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 Nº 1300. 28 de junio de 2019

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Política / Manuel Capilla

Investidura, pactos, ministros… Redondo y Ábalos consolidan su poder en esta legislatura

Los ‘mandarines’ de Sánchez

En plena crisis de las negociaciones con Pablo Iglesias para asegurar su investidura, son dos las personas a las que Pedro Sánchez escucha para decidir sus próximos pasos. Por un lado, Iván Redondo ha sabido ganarse la confianza del presidente para convertirse en algo más que un jefe de Gabinete clásico y ejercer como estratega en la sombra. Mientras, Ábalos hace valer su experiencia y su olfato político, con un pie en la sala de máquinas del partido y otro en el núcleo duro del Ejecutivo. La opinión de ambos va a ser fundamental para dilucidar las grandes cuestiones que tiene sobre la mesa Sánchez, desde la fecha de la investidura al diseño de un Gobierno que todavía está por ver si incluye a ministros de Podemos y quién sabe si al propio Iglesias.

Ábalos y pedrio SánchezLa amistad de José Luis Ábalos con el presidente es anterior a su llegada a la Secretaría General.

Creo firmemente en el entendimiento entre la izquierda y la derecha”, explicaba Redondo en una entrevista concedida a Pablo Iglesias.

 

En el núcleo duro del presidente, y frente al instinto de Redondo, Ábalos hace valer su experiencia política de más de 30 años

“Nadie quiere llevarse mal con Redondo”. Así se expresan fuentes conocedoras de los entresijos de Moncloa, subrayando que es él la persona clave en la corte monclovita, con quien hay que hablar y por quien pasan buena parte de las decisiones clave. Una situación con la que en Ferraz no terminan de estar cómodos, pero a la que empiezan a acostumbrarse. Y es que a pesar de que en el partido han observado con reticencia la influencia sobre el presidente que ha ido ganando Iván Redondo sobre él desde las primarias de 2017, algunas fuentes señalan que no se han producido conflictos relevantes, y que hay una “entente cordiale”. “Nos soportamos”, resumen estas voces. Unas relaciones que el propio carácter de Redondo facilita, según explican quienes le han tratado antes de que se incorporara al equipo del presidente. Según estas fuentes, se trata de “un tipo majo en el trato, avispado”, que además “capta las cosas y las engulle como una esponja”. Una personalidad que le ha permitido –con el presidente del Gobierno y, en realidad, con todos los políticos con los que ha trabajado– estar por encima de la figura de “un jefe de gabinete clásico”.  


En este escenario, José Luis Ábalos no ha perdido pie. En un Ejecutivo en el que para algunos socialistas hay un cierto déficit de perfiles políticos, el ministro de Fomento se ha consolidado como una figura central. Apoyo fundamental de Sánchez –en lo político y en lo personal–, las opiniones de Ábalos siguen estando entre las que el presidente más atiende. Por ejemplo, cuando arreció el debate de la fecha de las elecciones, él era de los partidarios de adelantar los comicios lo máximo posible e, incluso, celebrarlos antes de las municipales. Una estrategia, la de acortar la legislatura al máximo, con la que coincidieron Redondo y su equipo. Redondo con la intención de exprimir al máximo la foto de Colón y tejer el relato de que el Gobierno no tenía ningún tipo de entente con los independentistas, una vez rechazados los Presupuestos. Ábalos, por su parte, con las de poner a trabajar a su favor a las federaciones díscolas y críticas con Sánchez.

Iván redondo y Pedró Sánchez
Iván Redondo forma parte del equipo de Sánchez desde las primarias de 2017. /EUROPA PRESS

Ahora tampoco hay grietas en su intención de forjar un gobierno monocolor o, al menos, con representantes de Podemos en segundos escalones de la administración. En este asunto, todos reman en la misma dirección. Ábalos, en su condición de secretario de Organización y portavoz en la semanal rueda de prensa de los lunes, ha sido el encargado de fijar la posición en público, con más de un guiño a Ciudadanos. El último, esta misma semana, metiendo más presión a Albert Rivera –que, a diferencia de Pablo Casado, se negó a asistir a Moncloa el lunes invitado por Sánchez- insistiendo en que su “veto al PSOE es incomprensible. Le pedimos que escuche a su partido y se abstenga en la investidura del candidato Pedro Sánchez”.

