Nº 542 - 10 de febrero de 2003

¿Valen enmiendas?

En una inolvidable lección de europeísmo, de esas que crean afición, el presidente del Gobierno, José María Aznar, se ha estrenado como columnista del Wall Street Journal con un texto arropado con las firmas de otros ocho colegas más. A saber, cinco primeros ministros de países miembros de la UE, de un conjunto de Quince: España, Reino Unido, Italia, Dinamarca y Portugal y otros cuatro de los paises candidatos República Checa, Polonia, Hungría y Eslovaquia, que forman el grupo de Visegrado, del total de doce aspirantes iniciales a la adhesión en 2004.

Admiremos aquí en Aznar uno de esos comportamientos que definen a un líder auténtico, capaz de desafiar la opinión pública en lugar de seguir la senda errónea por mucho que sea mayoritaria. Un líder que opta por la moral de la convicción y se la juega a cuerpo limpio sin atenerse a los cálculos electoralistas vencidos por la pendiente del más grosero populismo. Es el mejor Aznar el que encabezó aquella oposición enraizada en el sentido del Estado y de la responsabilidad.

El mismo que no se permitió un sólo gesto de más cuando tan fácil le hubiera sido en momentos en que el Gobierno del Partido Socialista zozobraba. El que jamás utilizó en provecho propio los avatares de la lucha antiterrorista y cerró filas por encima de las discrepancias por legítimas que fueran. El que apostó siempre por la estabilidad institucional aunque otros juegos hubieran podido favorecerle acercándole al poder. El que escribió contra la Constitución de 1978 y propugnó la abstención en el referéndum al que fue sometida, el que prefirió también la abstención predicada por Manuel Fraga en la difícil consulta sobre la permanencia de España en la Alianza Atlántica. El que lanzó el lema de ¡váyase, señor González! cuando hubiera podido reclamar tiempo. El que indultó al prevaricador Javier Gómez de Liaño desafiando al todopoderoso Polanco. El que habiendo podido encumbrar a otro cualquiera se acordó de Juan Vilialonga, su compañero de pupitre en el Colegio del Pilar.

Es el Aznar al que no le tembló la voz para aceptar la petición del Wall Street Journal, ni el pulso para atender la llamada del amigo Silvio Berlusconi y emprender la operación de Op-ed diplomacy redactando el texto inicial de apoyo a Bush, ni tampoco para modificarlo después, una vez que algunos de los preseleccionados como firmantes objetaron determinados adornos dialécticos, conforme explicaba en su edición del lunes día 3 el influyente diario praguense Lidove Noviny. Por sus páginas hemos sabido que el lunes 27 de enero hubo una primera versión bajo el título ¿Qué hacer con Irak? transformado después en Europa y América deben permanecer unidas. Los cambios fueron pedidos por los húngaros y supusieron también la eliminación de una frase de grave reproche a "aquellos que socavan la cohesión de la comunidad internacional en Europa", en clara alusión a Francia y Alemania, y les acusaba de "incrementar el riesgo de conflicto". Aznar intenta desplazar a Blair en las preferencias de Bush. Quiere ser Mambrú en el momento de irse a la guerra.

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