Tiempos de hoy

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 Nº 1296. 31 de mayo de 2019

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Política / Virginia Miranda


El PSOE lo tienta, el PP se asusta y los suyos le meten presión

El ‘señor de los pactos’

El cuerpo le pide pactar con el PP y Europa le exige alejarse de Vox. Albert Rivera tiene que elegir entre aislar al PSOE o meter a la ultraderecha en las instituciones. La decisión es difícil, pero más difícil es ser de los que esperan a que el líder de Ciudadanos deshoje la margarita. Después de que los populares dieran por hecho el Gobierno de Madrid y el regreso a la capital, las aguas bajan revueltas por la calle Génova; la formación naranja ha sido tentada con el bastón de mando para Begoña Villacís y todas las presunciones tras el 26-M están en suspenso. El ‘señor de los pactos’ ha de valorar si es más importante mantener su palabra o tocar poder por primera vez.

Albert Rivera
El líder de Ciudadanos tiene la llave para o dar un vuelco a todas las previsiones. / EUROPA PRESS

Mantener una política de pactos con la derecha supone para Ciudadanos continuar durante cuatro años más a la sombra del PP Los movimientos en la izquierda obligan a los ‘populares’ a mover ficha planteando renuncias inimaginables la noche del 26-M

El futuro político de los Gobiernos que pasaron por las urnas el 26-M es impredecible y las pocas mayorías absolutas se salvan en estos momentos de incertidumbre. La victoria socialista puede saltar del amargo al dulce en cuestión de unas pocas semanas. Y los críticos con la euforia con que Pablo Casado apareció a las puertas de Génova la noche electoral acompañado de sus candidatos a la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid tenían razón; no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo.

Eso no quiere decir ni mucho menos que el PSOE vaya a hacer efectivas cada una de sus mayorías y el PP deba darlo todo por perdido, pero las cosas están resultando ser más complicadas que la mera suma por bloques. En un panorama tan fragmentado y con tantas variables a considerar, el de los pactos va a ser un juego de estrategia donde ganará no el que tenga más participantes sobre el tablero, sino el que sepa aprovecharlos mejor.

Albert Rivera no ha logrado el ansiado sorpasso al PP, pero está en mejores condiciones que en 2015 de jugar un papel decisivo en la conformación de mayorías. Tanto como para verse tentado por el poder en una puja al alza entre populares y socialistas, una circunstancia nueva para él y que merece consideración. Porque, en el intercambio de favores, puede encontrarse al frente de algún territorio clave de forma sobrevenida que le permita por fin gobernar. Si no, se pasará cuatro años haciendo el papel de segundón y corre el riesgo de encasillarse.

Giro de guión

En Ciudadanos han creado una comisión de pactos y dicen que tomarán decisiones caso por caso poniendo condiciones para justificar su propio giro de guión, como exigir a los socialistas que quieran su apoyo renegar de Pedro Sánchez, una ocurrencia que ni en el PSOE ni en el resto de formaciones políticas se toman demasiado en serio.

Frente a la aparente calma, algunos de los protagonistas implicados empezaban esta misma semana a tomar posiciones. Como Francisco Igea, que no tendría mayor inconveniente en permitir la investidura de un socialista en Castilla y León después de más de tres décadas de Gobierno popular, o Begoña Villacís, que sueña con ser la Birgitte Nyborg de Borgen, serie danesa aclamada en su día por Albert Rivera donde la actriz Sidse Babett Knudsen da vida a la primera ministra que llegó al palacio de Christiansborg siendo tercera fuerza.

Lo cierto es que todos están ya en tiempo de descuento. Los Ayuntamientos se constituyen el 15 de junio y en las Comunidades no hay un mismo calendario pero, tomando la de Madrid como referencia, los partidos han de presentar candidato o candidata antes del día 26 y, el 3 de julio como muy tarde, se celebrará el pleno de la investidura. Esta última fecha, sin embargo, no implica mayor margen de negociación; la política de trueque que se está barajando en regiones y consistorios provoca interrelaciones en todos los sentidos y direcciones posibles con un único común denominador: Ciudadanos.

La tendencia natural de Albert Rivera o coincidencia programática, que dicen en su partido, es pactar con el PP. Sin embargo, corre dos peligros fundamentales: quedar a la sombra de los populares perdiendo posiciones en su batalla por el liderazgo en la derecha y permitir que Vox entre en instituciones tan importantes como los gobiernos de Aragón, Murcia y Comunidad y Ayuntamiento de Madrid.

El escollo de Vox
Lograron convencer a sus socios liberales europeos de que en la Junta de Andalucía no se vieron contaminados por la ultraderecha, que sólo se sentó a negociar con el PP y que no entró en el Ejecutivo. Pero ahora les va a resultar muy difícil repetir la fórmula porque, dice Santiago Abascal, “es absolutamente imposible apoyar gobiernos de quien ni siquiera se quiere sentar a dialogar con Vox”.

