Hemeroteca Esta semana
Nº 667
24/10/2005

Salamanca rescata la esperanza

Por José María Benegas

La 15ªCumbre Iberoamericana celebrada en Salamanca creo que ha sido comparativamente un éxito en relación con los resultados que se venían obteniendo en los últimos encuentros de esta naturaleza. Se ha puesto de manifiesto que ha habido una preparación minuciosa de la reunión. Resaltaría tres aspectos: la autoridad del Rey sobre los líderes latinoamericanos en el manejo de la Cumbre, el compromiso de abordar con rigor y seriedad los problemas derivados de la inmigración, y la creación de la SGI (Secretaría General Iberoamericana) que con carácter permanente y con sede en Madrid velará por el cumplimiento de los acuerdos impulsando su des-arrollo práctico, al tiempo que prepara el contenido de las próximas Cumbres. Sin duda la creación de esta institución que además aspira a la obtención de un puesto de observador en la ONU supondrá un fortalecimiento del papel de las naciones iberoamericanas como colectivo y será un instrumento de actuaciones prácticas para colaborar en la resolución de los grandes problemas que aquejan a la región.

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Uno de los efectos del terrorismo al que se le ha dedicado menos atención es a sus consecuencias económicas desde el punto de vista del gasto público. Por ejemplo, EE UU dedica hoy 20.000 millones de dólares para subvenir los gastos ocasionados por las medidas antiterroristas, frente a los 180 millones de dólares que venía gastando en prevención de desastres naturales hasta que sucedió
la catástrofe de Nueva Orleans. En estos gastos no se incluyen los derivados de la guerra de Iraq producidos en este territorio. El desfase es tremendo. Así, hoy se sabe que un proyecto de modernización de los diques de Nueva Orleans fue rechazado por el Congreso en 2001 por su elevado coste. En este sentido el Boletín de Política Exterior se hace eco de que en un informe de la FEMA (Agencia Federal de Gestión de Emergencias) del año 2000 se había advertido de que las mayores catástrofes que podían suceder en EE UU eran "un ataque terrorista en Nueva York, un terremoto en San Francisco y un huracán en Nueva Orleans". Nuevamente se ha puesto de manifiesto la decadencia del Imperio, en esta ocasión por una clara negligencia que conduce a prioridades equivocadas en el gasto y falta de previsión después de ser advertidos del mal estado de los diques de Nueva Orleans.

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Sobre la tramitación en Cortes del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña se están haciendo muchas especulaciones, algunas sin fundamento, como aquella que supone que el PSOE no tiene los votos suficientes por sí mismo para cambiar o rechazar el Estatuto. La cuestión habría que plantearla de la siguiente manera: los partidos que presentan el proyecto de Estatuto necesitan el voto favorable del PSOE para que éste se apruebe en el Congreso de los Diputados. En caso contrario, (abstención o voto negativo) no habría Estatuto de Autonomía para Cataluña y el proyecto actualmente en trámite decaería. Este dato inexorable de la realidad de los votos llama a la necesidad del pacto y del acuerdo.
En otro orden de cosas, se invoca el amplio apoyo obtenido por el Estatuto en el Parlamento catalán, lo cual es cierto y encomiable, pero es de justicia señalar que, además, para que tenga legitimidad hace falta que no contravenga el ordenamiento jurídico vigente. Volvemos a la vieja polémica: una decisión democrática puede no ser legítima. Por ejemplo, supongamos que el Parlamento vasco decidiera por un 89% de los votos (porcentaje hoy imposible) que Euskadi es un Estado libremente asociado a España. Parece obvio que la decisión en este supuesto se habría adoptado democráticamente pero es ilegítima por cuanto la Constitución no permite el paso de una parte del territorio español a una nueva situación de libre asociación.

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Recientemente señalábamos en estas mismas páginas que vivíamos en un "mundo desbocado", según expresión acuñada por Ralf Darendoff. Adentrándonos en aproximaciones a la realidad que nos ha correspondido vivir Ulrich Back, catedrático de la London School of Economics en su conferencia sobre "El terrorismo y la guerra" hace referencia a la "sociedad de riesgo mundial". La universalización de la amenaza terrorista, la multiplicación de las catástrofes ecológicas, los fenómenos migratorios, el hambre, la pobreza y el sida nos sumergen en sociedades de riesgo no cuantificables. No caben respuestas unilaterales. Es preciso que el nuevo orden mundial que es necesario crear se asiente sobre la multilateralidad amplia sostenida por Estados vigilantes, solidarios y coordinados en sus actuaciones.

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