Dossier Tiempos de hoy

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 Nº 1299. 21 de junio de 2019

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Política / Virginia Miranda

Sus pactos enfadan a fundadores de Cs, rompen su idilio con los medios y se la lían en Europa

¿A dónde vas, Albert?

Albert Rivera ya no es aquel joven líder comprometido con la regeneración y la estabilidad institucional al que las crónicas periodísticas y los foros económicos presentaban como una alternativa centrada frente al crispado panorama que arrojaban las urnas. El presidente de Ciudadanos ha reconvertido el antiguo bipartidismo en una nueva política de bloques levantando un cordón sanitario alrededor del PSOE que sorprende y preocupa a sus tradicionales apoyos extraparlamentarios. Quienes lo vieron nacer y crecer al frente de la formación naranja no lo reconocen en una madurez más preocupada en ganar la batalla de la derecha que en su propia supervivencia.

Albert Rivera
Fuentes de la presidencia francesa han sacado los colores a Rivera por decir que Macron apoya los acuerdos entre Ciudadanos, PP y Vox. / EUROPA PRESS

El líder de Ciudadanos ha perdido todo el capital mediático, empresarial y europeo que atesoraba y, sin él, pretende disputarle al PP el trono de la derecha   Rivera mantiene el rumbo y el liderazgo a pesar de que la debilidad exterior y las voces críticas con la línea estratégica han hecho que la unidad interna se resienta

Alcanzó un pacto de investidura con Pedro Sánchez que debía haber pasado por un acuerdo con Podemos en 2016 y tres años después no está dispuesto a garantizar la estabilidad del Estado a riesgo de que el Gobierno dependa de votos secesionistas. Se presentó defendiendo una política socialdemócrata en lo social y liberal en lo económico que no disgustaba en los despachos de las grandes empresas y entidades financieras y ahora disputa sin complejos el espacio de la derecha al PP. Se erigió en garante de la regeneración allí donde había anidado la corrupción institucional y política y hoy es la fuerza que consolida los gobiernos conservadores repartidos por toda España. Nació en Cataluña como reacción al nacionalismo y, transcurridos trece años, ha roto relaciones con el candidato que hace unos días evitó la investidura de un alcalde independentista en Barcelona.

Desde que comenzara su andadura en el Parlament, primero, y diera el salto a la política nacional, después, Albert Rivera ha ganado en seguridad, pero también ha perdido cintura y se ha dejado contagiar por algunos de los peores vicios de la vieja política.

La conclusión no es de sus adversarios sino de los principales apoyos extraparlamentarios que ha tenido el dirigente catalán y que, desde que concurriera por primera vez a unas generales en 2015, han sido muchos y muy poderosos: El Mundo y El País, dos de las cabeceras más influyentes que celebraron desde sus editoriales y artículos de opinión la aparición de un partido que invocaba el centro político, la lucha contra la corrupción y la capacidad de legislar sin depender de las fuerzas nacionalistas; los grandes empresarios y financieros, que agasajaron en público y en privado a quien consideraban el revulsivo del 15-M y del emergente Podemos; el grupo liberal europeo, que comprobó las buenas perspectivas de un partido que un año antes entraba de forma incipiente en el Europarlamento; y los intelectuales catalanes que en 2005 comenzaron a gestar un proyecto político de ámbito autonómico para hacer frente a las políticas nacionalistas de la Generalitat y que vivieron con entusiasmo la posibilidad de ofrecer al bipartidismo una alternativa a los pactos con unas fuerzas cada vez más abiertamente independentistas.

