Hemeroteca Esta semana
Nº 616
20/9/2004

TRIVIALIDADES Y ESENCIAS

 

Por José María Benegas

Parece que toda la campaña para conservar el inquilinato de la Casa Blanca se centra en cuestionar las acciones de Kerry en la guerra de Vietnam Simultáneamente, en medio de la sequera informativa del verano español la oposición centraba sus críticas al gobierno de Rodríguez Zapatero por el reportaje, efectuado por la revista Vogue a las ocho ministras (la mitad del gabinete), posando en las puertas del La Moncloa.

El terrorismo internacional, el encarecimiento del petroleo, la desprotección social y sanitaria, el escandaloso aumento de, la población penal y el desastre continuado de la ocupación militar de Irak, al parecer, no son temas que merezcan la preocupación de los manipuladores del electorado. Se prefiere hurgar en los detalles del itinerario del buque de Kerry en los ríos de Vietnam, en una guerra equivocada, terminada humillantemente mediante la escapada en helicóptero por la azotea de la embajada

En lugar de tratar la racional reestructuración territorial de España, paliar la carestía escandalosa de la vivienda, encajar eficazmente la creciente inmigración, cuidar a la población envejecida y hacer más competitivas a las empresas españolas, la oposición al gobierno español no tiene mejor ocupación que ensañarse, en aras de un hipócrita feminismo, en ocho mujeres por sentirse modelos por unas horas. Se les recrimina hacer una pausa, ponerse unos atuendos austeros y elegantes, y recordarle al resto de la sociedad machista española que no han dejado de ser mujeres por la magia de ser ministras.

No se sabe bien qué resulta más lastimoso, si la obsesión norteamericana por regresar suicidamente a la aventura de Vietnam, o la tenacidad de la oposición española por no reconocer la derrota en las elecciones del pasado marzo. El primer fenómeno revela un preocupante complejo de identidad de los Estados Unidos. El caso español descubre una lectura errónea de la naturaleza del cambio sustancial operado en la sociedad y el verdadero papel de la mujer. Resulta evidente la intención de evitar los problemas cruciales del presente, con la consiguiente huida hacia atrás y la mitificada reconstrucción de un mundo desaparecido.

La tenacidad con que en los Estados Unidos se manipula la tragedia deVietnam reafirma el trauma permanente sufrido por la pérdida de su inocencia política. Vietnam, que costó la vida a más de 50.000 jóvenes, borró implacablemente la gloria de haber liberado a Europa y eliminar el peligro del expansionismo japonés.

Pero la psique norteamericana se resiste a hacer desaparecer la aureola patriótica de una guerra equivocada, que dividió a la sociedad quizá más que la contienda civil del siglo XIX. De ahí que se aferre a reconstruir el mito heroico de los que sirvieron en ella. Se esquiva de esa forma la vergonzosa aventura de Iraq. Comparativamente, equivocada o no, la guerra de Vietnam puede mostrar multitud de casos de camaradería, valentía y lealtad, borradas en la pesadilla de las prisiones de Iraq y el surrealismo legal de experimentos como Guantánamo.

La campaña orquestada por feministas y protectores de los derechos de los animales produce estupefacción. Se puede criticar el gusto de las ministras en elegir algunos de los modelos. Pero se entierra en la polémica el perfecto derecho de unas mujeres a seguir siéndolo, sin que el cargo de ministras imprima un carácter negativo de dejar de ser femeninas, convertirse en unas burócratas aburridas, constantemente repitiendo el vocabulario entre legalista y mediático, cuando no gramaticalmente atroz, a que nos tienen acostumbrados sus colegas masculinos.

Las críticas contra las ministras socialdemócratas parecen abogar por la expansión de las actividades de la mujer más allá del relajamiento de posar para una revista de modas. La alternativa para ser la obsesión (cuando no la presión de sus sociedades) de numerosas féminas del planeta por imitar a los hombres en las peores facetas de agresividad, violencia y sadismo que la evidencia muestra ser consustanciales de los varones. En lugar de posar unas horas para Vogue, se les invita a que, en aras de la dudosa igualdad, se conviertan en guardas de seguridad y torturadoras de prisioneros, cuando no en asesinas por negligencia. Quizá por ese motivo se intenta enmascarar la depresión producida por Vietnam, con su mitificación.

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