![]() |
|
| Nº 512 - 10 de junio de 2002 |
|
La elección de la barbarie El título que ha elegido nuestro amigo José María Ridao para su último libro de ensayo aparecido en Tusquets Editores, La elección de la barbarie, define bien el momento hacia el que parecerían encaminarnos algunas de las decisiones de los gobiernos de la UE, incluido el nuestro. Ahí está la nueva ley de Extranjería perpetrada por el Gobierno italiano del compañero Silvio Berlusconi, con buques de guerra como defensa contra los náufragos, las imposiciones del Gobierno austríaco sobre el conocimiento del idioma alemán como requisito discrecional para la aceptación de los inmigrantes o el endurecimiento de las prescripciones legales que para ellos anuncia el ministro M Interior y vicepresidente primero Mariano Rajoy. Se diría que todos concurren con decisión para merecer buena consideración en el Consejo Europeo del próximo día 21 en Sevilla, huelga mediante. Sabíamos desde hace al menos 2.000 años que la pretensión de encerrarnos en una Europa fortaleza ha sido siempre en vano, que Europa ha sido generadora de ideas y de valores desde una concepción de ámbito universal, que sólo han tenido sentido pleno cuando los europeos han puesto su empeño en difundirlos, que los intentos de alzar muros y fronteras inexpugnables terminaron siempre sucumbiendo, sea frente a los bárbaros en el Danubio o frente a los nazis en la Línea Maginot. En definitiva, como la historia ha probado una y otra vez, que de nuevo Europa o exporta libertades o terminará importando esclavitudes, que o contagia prosperidades o acabará inoculada de precariedades sin cuento. Tal vez haya sido sin querer, simple acumulación y sedimentación histórica, resultante de las fuerzas contrapuestas, pero al final, aquí, en este Cabo de Asia, se ha configurado un sistema, el europeo, diferenciado del de los Estados Unidos o del de Japón. Un sistema socioeconómico que incluye siempre apreciables niveles de protección social, verdaderos estabilizadores funcionales, que evitan la caída de un segmento de población por debajo de los umbrales de la depauperación, donde reina el estado de necesidad y se engendran los peores rencores y las exasperaciones más nocivas. El pronóstico es que cuanto ahorremos en fondos de protección social, conforme a los últimos decretazos de Aznar y los suyos sobre la reforma del sistema de prestaciones por desempleo -una cifra que, según informes internos de la Administración, se estima en 680,2 millones de euros detraidos de los 203.000 parados, cuyos derechos actuales decaen-, lo gastaremos multiplicado por n en dotaciones para la policía y en alambradas electrificadas en previsión de asaltos de los indigentes, que para esas fechas ya serán en buena proporción inmigrantes adaptados al papel que para ellos se viene propugnando. Como decía el colega Félix Bayón, el Consejo Europeo de Sevilla debería iniciarse con un acto de desagravio al nazi Haider, mientras todos parecen concordes en cerrar el paso al lepenismo adelantándose a adoptar el programa de le Pen. Vale. |