Los reproches
“No entiendo que ahora nos falles, Albert, que nos falle Cs, que el joven maduro y responsable se haya convertido en un adolescente caprichoso que da un giro estratégico de 180 grados y antepone supuestos intereses de partido a los intereses generales de España. Es ir contra toda tu trayectoria política, contra la trayectoria de Cs. Se te acusará, con razón, que por tu culpa arrojas al PSOE a pactar con Podemos y con los nacionalistas, precisamente aquello que Cs debía impedir”. Tan duro reproche publicado en el diario El País es de Francesc de Carreras. Profesor de Derecho Constitucional considerado el padre político de Rivera, es uno de los fundadores de Ciudadanos que estos días están manifestando su asombro y contrariedad por la deriva estratégica que está tomando el partido y su líder, entendiendo que los pactos alcanzados y en vías de negociación en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas descartan la posibilidad de que el líder de la formación naranja se vaya a replantear el cordón sanitario con el que rodeó a Pedro Sánchez en campaña electoral.

Arcadi Espada, desde las páginas El Mundo, ha sido particularmente crítico con el papel de los concejales de la formación naranja en la investidura de Ada Colau. “Si de Cs hubiera dependido, hoy Barcelona tendría un alcalde independentista”, escribía en el periódico de Unidad Editorial, calificando de “inexplicable” la decisión tomada por Albert Rivera, “ajena a cualquier elemental sentido de la responsabilidad y de la decencia políticas”.

De las catalanas a las andaluzas
El pacto andaluz supuso un punto de inflexión para Ciudadanos, que interpretó el éxito del 21-D como una oportunidad electoral en el espacio ideológico de la derecha y que, a pesar de encaminar sus políticas hacia esa dirección, no ha logrado satisfacer las elevadas expectativas surgidas de las elecciones catalanas.

En Europa se tragaron el sapo de que los de Rivera no se sentaron en la mesa con Vox y, por tanto, no se ‘contaminaron’ del acuerdo que suscribieron los negociadores de Pablo Casado y Santiago Abascal y sin el que hubiera sido imposible el Gobierno de PP y Cs en la Junta. Los socios liberales europeos se limitaron a manifestar su preocupación en privado y a recordar en público la línea roja que les separa, en todos los países de la Unión, de la ultraderecha.

Más claros fueron los fundadores de Cs que en febrero, ante las generales que se avecinaban, se manifestaron en contra de excluir al PSOE de los acuerdos postelectorales. “Ciudadanos tiene que poder pactar con el PSOE y el PP porque para eso es un partido de centro”, decía el traductor y crítico literario, Ferran Toutain. Pedro Sánchez “no es un hombre de fiar” pero eso no obsta para que “una de las posibilidades más sensatas tras el 28 de abril fuera la suma de Cs y PSOE”, declaraba el literato y miembro de la Real Academia Española, Féliz de Azúa.

 

Garicano Ciudadanos
Tras ser elegido vicepresidente económico de los liberales europeos, el cabeza de lista de Cs en Europa ha tenido que dar explicaciones por las implicaciones de su partido con Vox. / EUROPA PRESS

El dilema de Garicano

Luis Garicano será vicepresidente económico de Renovar Europa, el grupo de los partidos liberales salido de la unión de ALDE y la República en Marcha, de Emmanuel Macron, en el Parlamento Europeo.

Para el cabeza de lista de Ciudadanos en la Eurocámara es una gran oportunidad; el grupo tiene 106 escaños, 39 más que la legislatura anterior, y está en disposición de repartirse con los socialistas las presidencias de las instituciones europeas después de haber puesto fin a la mayoría del PPE en las elecciones del 26-M. Sin embargo, el momento no es el más adecuado para la celebración.

Con el exprimer ministro francés clamando contra los acuerdos con una fuerza “inliberal, reaccionaria y antieuropea” como Vox y acusando a Ciudadanos de blanquear a la ultraderecha en España, las primeras palabras de Garicano tras conocerse su designación no han sido las que él esperaba ver en titulares y, a preguntas de la prensa en Bruselas, se ha visto obligado a entrar en justificaciones.

