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Atraco
en Valencia
El
Parlamento Europeo aprobó el martes 14 de diciembre por 550 votos
a favor y sólo 45 en contra una Resolución que censura el
crecimiento urbanístico de los últimos once años
en la Comunidad Valenciana. El Grupo Popular Europeo intentó en
vano enmendar esa condena que trae causa de la falta de respeto al medio
ambiente y de los daños ocasionados a 15.000 ciudadanos propietarios
de terrenos. Sucede además que en esa misma fecha la Comisión
Europea ha hecho público un dictamen contra la ley urbanística
vigente en Valencia porque no respeta las Directivas comunitarias sobre
adjudicación de contratos públicos.
La información del caso, examinada de cerca, tiene perfiles sorprendentes
que le añaden valor noticioso aunque todo indica que será
sepultada enseguida aprovechando el crecido torrente de la actualidad,
que es donde mejor se ocultan realidades tan graves como ésta del
urbanismo de Valencia. Veamos algunos detalles. El primero es que la resolución
citada es la conclusión de un informe elaborado por la diputada
del Grupo Liberal Europeo Janelly Fourtou, que recibió ese encargo
después de que llegaran al Parlamento Europeo más de 15.000
quejas de propietarios afectados por "expropiaciones leoninas"
y cuotas excesivas de urbanización.
Llegados a este punto, estamos en condiciones de maliciarnos que los perjudicados
que elevaron sus quejas al Parlamento Europeo debían ser extranjeros
porque, de otra manera, habrían puesto su caso en manos de los
diputados del Parlamento de Valencia, donde habrían recibido la
atención que dichos abusos reclaman. También se deduce con
claridad que junto a los perjudicados debe haber unos beneficiados enriquecidos
con la práctica de esos abusos. La diferencia entre perjudicados
y gananciosos podemos apostar que reside en que los segundos deben ser
naturales de esa Comunidad Valenciana donde los desmanes se están
cometiendo.
Esa es, sin duda, la razón por la cual los favorecidos en tan desigual
negocio han contado para redondearlo a su favor con las instituciones
autonómicas, que han dejado en el desamparo a las víctimas
extorsionadas por el urbanismo salvaje, por lo que se deduce en su mayoría
extranjeras, a quienes sólo ha quedado el último recurso
al Parlamento Europeo. Todo lo anterior configura el esquema de una vergüenza
para toda España, que debería haber disparado desde hace
años las alarmas de los fiscales, de los defensores del Pueblo,
de la Consejería de Urbanismo de la Generalidad y de los ministerios
de Medio Ambiente y de Fomento.
Mientras tanto, asombra comprobar que una noticia así pueda imprimirse
en los diarios de información general sin que ningún responsable
político de las instituciones valencianas se sienta emplazado para
explicarse y ofrecer las reparaciones debidas a los atracados mediante
el truco del urbanismo salvaje. ¿Es que ahora que estábamos
tan contentos del ejemplo ofrecido por la reforma del Estatuto de Valencia,
donde todo venía acompañado del consenso entre el PP gobernante
y el PSVPSOE en la oposición, vamos a terminar por descubrir que
el cemento de unión es el abuso sobre terceros? ¿No hay
nadie ahí para responder?
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