Nº 593 - 8 de marzo de 2004
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En el ecuador de la campaña

La campaña para las elecciones del 14 de marzo empezó con un 30% de indecisos y, en esa situación, pasar de la intención directa de voto registrada en las encuestas a la asignación de escaños sólo puede hacerse mediante proyecciones arriesgadas, que llaman la cocina, siempre cargada de intención a favor del cliente. Es decir, que con un 30% de indecisos, la campaña electoral tiene margen para desempeñar una función significativa. Así las cosas, cuando estamos ya en el ecuador, convienen algunas reflexiones:

1 ".- Dicen los expertos cuando hablan sobre la publicidad exterior en las campañas, que su papel como factor de convicción es del todo irrelevante, que en realidad su despliegue es un peaje necesirio a pagar sólo porque su ausencia afligiría a los propios militantes y desconsolaría a los afines más incondicionales. Concedido lo anterior, conviene comparar los carteles colgados en las farolas y los de gran formato de las dos primeras formaciones políticas, PP y PSOE. De ese contraste salta a la vista el aire antiguo de los carteles elegidos por los populares a base de esas fotografías de medio cuerpo que en nada favorecen a gentes vencidas por la curva de la felicidad apenas disimulada con el recurso a corbatas carentes de todo interés. Ni Rajoy ni Rato con maquillajes y retoques, ni los fondos azules, ni las desalentadas gaviotas parecen atravesar su momento más atractivo. A los socialistas, por mucho que se abomine el ZP, deben reconocérseles aciertos de diseño. La preferencia por el primer plano de losé Luis Rodríguez Zapatero aporta un aire de modernidad, de cercanía y la combinación más bien minimalista del rojo y el blanco parece conseguida.

2º.- Parece que en las cuñas radiofónicas el PSOE ha sabido valerse de algunos cortes del adversario tomados de sus momentos más bajos a los que Zapatero replica con dureza, concisión y eficacia. Los spots de televisión, por lo que cuentan los espectadores, también presentan ventaja comparativa de los socialistas al menos en el diseño abstracto.

3º.- En cuanto al cuerpo a cuerpo de cada uno de los candidatos con sus respectivos electores, se echa enseguida de ver que Mariano Rajoy es antimultitudinario, Como diría el Guti, no está suelto de body. Ni en el paseíllo, ni en los saludos, ni en la subida al estrado, ni en las alocuciones a cuya lectura se aferra en exceso. Rajoy viene vacunado de exageraciones y de exasperaciones y es refractario a interaccionar con el público siempre deseoso de que se propine caña al adversario, El circuito de Rajoy es de radio más corto. Domina la racionalidad de los encuentros reducidos, lo que él mismo ha llamado el sistema de hotel. José Luis Rodríguez Zapatero, por el contrario, se crece ante las grandes audiencias. Se deja jalear, disfruta con los baños de multitud, busca el respaldo a sus afirmaciones, empieza a mejorar el movimiento de manos y brazos. Ha ido ganando, se ha ido templando, por días después de unos comienzos muy insuficientes.

4º.- Dadas las posiciones de salida, resultan incomprensibles las restricciones impuestas por los asesores de campana a Mariano Rajoy. Tienen un candidato bregado, que lleva en política más de 20 años, que ha sido concejal, presidente de Diputación, conselleiro de la Xunta con Fraga, ministro de Administraciones Públicas, de Educación, de interior, de Presidencia, Portavoz, vicepresidente del Gobierno y deciden encerrarle en el cuarto oscuro, impedirle que salga a saludar a las visitas y aislarle de los periodistas con los que demostrado un savoire faire excepcional. ¿Se nos puede decir quién ha calculado que le perjudicaría un debate a dos con Zapatero?.

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