Nº 590 - 16 de febrero de 2004
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Educación electoral

La ciencia es para los que aprenden; la poesía, para los que saben", según asegura Joseph Roux en sus Meditaciones de un párroco. Pero todavía seguimos ignorando para quien son las elecciones a partir del comportamiento del candidato del Partido Popular, Mariano Rajoy, en esta precampaña ardiente de los comicios legislativos del próximo 14 de marzo. Todo parece acompasado al decálogo que para estas ocasiones enunció el citado Rajoy el 27 de febrero de 2003 en la 1 jornada de Periodismo recogido en el volumen Periodismo en campaña. En resumen, reza así:

Primero, la campaña sólo es decisiva cuando los competidores parten en condiciones de igualdad.

Segundo, las elecciones son un acto de confianza que resulta de una trayectoria a lo largo del tiempo.

Tercero, es el partido que está en el poder el que normalmente pierde o gana las elecciones porque las posibilidades de la oposición son muy limitadas.

Cuarto, las campañas adquieren mayor importancia cuando se instala la duda, entonces pueden servir para reafirmar o perder posiciones,

Quinto, los partidos contendientes deben transmitir al conjunto de los electores la convicción de que su voto es útil, ya sea para ganar o al menos para decidir.

Sexto, cuando un partido comparece como Gobierno, si confía en sus propias fuerzas debe formular propuestas acordes con las realizaciones anteriores que refuercen su credibilidad e ignorara la oposición. Pero si quien está en el Gobierno e siente vulnerable debe emplearse a fondo en la crítica más dura al contrincante, haciendo oposición a la oposición.

Séptimo, cuando un partido comparece en la oposición debe incidir con sus propuestas en las áreas donde tenga más credibilidad y hacer la crítica de la acción de Gobierno sin la cual es muy difícil que acceda a desempeñarlo, pero dando con el tono y la finura adecuadas para evitar molestias innecesarias al conjunto de los ciudadanos.

Octavo, la clave de la campaña es la elección del campo de juego, del temario a tratar, de manera que se centre en los aciertos y objetivos y se aleje de los fracasos y desastres propios.

Noveno, la publicidad exterior sólo sirve para dar moral a los propios militantes, los mitines se hacen para la televisión pero reclaman un porcentaje de afirmaciones en absoluto razonables que es mejor evitar mediante el sistema de hotel con 40 personas de corbata en un ambiente que descarta el grito tan desagradable cuando se escucha en el cuarto de estar.

Décimo, en campaña la clave es la información sobre todo de las cadenas televisivas, mientras que la ofrecida por las emisoras de radiofónicas y por los diarios, aunque afecta mucho al fondo de confianza, actúa a más largo plazo y en el tiempo de una campaña tiene incidencia mucho menor.

Mariano Rajoy en ese mismo foro, cuando todavía Aznar seguía sin designar sucesor, se declaró partidario de los debates por TV, aclaró que los únicos debates válidos son a dos, pero reconoció que los candidatos hacen debates cuando creen que les favorecerán e intentan evitarlos en caso contrario. Partíamos, pues, hace un año de una elegante ecuación electoral, pero hemos llegado de De Broglie al descubrir que la radiación y la materia tienen dos caras: muestran la faceta corpuscular en sus interacciones y la faceta ondulatoria en su propagación. Acabáramos.

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