Nº 553
28/4/2003
Guerra y reconstrucción

Después de casi un, mes de terminada oficialmente la guerra en Iraq continúan el desorden, el caos y el quebrantamiento del sistema. Se da una situación de ocupación que no garantiza ni la seguridad ni el orden público. Llama la atención la crueldad del sufrimiento de las víctimas, continuando todavia la peligrosidad de la guerra, explotando las bombas de racimo diseminadas así como otro tipo de armamento. El dolor de la guerra no se ha acabado: por mala que fuera la situación, la invasión ha truncado la vida social y humana y la sociedad civil, por imperfecta que ésta fuera, llegándose al extremo de que los médicos se contratan de vigilantes y conductores. Todo lo contrario de la búsqueda de la libertad y la consolidación de la paz, difícil que se pueda hacer con misiles .

La consecuencia de todo esto es la visualización de que la estrategia de "conmoción y pavor" puede servir para ganar una guerra, pero es la manera de hacer imposible la paz. Ha llamado la atención la brutalidad de las intervenciones hacia los bandidos y asaltantes, en que muestran aún una crueldad innecesaria al mes de terminar los combates. Se percibe que no hay ningún principio de gobierno, nadie que garantice los abastecimientos mínimos de agua y luz a la población.

La idea de la liberación de un pueblo oprimido se contrapone a la oposición masiva en varias ciudades en numerosas manifestaciones contra la ocupación norteamericana. Es llamativo que enemigos tradicionales, como los chiftas y sunitas, se hayan unido para reberlarse contra la ocupación. No ha funcionado la estrategia de guerra de liberación sino que se percibe una oposición total por parte de la sociedad. Igualmente no terminan de aparecer los responsables del régimen cuando parecía que serian detenidos desde los primeros días; las detenciones se suceden con cuentagotas, estando muy lejos de haber localizado al mayor número de los responsables del régimen.

A cerca de un mes desde la ocupación estadounidense y británica se muestra que no han aparecido ni las armas de destrucción masiva -ni se han hecho uso de ellas durante el conflicto-, ni terroristas escondidos por el régimen ni los tiranos opresores. De los tres objetivos que se había planteado la operación, ni uno sólo parece haber sido cumplido. Por otra parte, hay que condenar la ocupación no sólo por la enorme cantidad de sufrimiento a los iraquíes sino también por los ataques directos a los medios de comunicación y por haber resultado incapaz un ejército civilizado de custodiar el patrimonio cultural, como es su obligación, que ha sido saqueado y destruido.

La tensión internacional tampoco ha disminuido sino que se ha vuelto más profunda a través de las amenazas norteamericanas a Siria e Irán. Esta estrategia del Gobierno norteamericano de buscarse enemigos en el exterior parece que va a mantenerse por lo menos otro año y medio, ya que es- el requisito para que la Administración Bush logre ganar las próximas elecciones.

La guerra se ha concebido y defendido desde una lógica basada en el interés nacional estadounidense, y ha resultado el caos, y eso que todavía no pueden evaluarse todas las consecuencias de una estrategia de reconstrucción concebida también desde el interés nacional y el beneficio de determinadas empresas afines al Gobierno de Bush. La Unión Europea el día 16 de abril aprobaba una Declaración de la Presidencia sobre la reconstrucción en Iraq, reconstrucción en la que los europeos están dispuestos a participar y financiar, pero siempre que no sea definida desde el interés de la potencia invasora sino desde el respeto hacia el pueblo iraquí y su voluntad, en el seno de marcos multilaterales y partiendo de una concepción de la política de responsabilidad europea.*

*Catedrático de Relaciones internacionales, Cátedra Jean Monnet Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología Universidad Complutense de Madrid

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