En
el ecuador de la campaña
La
campaña para las elecciones del 14 de marzo empezó con
un 30% de indecisos y, en esa situación, pasar de la intención
directa de voto registrada en las encuestas a la asignación de
escaños sólo puede hacerse mediante proyecciones arriesgadas,
que llaman la cocina, siempre cargada de intención a favor
del cliente. Es decir, que con un 30% de indecisos, la campaña
electoral tiene margen para desempeñar una función significativa.
Así las cosas, cuando estamos ya en el ecuador, convienen algunas
reflexiones:
1 ".- Dicen los expertos cuando hablan sobre la publicidad exterior
en las campañas, que su papel como factor de convicción
es del todo irrelevante, que en realidad su despliegue es un peaje necesirio
a pagar sólo porque su ausencia afligiría a los propios
militantes y desconsolaría a los afines más incondicionales.
Concedido lo anterior, conviene comparar los carteles colgados en las
farolas y los de gran formato de las dos primeras formaciones políticas,
PP y PSOE. De ese contraste salta a la vista el aire antiguo de los
carteles elegidos por los populares a base de esas fotografías
de medio cuerpo que en nada favorecen a gentes vencidas por la curva
de la felicidad apenas disimulada con el recurso a corbatas carentes
de todo interés. Ni Rajoy ni Rato con maquillajes y retoques,
ni los fondos azules, ni las desalentadas gaviotas parecen atravesar
su momento más atractivo. A los socialistas, por mucho que se
abomine el ZP, deben reconocérseles aciertos de diseño.
La preferencia por el primer plano de losé Luis Rodríguez
Zapatero aporta un aire de modernidad, de cercanía y la combinación
más bien minimalista del rojo y el blanco parece conseguida.
2º.- Parece que en las cuñas radiofónicas el PSOE
ha sabido valerse de algunos cortes del adversario tomados de
sus momentos más bajos a los que Zapatero replica con dureza,
concisión y eficacia. Los spots de televisión, por lo
que cuentan los espectadores, también presentan ventaja comparativa
de los socialistas al menos en el diseño abstracto.
3º.- En cuanto al cuerpo a cuerpo de cada uno de los candidatos
con sus respectivos electores, se echa enseguida de ver que Mariano
Rajoy es antimultitudinario, Como diría el Guti, no está
suelto de body. Ni en el paseíllo, ni en los saludos,
ni en la subida al estrado, ni en las alocuciones a cuya lectura se
aferra en exceso. Rajoy viene vacunado de exageraciones y de exasperaciones
y es refractario a interaccionar con el público siempre deseoso
de que se propine caña al adversario, El circuito de Rajoy es
de radio más corto. Domina la racionalidad de los encuentros
reducidos, lo que él mismo ha llamado el sistema de hotel.
José Luis Rodríguez Zapatero, por el contrario, se crece
ante las grandes audiencias. Se deja jalear, disfruta con los baños
de multitud, busca el respaldo a sus afirmaciones, empieza a mejorar
el movimiento de manos y brazos. Ha ido ganando, se ha ido templando,
por días después de unos comienzos muy insuficientes.
4º.- Dadas las posiciones de salida, resultan incomprensibles las
restricciones impuestas por los asesores de campana a Mariano Rajoy.
Tienen un candidato bregado, que lleva en política más
de 20 años, que ha sido concejal, presidente de Diputación,
conselleiro de la Xunta con Fraga, ministro de Administraciones
Públicas, de Educación, de interior, de Presidencia, Portavoz,
vicepresidente del Gobierno y deciden encerrarle en el cuarto oscuro,
impedirle que salga a saludar a las visitas y aislarle de los periodistas
con los que demostrado un savoire faire excepcional. ¿Se
nos puede decir quién ha calculado que le perjudicaría
un debate a dos con Zapatero?.