Nº 672 - 28 de noviembre de 2005
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Después de la admisión a trámite el pasado 2 de noviembre de la propuesta de reforma del Estatuto de Cataluña por parte del Congreso de los Diputados, parece oportuno retomar el discurso al hilo del debate que tuvo lugar y de los posicionamientos de las distintas fuerzas políticas durante el mismo y en los días posteriores. Si empezamos por el PP, su actitud ya anuncia que va a ser difícil traerle a una discusión matizada y mucho menos llegar a acuerdos concretos sobre los principales puntos de discusión, por más que sería muy deseable. El PP se ha instalado en un discurso apocalíptico, cree que por fin ha encontrado el tema que lo devolverá al poder, y mientras las encuestas o las elecciones no digan claramente que se ha equivocado de estrategia, no la van a cambiar. La manifestación convocada para el 3 de diciembre es buena muestra de ello.

Más incógnitas plantea la actitud de CiU. Para algunos el acuerdo ya alcanzado hace muy difícil un des-acuerdo en Madrid, siempre que el Estatuto resultante no rebaje sustancialmente la propuesta y mejore lo existente. Otros, sin embargo, estiman que CiU ha obtenido las tablas de la ley para seguir reivindicando durante años después de un fracaso y por lo tanto no estarían tan interesados en la aprobación de un Estatuto descafeinado. Sin tomar de momento partido por una u otra posición, la clave sería entonces definir qué es sustancial en la propuesta o, dicho de otra manera, ¿qué puede hacer que se rompa por parte de CiU? En mi opinión, siendo muy importantes los temas de modificación de leyes orgánicas, blindaje de competencias, definición de los mismos,justicia y otros, no serán, sin embargo, fundamentales en esa decisión. ¿Qué puede entonces ser clave? En mi opinión, la nación y/o la financiación. Es decir, el reconocimiento de la "potente identidad catalana" y la "mejora de la financiación actualmente existente".

Respecto al primer punto, va ser difícil. Por muchas fórmulas que se pongan encima de la mesa para evitar el término nación. Comprendiendo la carga simbólica de las pa-labras, creo que si no se consigue un punto de encuentro mejor, sería posible recuperar en última instancia la fórmula de unir en un mismo enunciado los dos apartados del artículo 1: "Cataluña es una nación que ejerce su autogobierno mediante instituciones propias, constituida como Comunidad Autónoma de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto".

Respecto a la financiación, el problema es especificar más la colaboración, el tipo de consorcio que secree entre la Agencia Tributaria de Cataluña y la Agencia Estatal. O referirlo a una regulación posterior dejando indicados los principios. Algo similar resulta respecto a los impuestos. Quizás el acuerdo sea más posible si se fijan principios de financiación dejando la concreción posterior de cuáles se añaden a los cedidos y en qué medida (capacidad normativa o no) a una negociación multilateral primero y bilateral después.

Volvamos de nuevo a la decisión política: si empecé por CiU no es porque el resto de formaciones carezca de importancia. Al contrario, la firmeza del tripartito será básica para llegar a un acuerdo con el PSOE del que no se pueda desmarcar CiU. Estoy convencido, a pesar de las palabras de Maragall sobre el rechazo a la "mutilación" del Estatut, que el PSC mantendrá esa firmeza en torno a un acuerdo necesario y conveniente con el PSOE. Un poco menos respecto a Iniciativa, aunque la posición de IU —algo menos entusiasta respecto a algunos aspectos del Estatuto— puede ayudar. Y no lo tengo tan claro respecto a ERC, no me refiero a guiños ocasionales, sino a la decisión "en el último momento". Algunas veces, quizás demasiadas, Esquerra ha cedido por miedo a aparecer como menos "nacionalista radical" que CiU. ¿Predominaría esta visión o la del "proyecto estratégico de izquierdas" para Cataluña y para toda España? La solución, después de Navidades.

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