestino. Seguir exigiendo a Arafat que, desde su encierro en Ramala, desmantele la "infraestructura del terror" es ignorar que su origen es la desesperación de un pueblo sumido en una gravísima situación psicológica y económica. Los escolares de primaria van vestidos de terroristas suicidas, como aquí nos vestían de marineritos o de princesas para la primera comunión. Declarándose candidatos al martirio, componen una dramática imagen en los programas de televisión, pero los jóvenes terroristas no necesitan demasiadas "infraestructuras" para vengar con su suicidio la humillación de su pueblo. También hemos podido comprobar la gravedad de la situación económica. Nuestros autobuses fueron ecibidos en Belén con alegre sorpresa. Hace tiempo que el turismo, su principal fuente de ingresos, ha desaparecido y la mitad de la población vive en la pobreza. No nos fue posible acceder a Ramala para entrevistarnos con el nuevo primer ministro palestino, Ahmed Qurei, pero el alcalde dle Belén se bastó para explicar cómo las dificultades de la vida se han agravado con la construcción del muro. En Europa creemos que es un muro como el de Berlín o la muralla china. En realidad es un muro de hormigón de una decena de kilómetros de los 150 ya construidos, El resto es una alambrada vigilada electrónicamente que tendrá 350 kilómetros cuando se acabe. Escuchar un debate entre las comunidades afectadas por la barrera nos hace comprender las dificultades de ambas partes para salir de su carrera hacia el abismo. El secretario de un k¡butz que ha sufrido varios ataques terroristas, de izquierdas y militante pacifista, defiende el muro para garantizar su seguridad, El rabino de un asentamiento cree que Israel necesita una frontera con o sin acuerdos. Un alcalde palestino denuncia cómo se les impide el acceso al trabajo y los servicios, y las veces que tienen que esperar horas a que los soldados abran los accesos, Nos recuerdan que la izquierda lo ideó y que el difunto Rabin lo apoyaba. Pero podemos comprobar cómo el muro que imaginó seguía la línea verde, la frontera entre Cisjordania e Israel anterior a la guerra de 1967. El que ahora se construye parece una frontera pensada para anexionar una nueva porción de territorio incluyendo al máximo número de asentamientos judíos y excluyendo al máximo número de palestinos. Israel teme la pujanza demográfica de los palestinos. Los dirigentes más lúcidos, como el inagotable Simon Peres, saben que Israel no podrá ser a la vez un Estado democrático, incluir a la población palestina y seguir siendo el hogar nacional del pueblo judío en el que éste sea mayoritario. El sueño del Gran Israel, que incluía todos los territorios bíblicos, es imposible salvo que expulsen a todos los palestinos a¡ otro lado del Jordán o acepten crear un nuevo apartheid étnico-religioso. Por eso hay que volver a intentar cambiar paz por territorios. Audaz ha sido el principio de acuerdo en Ginebra entre el ex ministro israelí Yossi Beilin y los representantes palestinos. Percibimos las encontradas reacciones -sorpresa, rechazo y esperanza- que esa iniciativa ha despertado. Para Sharon es una traición, pero le ha desestabilizado en un momento en el que su política de fuerza, que no ha traído la seguridad que prometió, no tiene ya tanto apoyo. La izquierda, aún no repuesta de sus derrotas electorales,aún no repuesta de sus derrotas electorales, tendrá que escoger entre una política alternativa, como la que este acuerdo representa, y la tentación de volver a un gobierno de unión con la derecha. Mientras dejábamos Tel-Aviv, un viento de paz empezaba a soplar sobre Palestina.Y esta vez sobre Palestina. Y esta vez no venía de Oslo sino de Ginebra. Las 100.000 personas que este sábado se manifestaban para recordar que hace ocho años que la intransigencia asesinó a Rabin apoyaban esa luz de esperanza que vislumbramos en la torturada tierra de Palestina. |