Por eso, aseguran fuentes conocedoras de los primeros contactos entre partidos, el posible entendimiento con los socialistas vendría de la mano de Luis Garicano, diputado electo en el Parlamento Europeo donde sus futuros colegas tienen muy claro por dónde discurre la línea roja que les separa de la ultraderecha. Por eso provocó tanta inquietud en las filas conservadoras la cena de Pedro Sánchez con Emmanuel Macron en pasado lunes en el Eliseo.

En ese intercambio de “puntos de vista tanto sobre la renovación de cargos en las instituciones europeas”, según Moncloa, se visualizó la búsqueda de alianzas. La que se pretende gestar entre socialdemócratas y liberales para repartirse las presidencias después de que los conservadores hayan perdido su mayoría en Europa y la insinuación de que el presidente español podría haber querido buscar ayuda externa para engrasar la bisagra de Ciudadanos y que gire también a la izquierda.

El flamante líder de Ciudadanos en Estrasburgo ha de formar parte del grupo europeo que le ha puesto un cordón sanitario a la ultraderecha como Vox. / EUROPA PRESS

La independencia de Garicano

No es un verso libre, pero tiene criterio propio y lo hace saber. En Castilla y León se desligó el pasado febrero del comité ejecutivo del que forma parte para apoyar al candidato alternativo, el también vallisoletano Francisco Igea, diputado en el Congreso y miembro como él de la dirección que se cruzó en la estrategia de fichajes de Albert Rivera y su polémica apuesta por la que fuera vicepresidenta de las Cortes regionales, Silvia Clemente.

Tratando de mejorar sus resultados electorales entre los votantes socialistas y populares descontentos, Cs se embarcó en la búsqueda de dirigentes enfrentados a sus direcciones y, para las autonómicas, encontró a una candidata con dos décadas de experiencia en PP sin reparar en que había sido investigada por la Justicia en varias ocasiones aunque sin consecuencias penales.

Su presentación en rueda de prensa acompañada del secretario general, José Manuel Villegas, fue todo un apoyo explícito del oficialismo. Pero eso no desbarató los planes de Igea y su principal apoyo. La mayor fractura interna que hasta ahora había tenido el partido se resolvió a favor del responsable de Sanidad ‘naranja’, que se impuso en las primarias después de denunciar irregularidades y comprobar la Comisión de Garantías y Valores que, en una votación donde Clemente se había impuesto por 35 votos, habían participado 82 militantes menos del total de sufragios contabilizados.

Hoy Igea, de la rama más liberal del partido representada por Garicano, ha sido el primero en declararse partidario de propiciar un cambio de Gobierno en Castilla y León, donde el PSOE ha ganado las elecciones por primera vez en 32 años.

El poder territorial del PSOE y el PP está en manos de la formación naranja, que se encuentra en una posición inmejorable para exigir contrapartidas hasta ahora impensables como que gobierne la tercera fuerza. En Aragón, por ejemplo, Javier Lambán podría mantenerse en el Ejecutivo a cambio de apoyar a Ciudadanos en Zaragoza. O al revés y que fuera Pilar Alegría, próxima a Sánchez, quien se quedara con el consistorio dejando el poder autonómico en manos del ‘ciudadano’ Daniel Pérez. Las opciones no acaban aquí; si Abascal rebaja sus exigencias existiría también la opción de un acuerdo a cuatro bandas de PP, Cs, Vox y los regionalistas del PAR.

Múltiples opciones

En Castilla y León hay varios frentes abiertos; las capitales de provincia de Burgos, Salamanca y Palencia y el propio Gobierno regional. El candidato Igea ha dejado claro, ya desde la campaña, que si por él fuera el PP no repetiría al frente de la Junta. Pero la última palabra la tiene la dirección nacional con su comisión de pactos y, aunque el ganador de las elecciones ha sido el socialista Luis Tudanca, se trata de un reconocido sanchista y resulta de más difícil digestión para Ciudadanos.

La ventaja de esta Comunidad frente a la Región de Murcia es que Vox no es un problema para que Rivera considere la opción más probable; a la suma de populares y naranjas no les hace falta el diputado del partido de ultraderecha. Pero en Murcia sí, aunque el bloque de derechas sólo necesitaría uno de los cuatro que ha logrado la formación de Abascal y no estaría en condiciones de exigir su entrada en el Ejecutivo.

Madrid, Madrid, Madrid
Todas estas posibilidades quedan en suspenso hasta que hable Madrid. Los socialistas quieren entrar en el Gobierno de Madrid, los populares quieren regresar al Ayuntamiento de Madrid y los ‘naranjas’ quieren tocar poder en Madrid. De Madrid parten todos los caminos hacia el resto de comunidades y ayuntamientos en liza y en Madrid se amplifican los poderes, el del Ejecutivo central y el de la oposición.

