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| Nº 650 - 23 de mayo de 2005 |
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La
rendición de ETA
Venimos combatiendo al terrorismo etarra desde los inicios de los años sesenta. No siempre todos. No siempre igual. Los terroristas etarras tuvieron mucho predicamento. Fueron vistos también aquí como valerosos luchadores antifranquistas. Muchos apuntaron en su haber algunos asesinatos. Por ejemplo, el del torturador comisario de policía Melitón Manzanas o más tarde el del presidente del Gobierno del general Franco almirante Luis Carrero Blanco, primer momento del descorche festivo, de la iniciación, de la admiración de un público que veía en esos crímenes un acto de liberación al que se sentían incorporados. Esos sentimientos permanecieron mucho tiempo. Se prorrogaron después de la muerte de Franco y de las primeras elecciones generales libres de 1977 y de la aprobación de la Constitución de 1978 y todavía mucho más adelante. Se produjo la barbarie de la calle del Correo y gentes indudables reconocían que hubieran acogido en sus casas a los etarras implicados que anduvieran huyendo de la policía. Eran tiempos en los que pira un periodista puntero la gran ocasión profesional consistía en ser enviado a la isla francesa de Yeu en busca de una entrevista con los terroristas deportados por el gobierno de París. Entonces todos los intentos de convenir un trato periodístico para el terrorismo que antepusiera a la anticipación o la exclusiva la preservación de la vida de los rehenes o la conclusión favorable de las operaciones todavía abiertas emprendidas por las fuerzas policiales para la búsqueda y captura de los asesinos eran rechazados por Jota Pedro, que ocupaba a la sazón el puesto de director de Diario 16. Debía prevalecer la idea particular que preconizaba sobre la libertad de información. Asesinaron a un colega, redactor jefe de El Correo de Bilbao y de la Hoja del Lunes de aquella ciudad. Estuvimos en su entierro. Volvimos a Madrid y participamos en una manifestación que discurrió entre la Puerta de Atocha y la plaza de Cíbeles. Se gritaban consignas abstractas. Por la libertad, contra la dictadura. Un buen amigo se adelantó hasta la cabecera y propuso poner en presente de indicativo lo que acababa de suceder. Su propuesta era la de corear iETA, asesina!, los y la que oficiaban como propietarios de la primera línea rechazaron indignados semejante iniciativa. Años más tarde, cuando la manifestación tras el asesinato de[ capitán de Farmacia, se repitió la situación. Ningún grito, ninguna pancarta mencionaba a ETA. Pasaban los años y seguía costando que los públicos entraran en la condena directa a la banda. Así llegamos al momento en que Jota Pedro aducía como su máximo éxito periodístico la entrevista a los dirigentes encapuchados de la banda a la que dedicó seis páginas de su periódico. Luego nuestro colega dio en pensar que podía apuntarse el tanto de ser el pacificador. Qué interesante sería repasar ahora los editoriales y las propuestas lanzadas en el diario El Mundo. Más tarde presentó en Bilbao la edición de ese periódico para el País Vasco con toda suerte de invocaciones al derecho de autodeterminación del que quiso erigirse en abierto vocero. Y ahora, ¿qué? |