Nº 676 - 26 de diciembre de 2005
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El Ausente

Cuando entonces, el Ausente por antonomasia era José Antonio Primo de Rivera. Otra cosa es que los gritos de rigor siempre a cargo del gobernador civil y jefe provincial del Movimiento empezaran recordando a los "Caídos por Dios y por España". Recuerdo al que los congregados habían de responder "¡Presentes!" mientras saludaban a la romana. Se trataba, pues, de una ausencia, la de José Antonio, que se invocaba de modo permanente como ejemplo a seguir, que se traía al presente como estímulo para avanzar hacia la Revolución Nacional Sindicalista. Una revolución que iba quedando pendiente en la misma medida en que cada uno iba poniendo a nombre de su prosperidad personal las dificultades pasadas en la guerra civil.

De la ausencia, de guardar ausencias, está impregnada la mejor literatura. Algunos quieren traer también el rastro de esta compostura al caso del periodismo. Así ocurría el martes 20 de diciembre en el programa de Ana Rosa Quintana que se emite cada día por Telecinco. Allí comparecían María San Gil, presidenta del PP del País Vasco; Casimiro García Abadillo, vicedirector del diario El Mundo, y el abajo firmante. Ana Rosa abrió la conversación dando cuenta de los insultos "bobo solemne", "patriota de hojalata", etc., cruzados entre los líderes del Gobierno y de la oposición. Pedía nuestro parecer y enseguida se vio que no éramos partidarios, auque María San Gil se mostraba comprensiva con las expresiones de Rajoy.

Entonces señalé que además de los políticos y sus desafueros lingüísticos convendría atender a las actitudes de los medios de comunicación que celebran esas ocurrencias, ríen esas gracietas y reclaman más leña a los protagonistas de la vida pública. Mis interlocutores parecían no entender y para explicarme mejor hube de recurrir a los ejemplos. Dije que más grave que las expresiones cruzadas entre Zapatero y Rajoy era la definición empleada por Federico Jiménez Losantos en su programa de la Cadena COPE de propiedad episcopal tildando al presidente del PP de maricomplejines.

Y allí fue Troya. Abadillo saltó enfurecido para reprochar que se atacara a Federico habida cuenta de que se encontraba ausente. Había elegido comparecer como un caballero ejemplar y dejarnos a los de-más como villanos. Conforme. Pero, como apunté en mi réplica, si se implantara la norma de evitar referencias a los ausentes porque carecen de la posibilidad de asumir su propia defensa deberían clausurarse los programas de televisión y de radio, empezando por el que nos estaba acogiendo en esos momentos bajo la dirección de Ana Rosa Quintana.

La polémica subió aún más de temperatura cuando apunté mi discrepancia con los obispos que imponen sin cesar deberes a los demás mientras incumplen los propios, que siempre prescriben lo que han de hacer otros propietarios de medios de comunicación mientras se abstienen de aplicarse el cuento como si carecieran de responsabilidades por el cainismo que destilan las antenas de la COPE. Son sembradores de odio. Como me decía un buen amigo columnista del diario El Mundo, tienen por la noche a un pastor protestante (César Vidal) y por la mañana a un pastor alemán (Federico Losantos). En todo caso, ¿dónde está la afrenta al Federico ausente por manifestar mi desacuerdo con la denominación de maricomplejines que nuestro amigo adjudica a Mariano Rajoy?

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