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| Nº 520 - 2 de septiembre de 2002 |
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Empieza el curso Hemos anticipado el nuevo curso político con un Pleno extraordinario del Congreso de los Diputados que marca una fecha histórica para la democracia española. Es la primera vez que el Parlamento inicia un procedimiento de ¡legalización de un partido político la expresión "ilegalizar un partido político" esta asociada en nuestro inconsciente colectivo a la época de la dictadura franquista. Pero ese reflejo no puede ser manipulado para tergiversar el sentido democrático de la proposición por la cual el Parlamento insta al Gobierno a que solicite al Tribunal Supremo la ilegalización de Batasuna. Por el contrario, no me parece razonable oponerse a la aplicación de la ley de Pártidos Políticos en nombre de la defensa de la libertad de expresión y del pluralismo político. La democracia española ha mantenido actitudes sumamente prudentes con el entorno político de ETA. Si hubiésemos actuado antes, y los socialistas en el Gobierno lo intentamos, quizá la serpiente se hubiese enroscado menos profundamente en la sociedad vasca. Pero habiendo perdido ya toda esperanza de que Batasuna pueda jugar un papel parecido al de Sinn Fein en Irlanda es el momento de ensayar otras soluciones. No puede ser eficaz perseguir policialmente a ETA dejando que sus colaboradores políticos operen en la legalidad que vulneran. Hay que apoyar, desde dentro del Partido Socialista, la firme actitud de J.L. Rodríguez Zapatero al propiciar la ¡legalización de Batasuna. No todo el mundo está de acuerdo con ella , pero soy de los que creen que no se podía tolerar más tiempo, por pura dignidad democrática, el comportamiento de Batasuna Lo ocurrido desde la entrada en vigor de la Ley de Partidos Políticos es suficiente para constatar que Batasuna es responsable de la creación de un clima de intimidación generalizada que limita o anula las condiciones indispensables para el ejercicio del pluralismo democrático. El propio PNV reconocía hace poco que Batasuna hace de la amenaza, la coacción y la agresión su norma de comportamiento. Los ciudadanos no pueden entender que los representantes legítimos de la mitad no nacionalista de la sociedad vasca sean perseguidos hasta la muerte mientras sus perseguidores y quienes les instigan y justifican siguen gozando de las ventajas del sistema democrático. ¿Cree de verdad el PNV como aventuró su portavoz desde la tribuna del Congreso, que la ¡legalización de Batasuna es un "entremes" que sirve de prólogo al "plato fuerte" que será la ¡legalización del PNV? Con esa clase de argumentos se trata de hacer creer que se quieren ¡legalizar las aspiraciones independentistas que existen en el País Vasco o Cataluña. No es así, como explicó con paciencia franciscana el portavoz socialista que tedió una vez más la mano abierta al nacionalismo democrático. Nadie pretende que esta medida sea la piedra filosofal que penmita acabar por arte de magia con terrorismo. Su aplicación traerá, sin duda, muchos problemas cuya vedad y solución dependerá de la dinámica social que se genere. Pero creo que era imprescindible para mantener la credibilidad social en el sistema de libertades y en las instituciones políticas. A algunos les repugna la intervención del Parlamento en el proceso de ¡legalización de un partido político. Creen que es una insana mezcla de los roles del legislativo, ejecutivo y judicial que atenta contra la división de poderes y a veces lo cuentan como si fuera realmente el Parlamento quien toma la decisión de ¡legalizar. Y no es así, eso sólo lo puede hacer, si lo estima adecuado, el poder judicial. Pero, ante un problema político de la magnitud que representa el terrorismo para la sociedad española, no me parece mal que sea el Parlamento y no sólo el Gobierno, elque tome iniciativas en defensa de la democracia. Y esa opinión debiera ser tan respetable como la contraria. El verano se acaba, si es que alguna vez lo hubo, y el curso politico empieza con otros importantes acontecimientos. La Cumbre de la Tierra en Johannesburgo y las elecciones alemanas de septiembre son los más importantes vistos desde la perspectiva de la arena del reloj que marca el ritmo de nuestro tiempo. De ellos hablaremos las próximas semanas. |