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Una refundación no neutra de la Unión Europea Frecuentemente se mantiene que la Unión Europea enfrenta una crisis profunda, ya que no se encuentra preparada para recibir a los nuevos Estados miembros que ingresarán próximamente y que, incluso, se encontraría replanteándose su razón de ser, objetivos y organización interna. Por el contrario, la Unión Europea se encuentra en una fase, ‑difícil si se quiere pero también fructífera‑, de crecimiento, hasta englobar a trece nuevos Estados, y de mutación, de una Comunidad económica a una Unión política regida por una Constitución. En este momento, los dos debates tradicionales ‑y a menudo contrapuestos en la construcción europea, ampliación y profundización, caminan en paralelo. El Consejo Europeo que se reunió en Copenhague los pasados días 12 y 13 de diciembre cerró la primera oleada de la ampliación al concluir las negociaciones de adhesión con diez Estados de Europa Central y Oriental: Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia; Lituania, Malta, Polonia y República Checa. Estos, tras la firma de los Tratados de adhesión en Atenas el próximo 16 de abril, se convertirán en miembros de pleno derecho el 1 de mayo de 2004, a tiempo para participar en las elecciones al Parlamento Europeo de junio de 2004. Queda pendiente, no obstante, la cuestión de Chipre, al no haberse alcanzado aún un acuerdo de reunificación entre la parte Norte de la isla ‑turcochipriota‑ y la Sur ‑grecochipriota‑ sobre la base de la propuesta de¡ Secretario General de Naciones Unidas. El Consejo Europeo ha dado un plazo máximo hasta el 28 de febrero de 2003 para que se negocie la reunificación, que en caso de no lograrse, supondría que sólo accedería a la Unión la parte Sur. Igualmente en Copenhague se ratificó el objetivo de que Bulgaria y Rumanía ingresen en 2007 y de revisar la idoneidad de Turquía para iniciar las negociaciones de adhesión en diciembre de 2004. Por otra parte, desde marzo pasado la Convención europea, ‑órgano democrático que reúne a representantes de la Unión y de los Estados miembros‑, viene trabajando en la elaboración de una Constitución de la Unión Europea, labor trascendental que supone la profundización en la senda federal. Al día de hoy encara la fase decisiva de sus trabajos, que habrán de finalizar en junio próximo, habiendo alcanzado ya importantes consensos en torno a cuestiones esenciales de modelo, que permiten anticipar el éxito del método convencional. En 2002 se termina de aplicar la agenda política europea rubricada con el Tratado de Maastricht en 1992, con la puesta en circulación del euro y la conclusión de las negociaciones de adhesión con diez Estados candidatos, ocho de los cuales pertenecientes a la antigua órbita soviética. En el mismo año la Unión se encuentra definiendo una nueva agenda política a través del debate de un modelo constitucional de futuro, con el objetivo de crear una entidad política capaz de desempeñar un papel en la gestión de la globalización. Ambos aspectos, la unión de las dos Europas y la profundización en la vía federal, permiten calificar la actual etapa política de refundación de la construcción europea, dado que suponen una superación del modelo anterior. El modelo de la Unión Europea se extiende hasta convertirse en el modelo europeo y se constitucionaliza para crear la primera democracia transnacional del mundo con la misión de proponerse como fórmula de gobernabilidad mundial. *Decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología Universidad Complutense de Madrid |