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ALIANZAS Por José María Benegas El presidente Zapatero ha propuesto en Naciones Unidas una alianza entre Occidente y el mundo árabe para combatir el terrorismo. El planteamiento me parece realmente interesante. El mundo árabe o el islam, como se prefiera, no es homogéneo ni en las formas de Estados, ni en el componente religioso de éste, ni en el grado de respeto a la democracia. Existen países árabes amigos, deseosos de colaborar con Occidente y de desmentir que el problema es el de un choque de civilizaciones. El mundo occidental debe extremar al máximo las relaciones con estos países, cuidarlos con esmero y convertirlos en aliados en la lucha contra el terrorismo para esgrimir ante el fundamentalismo islámico que las relaciones de amistad, cooperación y entendimiento pueden ser mucho más beneficiosas que las M en frentamiento basado en el agranda miento de las relaciones de odio y del "rencor global". Se trata de establecer "zonas de confianza" que produzcan descompresión, disminución de la tensión y reducción de las tendencias extremistas. Vistas las caricterísticas del nuevo terrorismo mundial no es complicado llegar a la conclusión de que uno de los elementos de que se nutre y le sirve de movilización es el odio hacia el mundo occidental. Todo lo que contribuya a generar este tipo de sentimiento debe ser radicalmente descartado. *** Dos formaciones políticas están a punto de cometer un error que desde mi punto de vista tendrá gran repercusión sobre su futura proyección política en relación con el voto a la Constitución Europea se trata del Partido Socialista Francés y de Convergencia de Cataluña. En el primer caso la cuestión puede dividir profundamente al socialismo galo. No existen razones de peso para poder pensar que partidos que aspiran a gobernar puedan situarse al margen de lo que será inexorablemente el futuro de Europa, además de la realización de¡ sueño de aquellos europeístas que han sostenido en diferentes momentos la necesidad de una Constitución Europea, entre los que se cuentan destacados dirigentes de las formaciones políticas mencionadas como Miterrand o Jordi Pujol. ¿Será posible que estos partidos políticos se sitúen cerca de la m rginalidad política o de la despreocupación de los que saben que no van a gobernar y se pueden refugiar en la demagogia? *** Produce verdadero estremecimiento comprobar una vez más la mediocridad de los líderes políticos norteamericanos que salen a la palestra en las campañas electorales como posibles futuros presidentes del mperio. Porque el problema es precisamente éste: si la mediocridad se quedara en casa nos produciría tristeza. Pero en este caso la mediocridad está llamada a regir los destinos del mundo y nos produce verdadero pavor. ¿Es posible que el pr imer país del mundo produzca unos líderes políticos de un nivel intelectual en muchos supuestos deplorable y en otros preocupante por su falta de información y de conocimiento sobre las áreas del mundo que pretenden sean zonas de su influencia o por la manera simplista por ejemplo de enfocar la lucha contra el terrorismo internacional? Sí, es posible, y la mediocridad es parte de los dramas que vivimos en la hora presente. Los nacionalistas, en este caso me refiero a algunos dirigentes vascos, tienen una tendencia a hacer afirmaciones de principios que se parecen más a sentencias inapelables, sin pensar que los de enfrente las pueden aceptar y hacerlas suyas. Por ejemplo, cuando Egibar dice: "La soberanía no se reclama, sino que se ejerce", es una frase que pueden poner en práctica otros poderes públicos que no sean vascos. Cuándo aceptaremos que si no respetamos las reglas del juego el campo de la política se puede convertir en una jungla de decisiones arbitrarias que sólo puede conducir a fracturas sociales que después son difíciles de restañar. *** Parece ser que el llamado plan Ibarretxe no será aprobado ni siquiera en el Parlamento Vasco. Es decir, el órgano constitucional democrático de mayor representatividad de Euskadi va a rechazar el plan Ibarretxe. Ni siquiera va a llegar a las Cortes Generales. En una democracia la derrota de un presidente del Gobierno en el tema en el que ha centrado todo su proyecto político a lo largo de cuatro años supondría una dimisión inmediata y probablemente el relevo como candidato futuro por parte de su partido. Lo que plantea lbarreche es el enfrentamiento entre el Parlamento y el pueblo vasco puesto que apela a éste para que rectifique la decisión soberana de aquel. ¿No sería más sencillo iniciar la reforma del Estatuto de Gernika, como van a hacer los catalanes, respetando al menos las reglas del juego procedim ntales? Con Ibarretxe parece que no es posible. |