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Por qué ir a votar el día 13 de junio
La relevancia de estas elecciones reside en que culminan un largo camino de 2,5 años de elecciones directas en la senda de la politización de la construcción europea y en el reconocimiento de plenos poderes parlamentarios al Parlamento Europeo. Así, la historia del Parlamento, representante directo de la ciudadanía europea, es la historia de la lucha contra el déficit democrático de la Unión Europea. El desarrollo actual de la misma en que está a punto de aprobarse la primera Constitución de una organización política transnacional, no puede entenderse sin el rol impulsor del Parlamento Europeo. Sin Parlamento Europeo no habría Constitución, y posiblemente tampoco Europa política. Entre las razones para ir a votar la que más cuenta es que el Parlamento de 2004 será el que más poderes tenga de la historia europea: por primera vez con posibilidad de incidir y decidir la política europea de la Unión de los 25 y 27. Ese Parlamento será colegislador de un 80%, de la legislación europea gracias al procedimiento de codecisión, lo que tiene gran importancia para los 450 millones de europeos de a pie. Es necesario tener en cuenta el dato que nunca se dice de que más del 70% de la legislación aprobada anualmente que le afecta al ciudadano español se adopta en el nivel europeo. De ahí la importancia de incidir en el mismo. Los últimos tiempos han sido testigos del ejercicio de su poder por parte del Parlamento Europeo: así, recientemente se ha rechazado -e impedido adoptar- dos medidas legislativas ya aprobadas por el Consejo que se juzgaban como demasiado `liberales". Por otra parte, ha impulsado junto con la Comisión legislación avanzada en ámbitos sociales como el acoso en el trabajo, la indemnización a los pasajeros aéreos, el derecho de autor, la protección del agua o la puesta en marcha del Protocolo de Kioto. Este Parlamento de 2004 tendrá más poder que nunca sobre el Ejecutivo, ya que se aplicarán las re~ glas de Niza de coparticipación con el Consejo Europeo en la elección del presidente de la Comisión. Presidente que, por su parte, contará también con una importante autonomía en el nombramiento del resto de los comisarios. La coelección del presidente de la Comisión abre la puerta a la politización de la Comisión ya que existe el compromiso político de que el próximo salga de las filas de la formación política más votada en las elecciones europeas. Las razones para ir a votar estriban en que el Parlamento ha logrado muchas cosas en estos 25 años de elección directa: una Constitución, la reconciliación de las dos Europas y la democratización del sistema europeo. El Parlamento que salga de las urnas en junio tendrá más poderes pero también más responsabilidades que sus cinco antecesores. Con su posibilidad de inyectar opciones políticas en la política europea, habrá de ofrecer soluciones a los desafíos que plantea la Unión Europea de los 25 o 27, en un entorno internacional convulso y exigente. El ciudadano tiene el control sobre este proceso: su voto en las europeas es tan importante como en las nacionales para decidir qué políticas se quieren y, en última instancia, qué Europa se desea construir.
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