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| Nº 528 - 28 de octubre de 2002 |
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Zapatero sube a la red Era el Pleno del Congreso de los Diputados y se abría el debate sobre el Proyecto de ley de los Presupuestos Generales del Estado. En el restaurante La Ancha frontero al Palacio de San Jerónimo los parlamentarios agrupados en mesas diferentes según sus colores políticos daban cuenta apresurada de un frugal almuerzo y se preparaban para una tarde de somnolencia hinchada de cifras indigestas. En el exterior, aparcados, los vehículos oficiales de color negro, gran cilindrada y costoso blindaje anunciaban presencias ministeriales. Los pasillos registraban la animación de la inminencia. En la tribuna de Prensa media entrada con los funcionarios del Grupo Popular repartiendo un cuidado resumen de la intervención que iniciaba el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro. Cansina lectura de un puñado de folios escritos para eludir la cuestión de fondo, la de la inverosimilitud. De pronto la menuda figura del profesor Montoro quiere animarse con una excursión a los futuribles dedicada a relatar los males infernales que hubiéramos padecido en el caso de que los socialistas hubieran estado en el Gobierno. Luego, regreso apresurado para dar un repaso exhausto a todos los renglones sin evitar Ceuta, Melilla, las Chafarinas, el Peñón de Alhucemas y la isla de Alborán, único lugar donde el Estado tiene competencias plenas sin haber transferido ninguna. Final con aplausos desvaídos rayando en la descortesía de los bancos gubernamentales. La presidenta, Luisa Fernanda Rudi, da las gracias al ministro y anuncia que por el Grupo Páriamentario Socialista tiene la palabra don Jordi Sevilla, que sale de su escaño y desciende por la grada para sortear a los taquígrafos y acceder a la tribuna de oradores. Pero entonces retrocede y se incorpora de su asiento el lider de la oposición, José Luis Rodríguez Zapa tero, al que da la palabra la presidenta en medio de una cerrada ovación de los suyos y del desconcierto de los populares. Había que ver en ese momento la cara de José María Aznar, que era un poema de desolación. Tantas semanas retando a su oponente y denigrándole por rehusar el debate de los Presupuestos y ahora por sorpresa se lo encontraba delante, sin haber tenido tiempo de abandonar el hemiciclo. El factor sorpresa había dado un vuelco a la sesión y Zapatero además acusaba al presidente y al ministro de Hacienda por la falta de credibilidad y de transparencia. Invocaba Zapatero la autoridad del gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, que había juzgado irreales las previsiones de los Presupuestos, la del Centro de Investigaciones Sociológicas, cuyos sondeos reflejaban la opinión mayoritaria sobre el crecimiento de la presión fiscal sobre los desfavorecidos y del fraude fiscal de los poderosos, y la del fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, quien en su memoria apuntaba un millón más de delitos, faltas y diligencias ganados en los últimos cinco años de Gobierno aznarista. Enseguida, referencias justas al incumplimiento de la oficina presupuestaria de la que debería haberse dotado a la Cámara, a la falta de datos fiscales, a la pérdida de competitividad, al abandono de la inversión en Investigación y desarrollo y en educación, al crecimiento de los precios, a la burbuja inmobiliaria que aleja las posibilidades de los jóvenes y maduros de adquirir su vivienda de las que había hecho burla el ministro del ramo Francisco Álvarez Cascos. Luego, Zapatero culminó la faena con compromisos para cuando gobierne y propuso la eliminación de tres ministerios. En resumen, una tarde de las que crean afición. Zapatero sube a la red y los de enfrente acusan falta de reflejos. Atentos. |