Nº 531 - 18 de noviembre de 2002


Orquesta desafinada

La economía mundial se enfrenta a una dificil situación frente a la cual los bancos centrales de los países desarrollados responden como una orquesta desafinada. Así han actuado la semana pasada tres Bancos Centrales, con distintos grados de independencia, tomando decisiones importantes sobre los tipos de interés. Uno de ellos, la Reserva Federal americana, bajó los tipos más de lo que los mercados esperaban. Los otros dos, el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra, desconcertaron a los mercados decidiendo que no había razones para bajar los tipos ni poco ni mucho. En Japón, con tipos de interés cero ya no tienen política monetaria que aplicar.

Si un observador analizase estas decisiones sin saber de ellas más que los datos macroeconómicos sería difícil que las considerara coherentes. la economía norteamericana no está en peores condiciones de crecimiento que la de la eurozona o el Reino Unido, más bien lo contrario, y sus tipos de interés son ya mucho más bajos que los europeos.

Pero sí habría observado, de forma clara, que la Reserva Federal había sido más activo que los otros dos para apoyar el crecimiento económico y el empleo. Su reacción rápida y vigorosa después  del 11 de septiembre de 2001 ya contrastó entonces con el perezoso despertar de un BCE que iba a remolque y a regañadientes de las decisiones americanas.

Es más que seguro que esta vez ha ocurrido lo mismo y que Duisenberg no ha querido bajar, ahora, los tipos de interés de la eurozona para que no parezca que actúa imitando a Greenspan. Ya lo hará, pero cuando parezca que lo hace en función de su independientísimo criterio. Si mientras tanto la situación económica empeora y hay unos cuantos miles de parados más o si las medidas que tome llegan demasiado tarde para impedir una espiral deflacionista, ése no es su problema. Y lo triste es que tiene razón, no es su problema, porque los Estatutos de la institución que preside no le piden que se preocupe por nada que no sea la inflación.

A la vista de lo que ocurre, debo lamentar que mientras el BCE se dedica a alancear al moro muerto los debates de la Convención Europea hayan dejado en minoría a los que defendemos que la política monetaria del BCE debe tomar en cuenta los problemas de crecimiento y así debe quedar explícitamente recogido en sus Estatutos. Lo curioso es que los que se oponen a ello se pasan después el día lamentando las decisiones del BCE y haciendo presión mediática para *que aplique otra política monetaria. ¿Pero no hemos quedado en que sabe mejor que nosotros mismos lo que nos conviene y le hemos hecho independiente para que pueda hacerlo?

Lo que están haciendo en Estados Unidos es tratar de evitar que les pase como al Japón. En efecto, el análisis de la situación japonesa que han hecho los expertos de la Reserva Federal señala que ante el riesgo de una defiación, las autoridades monetarias deben actuar de forma enérgica para evitarla. Si la política monetaria es útil hay que usarla cuando lo es y no cuando ya el sistema no responde a los manos como un avión que ha entrado en barrena.

la decisión de Greenspan se verá reforzada por la política presupuestaria que presumiblemente seguirá a la victoria de los republicanos en las elecciones mid term. Bush tendrá más fácil bajar los impuestos y aumentar los gastos en defensa, lo que implica una política presupuestaria expansiva. Así, ambas partes del policy mix, la monetaria y la fiscal, colaborarán en el impulso a una economía languideciente. Algo que no somos capaces de hacer en Europa.

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