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El
Estatuto catalan: respuesta a Julio Rodríguez
Justo
antes del verano, Alfonso Guerra hizo unas declaraciones en las que criticaba
lo que se conocía del Estatuto catalán, señalando
múltiples motivos de inconstitucional¡dad. Preguntado por
un periodista, dije que me parecían afirmaciones algo precipitadas.
Sin entrar en el fondo del asunto, me parecía oportuno esperar
(y quizás más del presidente de la Comisión Constitucional)
a que hubiera madurado más el posible (ahora quizás algo
más improbable) acuerdo de las fuerzas políticas catalanas.
Julio Rodríguez, a quien admiro desde hace años por sus
opiniones en temas de política económica, me envió
un mail criticando mis declaraciones y apoyando las de Guerra.
Terminaba diciendo que, a veces, es preciso ponerse trágico para
evitar una tragedia, ironizando sobre la proximidad de Izquierda Socialista
a ideas nacionalistas.
He dejado pasar un tiempo y creo, aun a riesgo de caer en lo que critiqué
(precipitación) que es oportuno exponer algunas ideas. Para empezar,
me parece ocioso aclarar que no simpatizo con posiciones nacionalistas,
sino con un federalismo que, sin embargo, es complejo establecer en nuestro
país por diversas razones.
La primera cuestión sería el término nación.
Pues bien, la formulación del Anselmo Carretero de España
como "nación de naciones" me parece una buena descripción,
y creo que puede ser válida si no les damos la razón a los
nacionalistas que quieren que a toda nación co esponcla un Estado.
La nación global-España sería también un Estado
de corte federal. Englobaría regiones y
nacionalidades (fórmula constitucional) o regiones y naciones,
es decir, no hagamos unívoco el término nación, como
no lo hacen la mayor parte de los politólogos para situaciones
similares a la nuestra.
La principal objeción a esta definición de Cataluña
como nación suele ser que esto sería una percha para posteriores
exigencias o para actuales exigencias. Respecto a lo primero, va a haber
ese tipo de reivindicación con o sin definición como nación,
pues es objetivo claro de los independentistas. Y, respecto a lo segundo,
creo que está más vinculado con el tema de los "cIerechos
históricos" que con la propia definición. Está
claro que la apelación a los "derechos históricos"
tiene una base cuando se habla de derecho civil, lengua, policía
autonómica, y es algo muy distinto si se pretende basar en ellos
la gestión de los aeropuertos o una forma concreta de financiación.
En definitiva, desde un punto de vista de izquierdas, para entrar en materia,
no me parece que se deba centrar el problema en la definición nacional
de Cataluña, sino mucho más, en el segundo gran aspecto:
la financiación. De cómo se resuelva esto sí que
depende si hay privilegios o no, si hay bilateralísmo excesivo
o no, si se deja al Estado sin margen para defender aspectos sustanciales
en cuanto a la cohesión y a la solidaridad.
Respecto a este tema y para seguir moviéndonos en términos
generales, hay que señalar un problema previo muy importante: la
Constitución ya establece un elemento de asimetría muy importante
respecto al País Vasco y Navarra. Creo que podemos
convenir que la generalización de un sistema similar al Cupo pondría
en cuestión la posibilidad del mantenimiento de la cohesión
y solidaridad de que hablamos más arriba. Ahora bien, ¿es
éste un argumento válido frente a Maragall para mantener
el statu quo?
¿Podemos decir simplemente "mire usted, lo de ellos está
en la Constitución y lo de Cataluña, no"? No parece
razonable. Mucho más correcto parece buscar fórmulas de
aproximación de los dos sistemas, fórmulas constitucionales
que permitan mantener la solidaridad y las funciones de mantenimiento
de cohesión y solidaridad del Estado. Difícil, pero no imposible.
Pues bien, más allá de las dificultades actuales: conseguir
no ya ese Estado federal, sino encauzar el problema territorial en su
conjunto, permitiría dedicar muchísimas energías
a los temas fundamentales para un socialista: un mayor bienestar socioeconómico,
la ayuda al desarrollo, la construcción europea, etc., etc. Para
ello, sería importantísimo que el Estatuto catalán
saliera bien. Mandaría un mensaje muy importante a las fuerzas
políticas vascas sobre el método de conseguir acuerdos.
Y, en general, actuaría como catalizador para otros acuerdos y
estatutos.
El socialismo, la izquierda, debe ser compatible con la diferencia pero
no con el privilegio. Y como decía Azaña: "La dotación
de la Hacienda de las regiones autónomas no puede representar nunca
un privilegio". Y también relativa al problema político
que planteaba Cataluña: %o sé si es difícil o fácil.
Pero nuestro deber es resolverlo, sea difícil, sea fácil"
Continuará.
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