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| Nº 526 - 14 de octubre de 2002 |
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La espera de Lula Lula da Silva tendrá que esperar hasta la segunda vuelta el próximo 29 de octubre para que su anunciada victoria en las elecciones presidenciales brasileñas se haga realidad. A la vista de los resultados obtenidos, sólo circunstancias políticas graves o imprevistas podrían impedir que Brasil sea el mayor país democrático dirigido por un presidente de izquierdas. El Partido de los Trabajadores ha ganado en 24 de los 27 Estados de Brasil, incluido el de Sao Paulo, el primero del país y, en principio, hostil al líder petista. Al antiguo dirigente sindical le espera una tarea ingente después de ocho años de un Gobierno que aunque consolidó la democracia no acabó con la hiperinflación ni consiguió encauzar el crecimiento económico. La Deuda Pública brasileña se ha doblado, en porcentaje M PIB, en menos de seis años. Ahora alcanza ya el 62%, unos 300.000 millones de dólares, y está colocada a un plazo medio de seis‑siete meses a un tipo de interés del 15% en un país cuya tasa de crecimiento económico no superará este año el 1 %. Su nueva moneda, el real, se derrumba y una combinación de malos datos económicos estructurales junto a un nuevo ataque especulativo de los mercados financieros internacionales pueden hacer que la Deuda brasileña explote. El único dato económico positivo es el presupuesto publico, que presenta un superávit primario, es decir, antes de pagar los intereses de la Deuda, del orden del 3% del PIB. Pero el nuevo futuro presidente ha avalado el pacto firmado por, Cardoso con el FMI, por el que Brasil se compromete a mantener un superávit primario del 3,75% hasta 2005. Es decir, que tendrá que mejorar su saldo presupuestario y para ello ingresar más por impuestos y reducir los gastos. Y eso producirá un gran descontento social en un país con 40 millones de pobres cuya suerte sólo puede mejorarse a corto plazo desde el gasto público, que es lo que esperan sus electores. Si no lo hace, se romperán muchas de las expectativas que su próxima elección habrá creado. Por otro lado, si no cumple con sus compromisos financierps, los mercados le castigaran aún más duramente de lo que lo han hecho durante la campaña electoral y le cortarán el grifo del dinero, reduciéndole a la situación de Argentina. Como esto sería la muerte súbita de su gobierno, tendrá que respetar el pacto con el FMI, y eso les deja un margen de maniobra muy reducido. Podría financiar un incremento del gasto social aumentando los ingresos fiscales mediante subidas de los impuestos directos que afecten a las rentas altas en uno de los, países mas desiguales del mundo. Pero para ello tendría que tener mayoría parlamentaria en el Congreso. Y todo parece indicar que el partido de Lula no la tendrá aunque mejore su situación en el Senado. El futuro presidente no podrá hacer votar las leyes que necesitaría para impulsar sus políticas. lo mismo le pasó en su día a Allende y más recientemente a lagos en Chile. Tendrá que pactar con otras formaciones de centro y de derecha, especialmente con el partido de Cardoso, con cuyo heredero político, J. Serra, se va a enfrentar en la segunda vuelta. Así, después de que el candidato Lula denunciase, con razón, el "terrorismo de los mercados." y amenazase con encarcelar a los especuladores, el presidente‑Lula tendrá que tomar rápidamente medidas que demuestren la capacidad de su Gobierno de controlar y estabilizar la economía. En todo caso, su elección significa una nueva esperanza para un país que ha vuelto a los niveles de 1993 en su PIB per cápita. Ha evitado una descomposición a la argentina, pero no ha superado los problemas del shock exterior de su economía desde 1997. Para hacerlo le hará falta que sus clases medias y altas se decidan a efectuar un fuerte proceso de inversión en las infraestructuras que el país necesita desesperadamente, sobre todo en educación, salud y vivienda, para combatir las insoportables desigualdades que le corroen. Por delante tiene el reto de cumplir su compromiso con políticas dirigidas a una inflación baja con estabilidad económica y crecimiento, fundamental para el cumplimiento de los compromisos económicos externos e internos, sin olvidar la lucha contra la miseria y la creación de empleo. De ser así habrá hecho posible un cambio de dimensiones históricas en Brasil. |