Después de haberse mostrado a favor de la decisión de Manuel Valls de abstenerse en el pleno de investidura de Ada Colau “para evitar que los independentistas instrumentalicen y destrocen Barcelona”, dijo en Twitter tras conocerse el ofrecimiento sin condiciones del que fuera primer ministro francés a la candidata de Barcelona en Comú, Garicano insistía desde Bruselas en que “de ninguna manera vamos a hacer ningún acuerdo con Vox ni vamos a entrar en ningún Gobierno donde estén ellos” asegurando que, de lo contrario, no formaría parte del partido. En más detalles no ha querido entrar. Las semanas de negociaciones en Europa le han permitido excusar más preguntas incómodas. Y se agarra a su recién nombramiento para decir que los socios liberales europeos han dado su respaldo a las políticas de Ciudadanos. 

Ambos testimonios aparecen publicados en un artículo de El País, periódico que, durante 2015 y 2016 –años en que la línea editorial de Antonio Caño tenía un rumbo bien distinto al que imprimió a su llegada su actual directora, Soledad Gallego Díaz–, dotó de contenido la expresión de ‘buena prensa’ cuando se hablaba de Albert Rivera. El País y El Mundo, provocando un ataque de celos en el PP al ver que la atención que durante una época le dedicó el rotativo de Prisa y la que se presupone de la cabecera de Unidad Editorial iba a parar a Ciudadanos.

Ahora, ambos periódicos están siendo muy críticos con la actitud del líder del partido naranja. Porque sus pactos a la derecha permiten, cuanto menos, que Vox condicione las políticas y maneje dinero público, y porque su no a Sánchez, en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas pero sobre todo en el Gobierno central, se traduce en una geometría variable con Podemos y el independentismo como factores irrenunciables de una ecuación que no gusta a las corporaciones mediáticas y empresariales de este país.

Poniendo a prueba la resiliencia
Acostumbrado a que los medios le apoyen, los empresarios le aplaudan y los hermanos europeos le respalden, Rivera mantiene el rumbo y el liderazgo a pesar de que la debilidad exterior y las voces críticas con su línea estratégica han hecho que la unidad interna se resienta y las portadas de la prensa aireen convenientemente sus problemas.

Esta ha sido una semana negra para Ciudadanos dominada por las amenazas de Vox, que amaga con bloquear los pactos de las derechas si desde la formación naranja pretenden dejarles fuera del pastel institucional, por la ruptura con Manuel Valls, y por el desmentido de París al líder de Cs.

Tal y como había anunciado, el candidato a la alcaldía de Barcelona con el respaldo de Ciudadanos hizo posible con su voto y el de otros dos independientes –Eva Parera, procedente de CiU, y Celestino Corbacho, del PSOE– que Ada Colau siga como alcaldesa. Valls contradecía así la orden de Rivera de votar en blanco, lo que el exprimer ministro galo ha calificado de optar por “lo peor, mejor” que, dice, se traduce en un “lo peor, peor”.

Dos días después Ciudadanos anunciaba su ruptura con Manuel Valls en medio de informaciones sobre las presuntas desavenencias de la Ejecutiva respecto a una decisión –una vez más– unipersonal de Rivera y el político hispano-francés ya no se ha callado. “Con Vox acabas ensuciándote las manos y, de alguna forma, el alma”, decía en El País el nuevo concejal de Barcelona, que formará grupo con Parera en el Ayuntamiento después de que el líder del partido naranja ‘perdonara’ a Corbacho su indisciplina para tener un grupo de cuatro ediles.

Buscando culpables
Este jueves, coincidiendo con el viaje de Rivera a Bruselas para participar en sendas reuniones con el recién elegido presidente del grupo parlamentario Renovar Europa y con el delegado general de En Marche, partido de Emmanuel Macron, Valls caldeaba el ambiente mediático con varias entrevistas en radio, televisión y prensa en medio de una expectación máxima: días atrás, la secretaria de Estado francesa para Asuntos Europeos, Amélie de Montchalin, anunciaba que pedirían a los eurodiputados españoles que “aclaren” su postura sobre la colaboración con la “extrema derecha”. El aviso era particularmente alarmante porque Cs se mira en el espejo del presidente galo como parte de su estrategia política y electoral mientras que el jefe del Estado vecino lleva semanas protagonizando con Pedro Sánchez gestos de cordialidad mutua nacida de sus intereses compartidos en Europa.

