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| Nº 551 - 14 de abril de 2003 |
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Después
de una guerra
M¡entras concluye la toma Bagdad y se añade la trágica muerte de dos periodistas españoles al número de víctimas civiles, la Convención sigue debatiendo sobre el futuro de Europa. Lo que discutimos es sin duda de vital importancia: ¿qué ocurriría si la futura Constitución no fuese aprobada por todos los Estados?; ¿bajo qué condiciones podría un Estado abandonar la Unión?; ¿debe haber impuestos europeos directamente exigibles a los ciudadanos o la Unión debe financiarse con aportaciones de sus Estados? Giscard d'Estaing concibe esa futura Constitución como una "declaración de independencia" para Europa: independencia frente a EE UU, pero tanto o más frente a los propios Estados europeos. ¿Y de qué forma ganarla? Desarrollando una capacidad autónoma de defensa europea, construyendo una política exterior común y acabando con la dictadura del veto, que puede ser ejercida por cualquiera de sus 15-y pronto 25- miembros. Es evidente que no habrá una política exterior, ni de seguridad, ni fiscal común mientras se mantenga la decisión por unanimidad. La crisis de Iraq lo ha puesto bien de manifiesto. Estados Unidos ha hecho caso omiso de las opiniones y de los intereses de sus aliados europeos y lo seguirá haciendo después de la guerra. Ha dejado bien claro que irá donde quiera con quien quiera acompanarles, poniendo por delante su propio interés. Desde la concepción del mundo de los neoconservadores amerícanos, ¿por qué tendrían que tenernos en cuenta? Si la UE es incapaz de compartir seriamente con EE UU la carga de la capacidad de intervención militar en los distintos escenarios mundiales de conflicto, ¿por qué iban a darnos arte y parte en sus decisiones al respecto? Mientras Europa no sea capaz de asegurar su propia defensa seguirá necesitando a los EE UU y seguirá siendo dependiente de los EE UU. Hoy por hoy, ni la UE ni ninguno de sus países tienen un planteamiento estratégico ni fuerza suficiente para constituir una alternativa, que sólo podría emerger de un entendimiento franco-británico más deteriorado que nunca. Eso es lo que les ha venido a recordar a los europeos el secretario de Estado americano Colin Powell de paso por Bruselas. Ninguno de los ministros de Exteriores europeos faltó a la cita y su ausencia se notó en las discusiones de la Convención. Para el americano en Bruselas el papel principal de la "reconstrucción" de Iraq corresponde a la coalición angloamericana. las Naciones Unidas participarán sin duda y su papel será "importante", pero está por definir. Sería iluso pensar que después de haber pagado el coste político, económico y humano de la guerra iban a dejar gratis et amore el control del espacio político y del petróleo. Pero para los europeos que rechazaron la guerra el papel de las Naciones Unidas debe ser central y fundamental: todos coinciden en que sería necesaria una resolución del Consejo de Seguridad que legitime la administración que dirija el país después de la guerra. Pero los europeos temen que la ONU sólo sirva para avalar un mandato militar-civil americano al estilo del de MacArthur en Japón. Powell les ha recordado que espera su contribución a financiar la paz. Pero para la UE la reconstrucción de Iraq o la participación de la OTAN en el mantenimiento de la paz en la zona sólo tienen sentido en marco de un mandato de las Naciones Unidas. Y todo ello en un momento en el que la OTAN sufre una profunda transformación que pasará por el redespliegue hacia el Este de las fuerzas americanas basadas en Alemania. Lo que para algunos es una forma de "castigar' a este país por su oposición a la guerra será también una manera de colocar a Europa al pie de sus responsabilidades e impulsarla a analizar su voluntad de independencia y la realidad de su interdependencia con respecto a EE UU a la hora de definir su futura identidad. 6 lucialudu. |