Nº 652 - 6 de junio de 2005
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La difícil gestión del 'no'

El no francés ha provocado una crisis de muy difícil salida a corto plazo. Mas allá de las contradictorias razones de sus defensores, el problema es la dificultad de salir de esta situación con un nuevo impulso. Supongamos la mejor de las hipótesis: se produce un amplio acuerdo en Francia para intentar alguna salida que implique un mayor contenido social en algunas de las materias mas controvertidas (algo así como una interpretación progresista de la Constitución). Siendo esto ya difícil, ¿por qué iban a estar dispuestos a aceptarlo Gran Bretaña, Polonia y otros? A unos ya les parece demasiado el texto constitucional y a otros les parece mejor Niza para gestionar sus intereses. El 'No' les da la coartada perfecta.

Pero, además, curiosamente todo sucede como si este 'No' de Izquierdas rápidamente pasara página de su teórico objetivo de 'Otra Europa es Posible'. Todo, o casi todo, lo que se oye está en clave de política interior. Lo estaba ya en la propia campaña del referéndum, pero ahora mucho mas descarnadamente.

En este contexto el panorama se presenta difícil. En primer lugar, para cualquier nuevo impulso que vaya mas allá de la retórica. Esta acción tendrá que contar, claro está, con Francia y Alemania. Aunque las elecciones en Francia aún están lejanas (2007, salvo convocatoria anticipada) la posición de Chirac está tremendamente debilitada y con él la de su nuevo primer ministro, De Villepin. En Alemania el proceso electoral es inminente y ningún impulso proeuropeo puede esperarse antes de las elecciones.

En segundo lugar, y también muy importante, no parece que en este contexto haya muchas posibilidades de llegar a un acuerdo sobre las perspectivas financieras 2007-2013, al menos no en el Consejo de Bruselas de 16/17 de junio. El problema es que el tiempo corre en contra de España, y es que por efecto estadístico (teniendo en cuenta nuestro diferencial de crecimiento), habrá mas regiones con dificultad para obtener fondos a partir M año que viene. Y, además, porque la próxima Presidencia del Consejo corresponde al Reino Unido, poco favorable a nuestros intereses de 'aterrizaje suave' en cuanto a la obtención de fondos de cohesión.

En esta situación, ninguna salida positiva parece fácil. José Luis Rodríguez Zapatero ha demostrado que no pierde los nervios con facilidad y, desde luego, el panorama europeo va a necesitar de esta capacidad en el futuro. También del esfuerzo de todos para tejer alianzas, buscar soluciones o, al menos, nuevos impulsos para la construcción europea. No se puede tirar el proyecto por la borda, pero tampoco seguir como si no hubiera pasado nada. Noviembre 2006 es una fecha demasiado lejana para retrasar la formulación de posiciones hasta el momento previsto por la famosa declaración relativa a la ratificación del Tratado que establece que si, transcurrido un plazo de dos años desde la firma, las cuatro quintas partes de los estados miembros lo han ratificado y uno o varios estados miembros han encontrado dificultades para proceder a dicha ratificación, el Congreso Europeo examinará la cuestión. Demasiado tarde, salvo que se pretenda un examen post mortem. Algo habrá que intentar para que otra Europa sea posible, partiendo de la Europa realmente existente.

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