Nº 601 - 3 de mayo de 2004
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Anson salvado por la campana


La Comunidad Autónoma de Cantabria ha regalado al Príncipe de Asturías por su boda una campana de tamaño catedrabcio. Nada de campanilla para llamar al servicio desde la mesa del comedor. El presidente cántabro se ha estirado enviando un auténtico campanazo de fundición, en la mejor tradición de las ferrerías de antaño. Pues parece que uno de esos toques de campana, un gong que se dice en el argot de¡ boxeo, como muy bien sabe Eduardo Arroyo, habría salvado de la aniquilación al diario La Razón fundado por el príncipe de los periodistas, el incombustible Luis María Anson.
En una de sus columnas amparadas por el título genérico de "Canela fina" Anson da cuenta de la persecución encarnizada a la que fue sometido por el Partido Popular y su Gobierno, empeñados en el cierre de ese nuevo diario que nacía para dar expresión a un poderoso venero de la opinión pública. El mismo que venía siguiendo con devoción al ABC auténtico, que ahora se habría desvirtuado tras su absorción por el grupo Vocento. Aquel ABC del que decía el inolvidable Francisco Cerecedo que venía tan rico en abeceína.

Así que Anson, del que algún desorientado hubiera podido pensar que competía codo a codo con El mundo de Jota Pedro para mejor parecer al Gobierno; Anson, que escribía las zalemas más diestras a José María Aznar, a Ana Botella, a Juan Villalonga, a su esposa Adriana, a Gustavo Cisneros, a José Manuel Lara o a quien pudiera ser susceptible de prestar contribuciones útiles a sus propósitos editoriales; Anson, que mejoraba la definición trazada por Ramón Pérez de Ayala de su coetáneo el inspector de alcantarillas Ernesto Jiménez Caballero, cuyo afán consistía en instalarse en el ciego del hombre poderoso para halagarle el recto con caricias inéditas; Anson ha estado padeciendo persecución por la justicia y se considera un bienaventurado con la victoria electoral del Partido Socialista.

Celebremos todos que, en el último momento, le haya salvado la campana de las urnas y que se haya evitado así la consumación de una amenaza que hubiera mermado gravemente el pluralismo de la opinión pública y la libertad de expresión. Celebremos que puedan seguir adelante secciones tan leídas como las caras de la noticia, verdadero sistema de extorsión manejado al alimón con el ubicuo Rafanson, al que tantos y tan destacados personajes de la vida española se someten de manera tan gustosa. Celebremos que tenga nuevas oportunidades el portadista especializado en plasmar insidias de encargo.

Celebremos que las páginas del colega puedan mostrar un gozo indescriptible por la supuesta denegación del apoyo americano al repliegue de las tropas españolas en Iraq. Celebremos la maestría en lanzar la insidia y reprobarla al mismo tiempo como si hubiera aparecido en la abominada competencia. Celebremos las ingles celestes, la palabra albriciada, el fruto sano que se zocatea enseguida si no se le separa a tiempo del que está cedizo y lamentemos la situación de aquellos a los que nos se les embravece el bálano ni ante las mismas huríes de[ profeta, por decirlo en los términos que merecieron su elección como académico de número de la Lengua. Que Anson se vea libre de las asechanzas que ha padecido es un gran alivio para todos.

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