 Macron y su Gobierno “apoyan nuestros pactos y nos han felicitado tanto en Andalucía como en los acuerdos conseguidos”, declaraba el presidente de la formación naranja en su primera comparecencia ante los periodistas en la capital comunitaria. A partir de entonces se desencadenó una serie de reacciones que dan muestra de la soledad del líder de Ciudadanos y de la presión a la que se está viendo sometido justo cuando la constitución del Parlamento de Navarra ha hecho descarrilar la vía del pacto con UPN, dejando a Sánchez como únicas alternativas el acuerdo con Podemos y los independentistas o la convocatoria de elecciones. Una opción para la que el PSOE, y también el PP, trabajan ya en la imagen de ‘culpabilidad’ de Rivera.

Después de que Valls lo negara de forma oficiosa en La Sexta tras hablar con antiguos compañeros de partido ahora en En Marche, fuentes de la presidencia francesa desmentían a la agencia Efe que Macron haya apoyado “ni en público ni en privado” los pactos de Ciudadanos. Todas las portadas encabezaban con la noticia y el partido de Rivera no lograba colocar sus declaraciones sobre la “plena sintonía” de ambas formaciones para “cambiar Europa también desde las instituciones comunitarias”. Al final de la tarde, Cs trataba de rebajar la tensión asegurando que su presidente no se refería al jefe del Elíseo sino a su partido cuando habló de la felicitación por los pactos alcanzados.

Aupado por la buena prensa y por la bandera que envolvió a Ciudadanos el 21-D, Rivera se ve ahora desprovisto de aquellos atributos que le hicieron soñar con mayores gestas electorales. Coronarse como líder de la derecha es para él una carrera de fondo. Pero fuera y también dentro de su partido se ve como una carrera de obstáculos y dudan que sea siquiera capaz de llegar a la meta.

Rajoy pide un esfuerzo a Rivera

Garicano Ciudadanos
El expresidente popular le ha pedido al líder de Ciudadanos que alcance un acuerdo con el PSOE y haga posible un Gobierno estable. / TAREK PP ARCHIVO

Desde que despidiera de la presidencia del PP y de cualquier vinculación orgánica con el partido hace ahora un año, la presencia pública de Mariano Rajoy ha sido anecdótica y prácticamente obligada. En la Convención Nacional de los populares, en la campaña electoral, en la presentación del libro de algún estrecho excolaborador… Sus reflexiones siempre han sido prudentes y, aunque se ha dejado entender cuando hablaba de la moderación y la centralidad política, ha evitado entrar en detalles y, sobre todo, en nombres de quienes de sobra se darían por aludidos.

Ahora, sin embargo, no ha dejado margen al error ni a la interpretación. El expresidente popular le ha dicho a Albert Rivera, alto y claro, que permita no sólo la investidura de Pedro Sánchez, también que le facilite la acción de Gobierno. Ha sido en el Foro Premium del Atlántico de la Fundación Diario de Avisos, celebrado este jueves en Santa Cruz de Tenerife. En su ponencia titulada España y sus retos ante un mundo en transformación, el que fuera líder del PP Rajoy declaraba que “no sería bueno” que en España se repitieran elecciones generales y, por ello, pedía un “esfuerzo” para que se cierre “pronto” un Gobierno estable y con apoyo de 176 diputados. Por eso un acuerdo PSOE-Cs, que suman 180, daría una “sólida mayoría”.

Rajoy ha reconocido que la fórmula es “poco probable”, pero tampoco ve otra alternativa más factible. Recuerda que a Pedro Sánchez “no le llega” con Podemos y considera que no sería una “buena decisión” apoyarse en los partidos independentistas. En cualquier caso, hablando desde su propia experiencia, advierte que “una cosa es superar la investidura y otra poder gobernar”, por eso recomienda cerrar un acuerdo para cuatro años. “Estamos a tiempo”, ha asegurado, pero “Lo importante es conformar pronto un Gobierno”. Ni José Luis Ábalos lo habría dicho mejor.