Nº 664 - 3 de octubre de 2005
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Sin palabras

El comienzo del período de sesiones del Congreso de los Diputados ha traído novedades tecnológicas en cada uno de los escaños y en las paredes del hemiciclo. En los pupitres de los electos se han empotrado o ordenadores dores personales, de manera que los diputados en adelante estarán en red, con acceso a la intranet del Congreso y a otras facilidades de correo electrónico limitadas a las direcciones electrónicas que cada uno tiene facilitadas por el Parlamento. Además, a cada uno de los lados del frontal que hace de diámetro del hemiciclo se han situado dos pantallas murales de plasma que recogen la señal de, la televisión institucional.

Las novedades tecnológicas para la puesta al más alto nivel de la sociedad de la información han sido presentadas por el presidente Manuel Marín en esos términos siempre sospechosos de representar un adelanto nunca visto hasta ahora en instituciones análogas. Enseguida, han aparecido en los pasillos los cínicos de siempre para declararse unamunianos y apuntarse al lema de "que inventen ellos", convencidos de que los excesivos adelantos siempre se pagan. Dicen los últimos viajeros llegados del palacio de la Carrera de San Jerónimo que el presidente de la Cámara pretendía con estas facilidades favorecer la presencia de los diputados en el salón de Plenos pero el resultado es que quienes ocupan el asiento andan afanados en tareas ajenas y no están en lo que allí se celebra. Además, la multiplicación de los teléfonos, que antes estaban reservados únicamente a los portavoces, ha traído como efecto colateral una perturbación acústica adicional que dificulta aún más la inteligibilidad de cuan~ to se dice por quienes ocupan sucesivamente la tribuna de oradores, habida cuenta del ruido ambiente que suman las con
versaciones sostenidas en los escaños de la vecindad con toda suerte de interlocutores.

Volvamos a las pantallas gigantes instaladas en los laterales del hemiciclo para subrayar la interferencia visual que producen. Los diputados se desorientan por el magnetismo que crean las imágenes virtuales. Unas imágenes que, cualquiera que sea su decidida pretensión de neutralidad, terminan por ofrecer una versión condicionada. Los realizadores se atienen a una estricta economía de medios. Alternan el plano corto, que ofrece el busto del orador en la tribuna, con el plano medio, que incluye además la imagen del presidente de la Cámara, pero de vez en cuando añaden otros encuadres con los supuestos recipiendaríos de las diatribas de los oradores o incluyen gestos o actitudes que adquieren así, al ser seleccionados sin previo aviso y ofrecidos en las pantallas, una relevancia con la que no contaban quienes de saberlo se las habrían ahorrado. La llamada señal institucional termina en consecuencia desempeñando el papel de una cámara indiscreta y acabará originando reclamaciones de los afectados. Porque aunque el audio sólo recoja las palabras pronunciadas por el diputado a quien el presidente concede el uso de la palabra, hay otro lenguaje "sin palabras", como el de las viñetas de los dibujantes de humor, que puede ser mucho más contundente.

En resumen, debería eliminarse la emisión de la señal institucional de las pantallas del hemiciclo, en las que tendría todo el sentido ofrecer gráficos que ayuden a la comprensión, por ejemplo, cuando se presenten los Presupuestos Generales del Estado. En adelante, los oradores podrían servirse del sistema de Power Point y animar así los Plenos. Veremos.

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