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Aznar,
el partido del odio y Bush
La
última advertencia que nos dirige Ánsar, el que fuera presidente
del Gobierno, con un libro bajo el brazo es para prevenirnos contra el
partido del odio que al parecer se está formando en España
con la suma de todos aquellos empeñados en negarle el culto de
adhesión al que se sentía acreedor. Resulta fantástico
observar cómo el máximo sembrador de odio de los últimos
treinta años se entrega en público a estos juegos de prestidigitación
dialéctica para culpabilizar a los demás con el resultado
de las propias acciones.
El caso es que el ex presidente Aznar -80 millones de las antiguas pesetas
de adelanto en su contrato con el editor Lara- acaba de deponer en un
volumen dedicado a sus ocho años de Gobierno escrito, en la mejor
tradición de la negritud (para cuándo la reedición
de aquella obra magistral de Luis María Anson), por su historiador
de cabecera José María Marco. La celeridad con la que el
libro se ha perpetrado viene a confirmar aquello de que la historia, como
la tierra, para quien la trabaja o la escribe. Bien lo sabía mosén
Xirinachs, del que recuerdo cómo iba siempre acompañado
a todas partes de un asistente encargado de actualizar en tiempo real
su biografía.
Los tiempos adelantan y el progreso se cumple pero casi siempre con el
recurso a la especialización aunque en ocasiones, como se temía
Ortega, pueda devolvernos a la barbarie. Antes apenas bastaba para dar
cuenta de una vida con el director espiritual, al que se hacía
figurar en las esquelas del diario Abc como garantía de haber recibido
en el lecho de muerte los Santos Sacramentos, mientras que ahora desde
que damos nuestros primeros pasos precisamos por lo menos de un personal
training, un asesor fiscal, un estilista, un filólogo y un historiador
de cabecera.
La obsesión durante estos ocho años aznaristas por rescribir
la historia, de forma que el pasado se convierta en un ariete capaz de
justificar su acceso al poder y de propulsar su continuidad en el mismo,
ha sido descarada hasta llegar a extremos como la consagración
de Pío Moa, eximio colaborador del comisario Conesa infiltrado
en el GRAPO, entre las figuras del toreo de esa disciplina junto a Menéndez
Pidal.
El hecho es que para presentar el libro de marras han vuelto a reunirse
el pasado lunes día 3 los excombatientes de elite del aznarismo,
convocados todavía bajo el shock de la derrota para corear las
consignas de ocasión, proferir los gritos de rigor y tributar los
aplausos del encono, esta vez en el recinto rehabilitado de la Arganzuela.
Buen momento para que Jose -con su permanente bigote de compañia
y aliento al presidente Bush- clamara contra la ingratitud de quienes
fueron liberados dos veces por los americanos.
Enorme confusión, porque la lealtad se distingue de la sumisión
y discrepar del aliado puede ser la mejor manera de ayudarle. Además
de que nuestros, ahora tan queridos, norteamericanos lejos de liberar
a los españoles de Franco le atornillaron en el poder con los acuerdos
sobre las bases, además de que nos impidieron el uso de los aviones
cedidos por ellos cuando tanta falta nos hacían en el conflicto
de lfni, de que dieron el visto bueno a la Marcha Verde de Hassan II para
sacarnos del Sahara y de que todavía tienen pendiente aportar explicaciones
por lo del Maine. Otra cosa es que nuestra alianza en la OTAN y en la
lucha antiterrorista sea indestructible, sin que por ello debamos renunciara¡
principio enunciado por Aznar según el cual contra el terrorismo
no hay atajos, ni Guantánamos, ni tribunales militares.
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