Mirando a la derecha
Es precisamente en una entrevista que Redondo concedió a Pablo Iglesias hace ya tres años, donde quizá puedan encontrarse algunas de las respuestas a los pasos que está dando Sánchez desde las elecciones. Sin perder de vista que el presidente ya llegó a un acuerdo de gobierno con Rivera en la primavera de 2016 -mucho antes de que Redondo y Ábalos formaran parte de su núcleo duro-, se da la circunstancia de que su jefe de gabinete es uno de los más firmes partidarios de no arrinconarse en la izquierda del eje político. Frente a frente con Iglesias, en ‘Otra vuelta de Tuerka’, Redondo explicaba que: “la política tiene que cambiar con los tiempos, y creo firmemente en el entendimiento entre la izquierda y la derecha”. Según él, “hace falta que la izquierda y la derecha se sienten, se legitimen y acuerden lo que tienen que acordar”.

Una transversalidad de la que Redondo ha hecho gala en toda su trayectoria profesional. Nacido en San Sebastián en 1981, comenzó colaborando con Antonio Basagoiti en su etapa al frente del PP vasco, llevó a la alcaldía de Badalona a Xavier García Albiol –en esa polémica y recordada campaña que vinculaba la delincuencia a inmigración- y consiguió que José Antonio Monago arrebatara a los socialistas la presidencia de Extremadura en 2011. Fue entonces cuando algunos en esa comunidad le apodaban ‘el octavo consejero’, por la influencia que ganó en un gobierno del que, teóricamente, no formaba parte.

Quién sabe dónde habría llegado en las filas populares si no se hubiera producido la derrota de Monago en 2015. Pero fuera del gobierno en Extremadura y sin relación con la planta séptima de Génova se centró en la colaboración con medios, con un blog en el diario Expansión e intervenciones en espacios televisivos como Noticias Cuatro –donde coincidió, por cierto, con el actual secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver-. Fue en esa época cuando empieza a acercarse a Pablo Iglesias, que en ese momento todavía albergaba la esperanza de sorpassar el PSOE, según muchas encuestas. Redondo participó en un par de programas de ‘Fort Apache’ –el programa de debates que conducía el líder de Podemos en Hispan TV- y accedió a la ya mencionada entrevista en ‘Otra vuelta de Tuerka’.

Fue ahí donde Redondo le confesó a Iglesias que, en su opinión, hay dos hitos en la política del siglo XXI: la campaña de Barack Obama en 2008, la del “Yes, we can”, y la irrupción de Podemos en el verano de 2014. Con un ojo siempre en la política americana, le explicó a Iglesias que algunas de sus series preferidas son ‘El ala oeste de la Casa Blanca’, protagonizada por Martin Sheen, y ‘House of Cards’, que tuvo a su frente a Kevin Spacey hasta que fue denunciado por acoso sexual. La primera, según le explicó a Iglesias, representa para él “el gobierno ideal”, mientras que la segunda, mucho más cínica y maquiavélica, muestra “el gobierno posible”. De ambas extrae la moraleja de que “en política te graban siempre” y que se debe “definir bien tu estrategia y hacer un plan de acción, que es siempre un calendario”. Porque, según él, “el tiempo en política es lo más importante”.

Y es que si algo ha demostrado Redondo –siempre con las encuestas en la mano para percibir por dónde respira la opinión pública- es ojo para prever los diferentes escenarios políticos. Redondo fue una de las personas que contribuyó a perfilar el relato épico con el que Sánchez se presenta por segunda vez a las primarias y, al poco de haber derrotado a Susana Díaz, Redondo escribía en su blog de Expansión, ‘The War Room’: “si enfocamos bien el ajedrez político que se avecina deben saber que hay altas probabilidades de que Sánchez pueda ser presidente. Bien a través de una moción de censura (si se suceden más escándalos en el PP y se conforma esa mayoría alternativa) o tras el resultado de unas elecciones anticipadas”.

Un amigo en la secretaría de Organización
Esas primarias cerraron el camino que Sánchez había inaugurado en la localidad valenciana de Xirivella en noviembre de 2016, un camino en el que Ábalos jugó un papel fundamental. El de Xirivella fue el primer acto público del ahora presidente del Gobierno desde el infausto Comité Federal del 1 de octubre y su renuncia al escaño, un éxito absoluto, -con más de 1.000 personas aclamándole y desbordando todas las previsiones- y que sirvió para acuñar entre la militancia el término del ‘Espíritu de Xirivella’. Fue una inyección de moral sobra la que Sánchez se aupó para ganar las primarias contra todo pronóstico, con el establishment mediático y del PSOE totalmente en contra.

