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| Nº 559 - 9 de junio de 2003 |
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'Iso
é lo que hai'
En Coruña han dedicado una calle al periodista Luis Pita, cuando se cumplen seis años de su muerte. Emocionaba comprobar cómo querían al colega, la huella de su ejemplo, en las antípodas del vedetismo y de los aprovechatéguis que se brindan como modelo nefasto para las nuevas generaciones. Escasean las figuras de este porte, es como si se hubieran acabado los gitanos que iban por el monte solos y los periodistas a lo Luis Pita o a lo Indro Montanelli, quien ya nos tenía advertidos sobre la sospecha suscitada por los colegas de prosperidad económica tan excesiva como sobrevenida. En estos días en que todos hemos estado estos días vibrando de emulación profesional y de tristeza con las muertes en Iraq de Julio A. Párrado y de José Couso y que llenos de indignación hemos reclamado el esclarecimiento y las responsabilidades a que haya lugar, es también oportuno prestar atención hacia otras peligrosidades tanto mayores cuanto más cercanas, las que acarrea sin desplazamiento alguno el ejercicio del periodismo local lo misma da en Coruña, que en Zamora, en Valencia o en Madrid. Contaban quienes fueron sus compañeros en Faro de Vigo, en El Correo Gallego, en El Ideal Gallego, en La Voz de Galicia y en Radio Nacional de España el admirable proceder profesional de Luis Pita. Casi 300 personas que llenaban el salón de actos del Forum Metropolitano de Coruña atestiguaban el reconocimiento que le siguen profesando sus conciudadanos, un reconociendo inmune a la erosión de¡ tiempo transcurrido. Allí se mencionó su aventura editorial en la revista Man Común, el libro Galicia: realídade económica e conflicto social, para el que consiguió la financiación de un banco cuidadoso después en evitar su difusión y también la biografía escrita al alimón con Primitivo Carbajo bajo el título Paco Vázquez, apegada dun príncipe. Pero antes, Manuel Rivas había recordado, por ejemplo, aquella investigación periodística de Luis Pita, publicada en forma de serial en 1975, que logró dar con el dueño de un perro agresor, quien en vez de auxiliar a la víctima prefirió esfumarse para intentar preservar su anonimato y quedar en la irresponsabilidad. Se trataba de¡ jefe de Policía que al final hubo de ser cesado con grave quebranto de aquel sacrosanto principio de autoridad de¡ franquismo. Decía también Manuel Rivas que la crítica de Luis Pita se edíficaba sobre el rigor de los datos, el contraste de las fuentes, que procuraba dar voz a los sin voz y mantener una dosis de distancia irónica y recordaba expresiones suyas como esa de que "a todo Napoleón le llega su waterpolo" y su constante preocupación por "ver qué futuro íbamos a dejarles a nuestros antepasados". Por eso dicen que Luis Pita repetía aquello de machiño, ¡so é o que ha¡ ("macho, eso es lo que hay") una expresión mediante la que parecía confesar un resignado fatalismo mientras que enmascaraba la más decidida obstinación por el esclarecimiento de los abusos, el más decidido compromiso con los intereses generales de la ciudad sin achantarse fuera de todo exhibicionismo frente a tantas y tan poderosas voracidades, siempre, como sabemos, atentas para la comprar de voluntades y la retribución de sílencios, Como explica Milan Kundera a Philip Roth en el libro El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras: "el sueño del paraíso, tan pronto como se pone en marcha hacía su realización, empieza a tropezar con personas que le estorban, y los regidores del paraíso no tienen más remedio que edificar un pequeño gulag al costado del Eden". Ahí quisieron encerrar más de una vez a Luis Pita por aguafiestas. |