Nº 670 - 14 de noviembre de 2005
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"¿Le molesta a Vd. esa gentuza? Pues vamos
a acabar con ella"

Esta es la frase que pronunció el ministro del Interior francés, Nicolás Sarkozy, refiriéndose a un grupo de jóvenes que participaban en altercados callejeros dirigiéndose a un vecino del barrio de la periferia parisina donde efectuaba una visita para –se supone– publicitar sus opiniones para acabar con la ola de disturbios que empezaba asolar a Francia. Pues bien: a partir de tan matizada frase, la cólera de las bandas callejeras fue en aumento de forma espectacular, los conflictos se ex-tendieron a muchas ciudades de Francia –inicialmente se concentraban en el distrito de Sena San Denis– y, para colmo, hasta adquirieron connotaciones políticas exigiendo la dimisión de Sarkozy. Como bien ha dicho José María Ridao, cuando los políticos se comportan como matones, los matones juegan a hacer política.
Parece claro que Chirac hubiera forzado la dimisión de Sarkozy... si no fuera porque es el presidente de su partido y a que son conocidas las tensas relaciones entre ambos. Aun así, el posible lanzamiento de la candidatura del primer ministro, DeVillepin, parece un claro intento de la derecha moderada francesa por frenar la deriva de toda la derecha hacia posiciones de mano dura, con el riesgo de que esa política solo favorezca a la extrema derecha de Le Pen. Por cierto: eso es lo que sucedió cuando los medios de comunicación controlados por la derecha empezaron a difundir alarmistas noticias de sucesos –ni la centésima parte de graves de los actuales– para debilitar la candidatura del entonces primer ministrosocialista Jospin. Resultado: que Le Pen fue quien pasó a la segunda vuelta frente a Chirac.

Pues bien, frente a esa política puede haber otra. Una política que sin descuidar los aspectos de seguridad tenga en cuenta los derechos humanos y también los derechos sociales que forman parte del modelo europeo que debemos defender. Más ayudas sociales para los barrios en dificultades, más fondos para las asociaciones que promueven la integración, más fondos para empleos juveniles. Y además, como ha hecho Manuel Valls (alcalde socialista de Evry), un mensaje de esperanza para los jóvenes, especialmente para aquellos que sufren no sólo la discriminación social, sino también la discriminación racial, a pesar de haber nacido en Francia y ser en algunos casos de tercera generación.

Mensajes de esperanza para los derechos humanos, son los que vienen de Gran Bretaña; el Parlamento británico se opuso a la pretensión del Blair de elevar la detención preventiva a noventa días, dejándolo en máximo de veintiocho. Y lo ha hecjp por la rebelión de una parte de los diputados de la izquierda laborista.

O, también, la noticia de qu€ Parlamento Europeo analiza la m cia sobre cárceles secretas de EE l en países europeos. O el creciente clamor contra la barbarie de Guantánamo. O los fracasos políticos Bush: los republicanos pierden el gobierno de Virginia y Nueva Jersey. O el fracaso de los referendos promovidos por el populista Schwarzenegger en California.

Para terminar, ¿podríamos sumarnos a esa actitud vigilante sobre derechos humanos interesándonos por la muerte del militante saharaui-polisario Lembarek Hamdi Salek Mahjoub? Este joven fue detenido por fuerzas de la policía marroqui el día 29 cuando participaba en una manifestación pacífica.

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