Artículo de Opinión de Jesús Lizcano Tiempos de hoy

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 Nº 1304. 26 de julio de 2019

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Jesús Lizcano
Tribuna / Jesús Lizcano

Otras formas de medición económica

 

Imagen del Artículo de Jesús LIzcano

Entre los indicadores que la ciencia económica viene proponiendo con una perspectiva más social, el Indicador del Desarrollo Humano (IDH) mide entre otras cosas el nivel medio de desarrollo en el que se encuentra un determinado país, según tres criterios esenciales:  longevidad, educación y condiciones de vida

En una sociedad avanzada como la actual, resulta cada vez más necesaria una orientación social en la investigación científica en general, y en la Economía en particular, y en este sentido vamos a hacer referencia en estas líneas a algunos indicadores socieconómicos que se han venido proponiendo en estos últimos años para resolver algunas de las limitaciones de la medición económica tradicional, de cara a medir adecuadamente y poner así de manifiesto la vertiente más social, solidaria y sostenible que ha de caracterizar a esta sociedad del siglo XXI.

Cabe recordar, en primer lugar, que el Producto Interior Bruto presenta ciertas limitaciones en lo relativo a la medición de los aspectos ecológicos y sociales, ya que el PIB mide simplemente el valor de mercado de los bienes y servicios producidos en un país, y por lo tanto, desde esa perspectiva cualquier transacción de mercado, sea cual fuere su naturaleza, aumenta el PIB; en este sentido, un accidente o catástrofe grave puede aumentar el PIB ya que los trabajos de reconstrucción vienen a incrementar el conjunto de bienes y servicios producidos, sin embargo, no se consideran en este planteamiento las pérdidas materiales o personales inherentes a dicha catástrofe.

En el terreno de lo natural, por ejemplo, si un país vende la mayor parte de la madera de sus bosques, aumenta significativamente el PIB, pero no se tiene en cuenta que ese país se queda sin un recurso natural o activo muy valioso, que tardará años en regenerarse. Es por ello que se necesitan índices científicamente más integrales, que corrijan y tengan en cuenta la pérdida de esos recursos, de la misma forma que la depreciación de la maquinaria de una empresa se considera una pérdida o coste de producción.

Entre los indicadores que la ciencia económica viene proponiendo con una perspectiva más social, podemos mencionar, en primer lugar, el Indicador del Desarrollo Humano (IDH); a través de este indicador se mide entre otras cosas el nivel medio de desarrollo en el que se encuentra un determinado país, según tres criterios esenciales: a) longevidad, b) educación, c) condiciones de vida. La longevidad se mide a través de la esperanza de vida; la educación se mide de una parte por la tasa de alfabetización de adultos, y de otra parte, por la tasa combinada de escolarización en primaria, secundaria y superior; en cuanto a las condiciones de vida se hace un ajuste con el PIB real por habitante medido en unidades constantes de poder adquisitivo.

Otra aportación científica en estos últimos tiempos a la Economía en clave social es el Índice de Bienestar Económico Sostenible (IBES), índice que integra en su cálculo la desaparición de los recursos naturales, los gastos de defensa, y la pobreza o la discriminación. En este sentido se puede observar que países como Estados Unidos durante bastantes años han mostrado un claro crecimiento del PIB, pero una disminución del IBES. Por otra parte, cabe mencionar el Índice de Progreso Genuino (IPG), que es una modificación del IBES que incluye aspectos como la distribución desigual de la renta, o la delincuencia.

Un indicador que puede asimismo evidenciar esa proyección de la ciencia económica en clave social es el denominado Indicador de la Pobreza Humana (IPH). En este caso las variables utilizadas son: a) porcentaje de individuos con riesgo de fallecer antes de la edad de 40 años; b) porcentaje de adultos analfabetos y c) nivel de dotación de servicios (servicios sanitarios, agua potable y de nutrición). También podemos hacer referencia a dos indicadores relacionados con el género, uno de ellos es el denominado Indicador Sexoespecífico del Desarrollo (ISD), que es similar al IPH anteriormente mencionado, pero corregido en función de desigualdades sociológicas entre los sexos. Este indicador disminuye en función de las desigualdades entre mujeres y hombres; por otra parte, el Indicador de Participación de las Mujeres es un indicador que viene a mostrar la medida en que las mujeres pueden tomar parte activa en la vida política y económica.

Con una proyección integral y un carácter de implementación práctica en el ámbito internacional, cabe señalar que recientemente Nueva Zelanda ha establecido sus Presupuestos nacionales en base a coordenadas básicas del Índice de Felicidad Nacional, recogiéndose a tal efecto cinco variables u objetivos básicos: a) salud mental de los ciudadanos, b) reducción de la pobreza infantil, c) eliminación de la brecha digital, d) reducción de las desigualdades de la población indígena de ese país, y e) descarbonización de la economía.

Cabe mencionar finalmente algunos otros indicadores que ponen de manifiesto las desigualdades sociales y económicas, y otros aspectos estadísticos de la población, como son el Índice de Gini, indicador estadístico que mide las desigualdades sociales, siendo un índice asimétrico que pondera más a los pobres que a los ricos en términos de utilidad social. Otro de los indicadores más conocidos en este ámbito es el Índice de Theil, quizá el más utilizado para medir las desigualdades del reparto de los ingresos dentro de un determinado país; así, si con una misma media de ingresos por habitante el peso económico o ingresos globales de los pobres aumentan, mientras que los de los ricos disminuyen, la desigualdad y por ende el valor de este índice se reduce claramente.

Los indicadores mencionados constituyen, en resumen, un avance metodológico de la ciencia económica hacia la dimensión u orientación social que la viene caracterizando en estos últimos tiempos, y que contribuye a enriquecer esa cada vez más necesaria dimensión transversal y de progreso humano que la misma debe tener y que habría de utilizarse crecientemente en el futuro.

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Colaboradores

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José García
Abad

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Miguel Ángel
Aguilar
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Inmaculada
Sánchez
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Cristina
Narbona

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Belén
Hoyo

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Idoia
Villanueva

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Sergio
del Campo

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Carles
Campuzano

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Cristina
Antoñanzas
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Elena
Blasco
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Miguel Ángel
Paniagua

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Bruno
Estrada

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José Antonio
Pérez Tapias

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José Luis
Centella

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Joan
Navarro
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José M. Benítez
de Lugo
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Carlos
Berzosa

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Graciano
Palomo

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Julio Rodríguez
López

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Mauro
Armiño

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Pere
Navarro

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Julius
G. Castle

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Carmen
Calvo
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Joan
Tardà

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Ignacio
Aguado

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Julio Rodríguez
Fernández
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Pablo
Bustinduy

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Jesús
Lizcano

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Sergi
Miquel

 

 

 

Firma

Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid. Académico de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. Es miembro fundador de Transparencia Internacional España. Director de dos revistas: Encuentros Multidisciplinares y Revista Iberoamericana de Contabilidad de Gestión, y codirector de la Revista Internacional de Transparencia e Integridad. Entre 1989 y 1991 fue Catedrático en la Universidad de León. Es autor de catorce libros y de más de ciento cincuenta artículos en publicaciones tanto nacionales como internacionales. Forma parte del Consejo de Redacción o editorial de otras cinco revistas (nacionales y extranjeras). Ha recibido diversos Premios, y ha dirigido y/o participado en numerosos trabajos y proyectos de investigación, siendo miembro de varias Asociaciones académicas nacionales e internacionales.

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