A diferencia de Ignacio Aguado, Begoña Villacís no puso vetos al PSOE antes del 26-M y tampoco lo ha hecho ahora. Los socialistas saben que quiere ser alcaldesa y Pepu Hernández, que insiste en que su afán es frenar el avance de Vox, ya le ha regalado los oídos con una advertencia: las derechas liberales europeas están aislando a la extrema derecha. Un recordatorio que en el PSOE y el Gobierno en funciones, sea José Luis Ábalos o sea Carmen Calvo, añaden a cada valoración sobre los pactos que han de venir.

A esta ecuación le faltan varios factores. Uno de ellos es el tercer partido necesario para que Villacís sea alcaldesa. Descartados PP y Vox, sólo queda Más Madrid, impensable hasta hace unos días; sin abandonar la opción de Manuela Carmena –ella misma dice que, si no hay acuerdo, la ley electoral le permitiría ser investida por haber sido la más votada–, Íñigo Errejón ha reconocido estar en conversaciones con el PSOE y, de manera indirecta, con Cs.

El otro factor es el Gobierno de la puerta del Sol. La izquierda haría alcaldesa a la candidata de Ciudadanos si su partido permite la investidura de Ángel Gabilondo, con un Ejecutivo monocolor del PSOE que hiciera más fácil la concurrencia de los otros dos partidos en el acuerdo.

Siendo la Comunidad de Madrid una pieza de caza mayor y para no desmerecer el Ayuntamiento, otra opción es que la alcaldía de la capital pase a manos de la formación naranja a cambio de que Rivera permita a los socialistas acceder a los gobiernos de Castilla y León y Murcia.

Son tantas las opciones para Cs y es tan grande el escollo que representa el partido de Santiago Abascal que el PP, viendo la dificultad de repetir el pacto andaluz a dos bandas sin la incómoda concurrencia de la ultraderecha en el Gobierno, ha pasado de la euforia excesiva de la noche electoral a la preocupación razonable del periodo de negociación. 

Cuenta El Periódico que, tras el inicial no rotundo del secretario general del PP, Teodoro García Egea, al apoyo de los conservadores a Villacís, la evolución de los acontecimientos ha obligado a los populares a reconsiderar su postura y entender que Cs no va a entregarles la llave de todos los gobiernos sin recibir nada a cambio. Sobre todo cuando se ha planteado una opción progresista que, descartada de inicio por la formación de Rivera, es lo suficientemente atractiva como para madurarla y en Europa no resulta conflictiva como sí lo sería dar mayor oxígeno institucional a Vox.

En el Comité Ejecutivo Nacional del PP, Pablo Casado planteó su segunda crisis electoral como una oportunidad para sobrevivir como líder de los conservadores porque la suma de las tres derechas le concedía cuatro años de oposición real en dos bastiones territoriales clave. Y si grave es para su supervivencia perder el Ayuntamiento de la capital, más lo sería perder esa y otras plazas con las que ya contaba.

De momento, Albert Rivera se deja querer. Dejando algunas puertas abiertas y sin renunciar a optimizar sus condiciones en la oposición durante los cuatro años que tiene por delante para intentar mejores gestas electorales. Con todo un mapa político por dibujar, la batalla de la estrategia empieza ahora.

Carrizosa, portavoz parlamentario de Cs en el Parlament, ha renunciado a presentarse a las primarias para ser candidato a la Generalitat. / EUROPA PRESS

Cataluña, desnortada

Está por ver que el salto de Inés Arrimadas al Congreso le haya merecido la pena a Ciudadanos. No fue suficiente para dar el sorpasso al PP el 28-A y aún hay que esperar para conocer su recorrido como portavoz parlamentaria en la Cámara baja. Pero lo que ya se ha podido comprobar es que Ciutadans, la cuna del partido, el espaldarazo a Albert Rivera en el resto de España con la victoria en número de votos en las últimas catalanas, ha quedado desnortado.

Mientras su cara más visible, Manuel Valls, es un independiente que va regalando sus votos a Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona, el liderazgo no acaba de definirse –de momento reside en su portavoz parlamentario, Carlos Carrizosa, pero no se presentará a las primarias– y los resultados electorales no avalan los alcanzados el 21-D porque, si bien Cs ha crecido en las cuatro provincias catalanas respecto a los comicios de 2015, el 8% de votos en las municipales queda muy lejos del resultado del 21-D.

Cuenta La Vanguardia que estos datos, tras la tendencia a la baja registrada el 28-A, han hecho saltar las alarmas entre simpatizantes y cuadros del partido, que llevan tiempo alertando de los problemas ante la “pasividad” de la cúpula y su discurso “triunfalista” y así lo manifestaron tras el 26-M varios diputados de la formación naranja en la reunión semanal del grupo en el Parlament. Según el periódico, preocupan estrategias como la de aislar al PSOE, que consideran que puede ser útil en lugares como Madrid pero no en Cataluña, donde buena parte de sus afiliados y cuadros más veteranos proceden de la órbita de partidos (el PSC) o posiciones ideológicas socialdemócratas.