Nº 595 - 22 de marzo de 2004
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Clarificacion sancionadora


Lo decía Arturo Soria y Espinosa: frente a la asimilación tergiversadora, la clarificación sancionadora. Veníamos de la saturación de la mentira y otra vez ha sonado el clamor del basta ya en las urnas. Habíamos advertido del empleo de dosis letales de manipulación y al final se ha provocado el vómito colectivo en las urnas del domingo 14 de marzo. Los expertos del cinismo habían calculado el grosor del blindaje para quedar a salvo de la verdad, pero ha saltado por los aires.

Bajo la inercia mental nada ha funcionado. Como en los conflictos bélicos, hay que rehuir a los estrategas que se empeñan en repetir la guerra precedente. Los británicos recelaban del carro de combate porque restaba vistosidad a las cargas de caballería mientras los alemanes preparaban las divisiones panzer que manejó Guderian. De nada sirvieron las previsoras anticipaciones de Liddel Hart porque los estados mayores eran adictos a la equitación.

Los veteranos del PP confiaban en su capacidad de control para contener el río informativo que se desbordaba. Cuando entonces, cuando reinaba Carolo, daba gusto podía inipedirse sin más la entrada de la prensa extranjera en España y las ernisoras internacionales quedaban interferidas con toda facilidad. Ahora estos recursos están descartados y además nuevos sistemas basados en las modernas tecnologías dejan la información fuera del alcance de las censuras clásicas. Ahí está Internet y los mensajes a través de los teléfonos móviles para probarlo.

La manipulación informativa estaba acreditada como un arma de destrucción masiva, pero era insensato fiarlo todo a su omnipotencia, porque además los puntos de fuga horadaban la antigua eficacia. El caso de Mario Conde, al que de nada sirvieron a la hora de la verdad aquellos medios de comunicación que había adquirido para su defensa, debería haberles prevenido sobre la inutilidad de los esfuerzos manipuladores en casos límite. Tampoco la manipulación como arma ofensiva se había probado siempre irresistible, y la operación destinada a aniquilar a Jesús de Polanco lo había confirmado.

Pero frente a estas experiencias fallidas se aducía siempre el ejemplo Berlusconi como prueba en contrario. Claro que la función de Berlusconi aún no ha concluido, y convendría recordar, como asegura el titulo de libro de nuestro hispanista preferido, Geofrey Parker, que "el éxito nunca es definitivo". También las soluciones químicas alcanzan su grado de saturación y está bien averiguado que la ingestión de las sustancias más inocuas se transforma en venenosa a partir de determinadas dosis.

Cómo habrá sido la cosa cuando redacciones adiestradas durante muchas décadas en la sumisión han estallado en denuncias, por ejemplo, en los informativos de Televisión Española y en la Agencia Efe. Enseguida sabremos también los conflictos abiertos por quienes se resistieron a las directrices sectarias de Jota Pedro en el diario El Mundo y de Federico Jiménez Losantos en la Cadena COPE, propiedad de la Conferencia Episcopal que preside el cardenal Rouco. La Asociación de la Prensa de Madrid ha sido emplazada y deberá pronunciarse sin ambigüedades, mientras los restos del sindicato del crimen y de la prebenda se apresuran a declarar a Polanco culpable del desahucio inminente para el que no estaban preparados. Atentos.

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