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| Nº 610 - 5 de julio de 2004 |
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Agua
para todos Estos del PP se encuentran sufriendo una interesante metamorfosis porque, después de tanto abominar de las pancarlas, ahora se les ve aferrados a ellas. Ese fue al menos el espectáculo que ofrecieron el martes 30 de junio en el Pleno del Congreso de los Diputados, cuando de los bancos de los populares surgieron 48 pancartas iguales con la inscripción "Agua para todos" para acompañar la intervención de la ministra socialista de Medio Ambiente, Cristina Narbona, encargada de defender la convalidación del decreto-ley que modifica el Plan Hidrológico y deroga el trasvase del Ebro. Las fotografías permiten diferenciar dos sectores en la bancada pepera, por estratos sucesivos. En los inferiores, atribuidos a los diputados con mayor peso en el grupo, las pancartas aparecen colgadas de los pupitres mientras que en los de más arriba, reservados para el grueso de la tropa, las pancartas aparecen agarradas de los extremos por los pirlamentarios puestos en pie. Es decir, una vez más los dirigentes adoptan actitudes más calmadas mientras que en los de a pie prende la exaltación mediante la cual se trata de hacer méritos. Ante semejante espectáculo en el hemiciclo, el portavoz de izquierda Verde, Joan Herrera, se dirigió a las señorías del PP y les saludo diciéndoles aquello de "bienvenidos a la cultura de la pancarta". 0 sea, qué poco dura la alegría en casa del pobre y las buenas maneras parlamentarias cuando algunos son desplazados del Gobierno a la oposición. ¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma y más aún el refundador del PP que nos vigila desde su despacho de presidente de la FAES? Esta referencia al todavía presidente del partido José María Aznar viene a cuento porque es difícil imaginar que si estuviera sentado al frente del actual grupo parlamentario hubiéramos tenido tarde de pancartas. El secretario general y candidato a presidente para el Congreso de octubre, Maríano Rajoy, una de dos, o preparó el espectáculo o lo consintió y ninguna de las dos alternativas le deja en buen lugar. La primera porque reflejaría una peligrosa propensión a la falta de modales, la segunda porque daría a entender una clara falta de liderazgo. Recomienda Joseph Roth en La filial del infierno en la tierra, que acaba de aparecer en ediciones El Acantilado, el uso de la palabra como única arma. Señala que se trata de un arma potente, peligrosa, incluso mágica, pero que no es ni punzante ni directa. Y, desde luego esa recomendación resulta de especial y ajustada aplicación a los parlamentarios. Claro que al principio, como nuestro autor subraya, fue la palabra, no la frase hecha. la cuestión sobre la que deberían meditar los parlamentarios populares reside, si seguimos las instrucciones de Roth, en que contra todas las apariencias, hay más fatalidad en la época que en el lugar de nacimiento, porque ninguna ciudad, Comunidad Autónoma o nación da a sus hijos tantos rasgos específicos y comunes como una época a los suyos. Así que los diputados, huérfanos de Aznar deberían interiorizar el advenimiento de una nueva época, la de la privación del poder, durante la cual sus esfuerzos habrían de dirigirse a sumar merecimientos para recuperar el crédito de los electores para invertir el resultado de las urnas cuando vuelvan a convocarse comicios generales. Y por el lado de las broncas no way out. |