Sin Ábalos, ese ‘Espíritu de Xirivella’ ni siquiera existiría. No sólo porque ejerció de anfitrión, en su calidad de líder de los socialistas de la provincia de Valencia, sino porque fue uno de los pocos dirigentes que permaneció al lado de Sánchez cuando buena parte de su anterior equipo se pasaba al susanismo. Durante esos meses, en el otoño de 2016, Ábalos fue un apoyo fundamental para que Sánchez no tirara la toalla, y su amistad salió profundamente reforzada. Una amistad que se remonta a hace algunos años, antes incluso de que Sánchez accediera por primera vez a la secretaría general. De hecho, Sánchez ya había dormido alguna noche en casa de Ábalos, en los desplazamientos que había tenido que realizar a Valencia.

En el núcleo duro del presidente, y frente al instinto de Redondo, Ábalos hace valer su experiencia de más de 30 años en lides políticas de todo pelaje, las que ha salido victorioso pero también derrotado. A pesar de los muchos vaivenes que sufrió el PSPV durante los años 90, Ábalos consiguió emerger como una figura clave en el partido, capaz de hacer ganar congresos, como sucedió en el 2000, cuando realizó un movimiento estratégico que le hizo ganar enteros en el PSOE que surgió de ese cónclave. Pocos días antes de la cita anunció su apoyo a un entonces desconocido José Luis Rodríguez Zapatero, para sorpresa incluso de los zapateristas valencianos, que no se lo esperaban. Los delegados de la provincia de Valencia fueron claves para que Zapatero terminara llevándose el gato al agua.

Fue después cuando sufrió su gran derrota política, ante Joan Ignasi Pla, en la carrera por la secretaría general del PSPV. Tras un armisticio con Pla que le convirtió en vicesecretario general del PSPV –reforzando su perfil pactista, capaz de cerrar acuerdos, ha ido construyendo una trayectoria política que le llevó desde el ayuntamiento de Valencia hasta el congreso de los Diputados, pasando, también, por Les Corts valencianas. Una trayectoria que le ha llevado a consolidarse, finalmente, como una figura fundamental en el Ejecutivo de Sánchez.

Pablo Iglesias
Pablo Iglesias y la dirección de Podemos no creen que haya acuerdo antes de las vacaciones veraniegas. / EP

El acuerdo con Iglesias… ¿para septiembre?

A algunos viejos rockeros de la política, Pablo Iglesias les ha recordado esta semana a Josep Tarradellas. Y es que igual que Tarradellas salió de su primera reunión con Adolfo Suárez afirmando que la cita había ido como la seda, cuando en realidad había sido un desastre, Iglesias se ha destapado esta semana explicando que el acuerdo de gobierno con Pedro Sánchez “está más cerca de lo que parece”, a pesar de que las posiciones están alejadísimas y las negociaciones propiamente dichas ni siquiera han empezado. Con sus palabras, Tarradellas le pasaba la pelota a Suárez para que el explicara, si quería y podía, por qué no estaban de acuerdo. Y lo mismo pretende Iglesias, según esta interpretación, forzar a Sánchez a explicar por qué no hay acuerdo. Con su táctica, Tarradellas consiguió ser reconocido por Suárez como presidente de la Generalitat. Veremos qué consigue Iglesias.

En Podemos señalan que Iglesias ha salido de los tres encuentros que ha mantenido con Sánchez más confuso de lo que entró. “No sabemos muy bien la posición del presidente”, resumen estas fuentes, y explican que la entrada de miembros de Podemos en el sotto governo, en secretarías de Estado o secretarías generales y no en los ministerios, no ha estado en las conversaciones entre Sánchez e Iglesias. “Se ha planteado por parte del PSOE, públicamente, pero no por parte del presidente”, aseguran.

