Hemeroteca Esta semana
Nº 624
15/11/2004

Faluya

Por José María Benegas

La lucha contra el terrorismo debe ser multidireccional y además de eficacia policial y coordinación cielos servicios de información supone también un combate por la primacía de determinados valores. La vida, los derechos humanos, la tolerancia, el respeto al adversario, la democracia, deben imponersea la intolerancia, la violencia, la utilización de la vida humana para generar terror. Desde esta perspectiva la respuesta a las acciones terroristas dehe ser democrática y limpia. La experiencia demuestra que cuando los terroristas tienen apoyo social no se deben generar ni nuevos héroes, ni más mártires, ni mas sentimientos de odio, ni más víctimas civiles, ni más muertos innecesarios. La respuesta tiene que se dura pero democrática y selectiva. Es preciso operar desde el principio de "precisión": cualquier acción debe afectar solo a los terroristas, no a los ciudadanos inocentes aunque vivan a veinte metros de aquéllos.

Todo lo contrario de lo que está haciendo Bush en Faluya. Se olvidan además de que una vez alcanzada la ocupación vuelven los bombarderos a sus bases y se queda sola la infantería. Y en este terreno desde Vietnam los americanos no han acumulado más que derrotas. ¿Cuánto más odio supondrá Faluya en la lucha contra el terrorismo?

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En el último Comité Federal del PSOE algunos dirigentes, entre ellos Pasqual Maragall, insislieron en que la Constitución de 1978 hace referencia en su articulado a las "nacionalidades históricas", lo cual es incorrecto e incierto. La Constitución no utiliza esa formulauión en ningún apartado. En la Disposiciém Transiloria Segunda se menciona a `los territorios que en el pasado hubieran plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto de autonomía "como condición para acceder al autogobierno por la vía establecida en el artículo 151 ". No podía ser de otra manera porque todas las nacionalidades, regiones, pueblos que componen España son históricos. Desde esta perspectiva todos tienen su historia con sus grandezas o sus medianías. Son los Estatutos de autonomía los que se adentran en esta niateria. Cuatro nacionalidades tiene España, según los estatutos. Se preguntarán, ¿cuál es la cuarta, además de Galicia, País Vasco y Cataluña? Es Andalucía. Contamos además con el Principado de Asturias, la Comunidad Foral de Navarra que se sustenta en derechos `originarios e históricos", el pueblo valenciano "históricamente organizado como Reino de Valencia". Son entidades regionales "histórÍcas" dentro del Estado español, según sus respectivos estatutos: Aragón, Baleares, Cantabria, Extremadura, Murcia y La Rioja. Sin grandes aspavientos históricos son simplemente comunidades autónomas: Castilla y León, Castilla-La Mancha, Canarias y Madrid. La cosmopolita Madrid, despojada de todo título, me parece más atractiva que cualquier mega-nacionalidad preguntándose todos los días por su identidad, o debatiéndose sobre si' su ser es el de región, nacional ¡dad, nación, estatus asociado, etc.

Deberíamos plantearnos el problema desde otra perspectiva. De una parte, es necesario actualizar y mejorar el funcionamiento del Estado de las autonomías y, de otra, España como Estado-nación tiene un problema de integración en un proyecto común con sectores de la población y organizaciones políticas del País Vasco y Cataluña, no en el resto de¡ país. ¿Cómo se aborda este problema sin abrir heridas, agravios comparativos o alentar viejos demonios? Esa es la reflexión pendiente. No la de las esencias.

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La principal responsabilidad de quienes vayan a sucedera Arafat será lograr que Hamas y Y¡had Islámica cesen en sus actividades terroristas para dar piso de modo definitivo a la Política con mayúsculas. Hubo una época en la que la OLP desplegó una actividad internacional y diplomática de gran envergadura e inteligencia que consiguió volcar a la opinión pública niundiala favor de su causa. Es el camino a seguir y el que dejará sin argumentos a Sharon y a sus partidarios. La 01-P ciebe, asimismo, recabar, pedir o exigir a la comunidad internacional que imponga las piezas maestras de un p¡in de paz para la zona. Es imposible que las partes alcancen un acuerdo por sí mismas. Este debe ser impuesto o al menos planteado con carácter conminatorio.

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La semana pasada aludí al discurso de Jean Daniel, director de Nouvelle Observateur con motivo de la entrega del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades como una pieza maestra. Traigo a colación lo que decía del terrorismo. "Hoy la vida, en Europa, es un valor que defendemos (...). España sabe lo que conviene hacer, y también no hacer, para luchar contra el terrorismo. No adoptar los valores del enemigo que se quiere combatir, no imitar sus medios so pretexto de que los fines son distintos, porque los medios son los que determinan los fines. Saber, en definitiva, que ninguna nación puede pretender encarnar por sí sola el bien, la virtud y lo universal. Dejémosle a Dios esa pretensión".

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