Nº 654 - 20 de junio de 2005
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Europa: el debate de la izquierda

Es casi un lugar común que cualquier política de la izquierda en el futuro tendrá como dimensión el ámbito europeo. Es decir, se hará partiendo de Europa y no es posible en un solo país, o, en todo caso, cada vez más difícil.

Pues bien, esto queda claramente más comprometido por la situación actual. Se ha hablado mucho de¡ no francés y holandés y está claro que esto, en el mejor de los casos, dificultará y retrasará la construcción europea. Si se mantiene la cerrazón inglesa sobre el cheque británico y/o se retrasa la aprobación de las perspectivas financieras 2007/2013 también será muy perjudicial. Pero el aspecto que me interesa subrayar tiene que ver con la identidad de la izquierda misma, con su razón de ser, con el debate de fondo sobre su proyecto y muy especialmente su proyecto europeo y socioeconómico.

Me centraré en dos países esenciales, Francia y Alemania. Hay algo en común en ambos en cuanto al debate que se avecina: en ambos éste parece desencadenarse a partir de una recomposición del panorama de la izquierda. En Alemania, Oskar Lafontaine se va del SPD y se declara dispuesto a encabezar una coalición junto con el PDS (ex comunistas). En Francia, Laurent Fabius también parece dispuesto a encabezar una candidatura presidencia] con parte del Partido Socialista Francés, el Partido Comunista Francés e incluso la LCR (trotskistas). Siendo bastante difícil que logre la candidatura oficial del PSF, esto sólo podría hacerse desde fuera de él, de ahí la similitud con el caso alemán.

El problema no es el debate en sí, siempre necesario y en esta ocasión, ineludible. El riesgo, en mi opinión, es que se produzca a la izquierda de los partidos socialistas y no en la izquierda de los mismos y en conjunto de ellos. Esto significa un grave riesgo de nueva división para el conjunto de la izquierda después de años de perspectivas más unitarias y al mismo tiempo otro peligro añadido: la posibilidad aumentada de derrotas electorales (más probable en Alemania, pero mucho más frustrante en Francia después del éxito de las regionales) con la consecuencia de falta de impulso para el proyecto europeo, para la redefinición del proyecto socioeconómico de izquierdas y con la única perspectiva, nada agradable, de una renacionalización de las políticas y una dispersión del debate en muchos pequeños debates de bajo nivel, muy marcados por el personalismo y sin contenido real.

¿Y el PSOE? No deberíamos en ningún caso estar ausentes del debate, ni pensar que estar en el poder nos excluye del mismo, sino lo contrario. Tampoco deberíamos dejar que las muchas energías, quizá demasiadas, que consume el debate territorial tapen todo lo demás. En qué términos debe formularse este debate en nuestro país debería ser objeto de un próximo artículo. Continuará.

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