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Huelga
en TVE
Por
sus huelgas los conoceréis. Después del espectáculo
de manipulación sectaria y abyecta que han venido proporcionando
en los ocho años anteriores de gobierno aznarista TVE y Radio Nacional
sin que los 11.000 empelados hayan dado un ruido de protesta, salvo algún
manifiesto de última hora suscrito por un porcentaje tan escaso
como significativo, ha bastado el pronunciamiento en un periódico
del secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ángel Fernández
Ordóñez, a favor de la privatización parcial de TVE
para que los sindicatos del Ente amenazaran inmediatamente con el fuego
del infierno y la convocatoria de una huelga.
0 sea, que aquí lo que ofende a los empleados es vislumbrar la
pérdida de su condición de empleados públicos con
la consiguiente reducción al estado laical y la exclusión
de los privilegios exclusivos de duración indefinida atesorados
con tan admirable tenacidad. Esa situación de los empleados de
RTVE, que han ido adquiriendo en sucesivas negociaciones en pago a docilidades
sin réplica, que es equiparable a la obtenida mediante oposición
por los funcionarios públicos, que les hace inamovibles y que les
permite pasillear en holganza indefinida, lo que ni siquiera ha servido
para hacerles resistentes al abuso, frente al que han preferido comportarse
como colaboradores permanentes.
Dicho lo anterior, enseguida, primero por hacer justicia y en todo caso
por elemental aspiración a la supervivencia, debe abrirse una excepción
capaz de abarcar a cuantos cumplen de manera ejemplar con sus deberes,
que suelen coincidir con los escalones de inferior retribución
y mayor precariedad laboral. A continuación hay que impugnar la
actitud de los partidos que se han sucedido en la oposición, los
cuales invariablemente han denunciado la manipulación que tan adversa
les resultaba mientras exculpaban de semejante proceder a la totalidad
de la plantilla.
Porque, señores de la sucesiva oposición, ¿cabe explicar
la manipulación, por ejemplo de Urdaci o de María Antonia
Iglesias, sin una amplísima colaboración de activos manipuladores
y sin el silencio interesado de otros muchos más? Además,
¿es que alguno de los periodistas desde el año 1978 en adelante
ha invocado la claúsula de conciencia que les protege según
el artículo 20 apartado d) de la Constitución Española
y que es directamente aplicable?
Otra cosa es el contenido de las manifestaciones del señor secretario
de Estado de Hacienda, Miguel Ángel Fernández Ordóñez,
en funciones de francotirador mostrándose a favor de la privatización
parcial de ese monstruo capaz de acumular una deuda que ya es bimillonaria
medida en la unidad de cuenta de las antiguas pesetas. Habría primero
que dibujar un modelo y unos objetivos y comprobar qué queda de
aquella proclamación del Estatuto adoptado por Ley 4/1980 según
la cual la televisión se concebía "como vehículo
esencial de información y participación política
de los ciudadanos, de formación de la opinión pública,
de cooperación con el sistema educativo, de difusión de
la cultura española y de sus nacionalidades y regiones, así
como medio capital para contribuir a que la libertad y la igualdad sean
reales y efectivas, con especial atención a la protección
de los marginados y a la no discriminación de la mujer". Después
podría privatizarse una parte de TVE a condición de que
los canales privados se atuvieran a los preceptos de la Ley 10/1988 según
la cual son "meros gestores del servicio público".
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