En la formación morada tienen claro, eso sí, que a los socialistas les gustaría cuadrar el círculo por el cual contarían con el apoyo de un socio preferente, Unidas Podemos, gracias a un acuerdo lo suficientemente holgado como para poder llegar a acuerdos con otras fuerzas. Pero según interpretan desde Podemos, esta hipótesis tiene el problema de la estabilidad a largo plazo. “Pensaban que tendrían la investidura asegurada, que el resto de partidos les íbamos a regalar el voto, y ahora les están entrando los nervios”, explican estas voces cercanas a la cúpula del partido.
“No quiere depender de ERC, porque la cosa puede complicarse después del verano, cuando se conozca la sentencia del procés”, señalan estas voces, que también afirman que “estamos de acuerdo en que esto es un problema”. Pero explican que las mayorías parlamentarias son las que son y que si no hay posibilidad de doblarles el brazo a Albert Rivera y Ciudadanos, como parece, porque “han salido fortalecidos de este ciclo electoral”, entonces a Sánchez “no le queda más remedio que llegar a un acuerdo con Unidas Podemos”.

En Podemos concluyen que el “dato básico” para calibrar las intenciones de Sánchez va a ser la fecha de la investidura de julio. Si es antes del día 10, estas fuentes entienden que, en ese caso, “irá a una investidura fallida conscientemente”. A partir de ahí, en septiembre, se abren todas las opciones, porque “¿dónde está escrito que en unas nuevas elecciones le irá bien al PSOE?”. Unas elecciones en las que el eje volvería a ser Cataluña, y no la irrupción de la ultraderecha.


El Ministro Marlaska y l aministra DelgadoDolores Delgado lo tendría complicado para continuar en el Gobierno, mientras que Fernando Grande-Marlaska se ha ganado la confianza del partido. / EP

Ministros al alza y a la baja

En el Madrid político y mediático hace algunas semanas que han empezado a sellarse las quinielas sobre quién se queda y quién se va del consejo de ministros. Los pronósticos son a veces contradictorios, incluso por parte de fuentes muy cercanas al presidente y a los propios ministros, pero si hay una cartera señalada, esa es la de Justicia. La opinión mayoritaria es que Dolores Delgado lo tiene complicado para continuar. La grabación que demostraba uno de los encuentros que habría mantenido con el comisario Villarejo y su supuesta vinculación con él se suman a una gestión que no ha estado exenta de problemas. Quizá el principal haya sido el cese de Edmundo Bal como jefe del departamento penal de la Abogacía del Estado, un cese tras el cual la Abogacía retiró la acusación de rebelión en el juicio del 1-O. Este escenario podría ponerse aún peor para la ministra en el caso de que la investigación del ‘caso Pit’ demostrara nuevas conexiones de Villarejo con la Audiencia Nacional en la época en la que Delgado formaba parte de ella.

Otra ministra que ha acumulado varios entuertos que no contribuyen a clarificar su futuro es la de Trabajo, Magdalena Valerio. Su cartera, además, es uno de los principales objetivos de Pablo Iglesias en las negociaciones para formar gobierno, con la diputada Yolanda Díaz, de IU, como aspirante a ocuparla. De momento, Valerio hace valer su posición  como puente con unos sindicatos que se han alineado con Iglesias y defienden su intención de entrar en el Gobierno. Por ejemplo, esta semana, la ministra no se perdió la presentación del libro que acaba de editar el secretario general de CCOO, Unai Sordo.

Por el contrario, uno que llegó al cargo con muchas reticencias por parte del partido y que ha sabido ganarse la confianza de unos y otros ha sido Fernando Grande-Marlaska. No sólo por su gestión, sino porque durante la campaña electoral, en la que ha sido candidato por Cádiz, se ha empleado a fondo, según señalan desde el partido. Otra ministra que, como Marlaska, ha ganado enteros durante la campaña electoral ha sido María Jesús Montero, que se ha bregado en varios debates, entrevistas y apariciones públicas en los que se ha desenvuelto con solvencia, según estas mismas fuentes socialistas.

Del resto de pesos pesados, se da por segura la continuidad de Carmen Calvo, que además ha hecho buen tándem con la portavoz en el Congreso, Adriana Lastra. Y en el caso de Margarita Robles también se apunta a su continuidad, aunque no despierte grandes pasiones ni en Ferraz ni en Moncloa. Y es que según explican fuentes próximas al presidente, Sánchez considera que la debe mucho, teniendo en cuenta que fue quien dio la cara como portavoz en la época en la que tenía en contra a toda la élite del partido. Es más, Robles fue una de las pocas diputadas que votaron ‘no’ en la investidura de Mariano Rajoy. Y eso el presidente no lo olvida.