Tribuna / José Manuel Aguilar de Ben Tiempos de hoy

-

 
   

 Nº 1294. 17 de mayo de 2019

- - --

Tribuna / José Manuel Aguilar de Ben        

Una nueva Europa en un mundo nuevo

Hay que fortalecer, que no fortificar, y desarrollar la Europa en común que se ha institucionalizado en los últimos 75 años desde la II Guerra Mundial. Y ello pese a que la Constitución Europea que aprobamos en referéndum hace ya 15 años otorga al Consejo Europeo de los jefes de gobierno de los Estados miembros excesiva exclusividad

Acabamos de celebrar el pasado 9 de mayo, el Día de Europa, conmemorativo de la Declaración Schuman de 1950, que este año ha tenido una mayor significación por ser año de elecciones al Parlamento Europeo, el próximo 26 de mayo. 400 millones de electores europeos. Los 751 eurodiputados elegidos habrán de ratificar la designación del próximo presidente de la Comisión Europea que propongan los jefes de gobierno de los Estados nacionales miembros en el Consejo Europeo teniendo en cuenta los resultados electorales de los candidatos de las diversas formaciones políticas del Parlamento Europeo.

En Europa aún estamos lejos de elegir por sufragio universal directo al jefe del gobierno europeo, al presidente de la Comisión Europea. Para llegar a ello habrá que seguir desarrollando muchas más políticas e iniciativas económicas y culturales paneuropeas. Europa nunca será unos Estados Unidos de Europa, entre otras cosas porque aún siete de sus 28 miembros son reinos, frente a las 21 repúblicas. O los reinos de la UE terminan como en la democrática Unión India por  limitar el estatus de los antiguos marajás, o seguirán surgiendo mas ‘brexits’ y más nacionalismos, nacionales o regionales, incluso cantonales o insulares.

El complejo desarrollo institucional de la Unión Europea hace que los electores que participan en las elecciones europeas lo hagan más por criterios ideológicos de los partidos nacionales, que se agrupan a nivel europeo, que por la personalidad, historial y propuestas programáticas de los candidatos, principalmente de los cabeza de lista. Por otra parte, los partidos políticos que hacen las listas a las elecciones europeas pocas veces eligen a sus candidatos por su experiencia europea, más allá de la nacional o regional. Muchas veces sólo recolocan a fallidos o descolocados políticos de sus filas, que rara vez tienen luego un papel significativo en la Eurocámara en Estrasburgo o en Bruselas.

Las elecciones europeas en España no sólo cuentan con mucha menos participación ciudadana (un 28%, indica el Eurobarómetro) que las elecciones nacionales, regionales y locales, sino que se informa mal y debate poco sobre el presente y futuro de Europa, y se hace en exceso en clave nacional en lugar de con perspectivas paneuropeas.

Un 80% de los ciudadanos europeos cree que es más importante lo que nos une que lo que nos separa, pese a las diferentes lenguas y tradiciones locales y nacionales. La riqueza del multiculturalismo europeo no puede ser olvidada ni destruida por las reafirmaciones nacionales que llevaron a Europa a tantas guerras entre Estados en el pasado.

Hay que fortalecer, que no fortificar, y desarrollar la Europa en común que se ha institucionalizado en los últimos 75 años desde la II Guerra Mundial. Y ello pese a que la Constitución Europea que aprobamos en referéndum hace ya 15 años, otorga al Consejo Europeo de los jefes de gobierno de los Estados miembros, excesiva exclusividad, restrictivas prácticas de sus deliberaciones y una limitativa regla de la unanimidad que impide tomar ciertas decisiones con más celeridad, en particular con respecto a la política exterior común.

Vivimos en un mundo geopolítico y geoeconómico nuevo donde el poder económico, por sus recursos naturales o su población, de los Estados autoritarios tiende a desplazar a los Estados  miembros de Naciones Unidas con democracias más o menos avanzadas.

Es un mundo nuevo. Rusia y China están jugando cada vez un papel más preeminente, con economías abiertas pero sistemas políticos estatales únicos. India y Brasil, como Indonesia o Sudáfrica, son grandes democracias, independientemente de que nos gusten o no las políticas que desarrollan. Los Estados Unidos de América ya están siendo muy influenciados por esos Estados más autoritarios, y la Unión Europea tendrá que aprender también a tratar con esta nueva realidad internacional mejor de lo que se ha hecho hasta ahora.

La nueva Europa necesita consolidar el multilateralismo global con una nueva estrategia geopolítica internacional y unas más desarrolladas instituciones europeas, incluso reformando la Constitución de UE y la Constitución española del 78 para incluir a la UE. En la administración económico-financiera de la UE, con un presupuesto europeo único y políticas fiscales comunes además de las monetarias que sustenten al euro. Más consistentes políticas comunes, de la agricultura y pesca, del cambio climático a energías renovables, desde la cohesión social a la unificación militar, desde lo científico y las nuevas tecnologías digitales con redes sociales propias, a la movilidad intereuropea, y más cooperación en las fronteras exteriores de la Unión, y políticas migratorias comunes. La Unión Europea necesita consolidar la cooperación al desarrollo existente con las ACP y las estructuras institucionales comunes con la Unión Africana, además de las bilaterales entre Estados europeos y Estados africanos.

Las instituciones comunitarias europeas y las políticas comunes europeas necesitan una renovación, un renacimiento europeo, y prepararse para liderar en libertad el avance democrático y de los principios que lo sustentan en este mundo nuevo.

Los electores en la circunscripción única de España, en las elecciones europeas del 26 de mayo, necesitan estar bien informados, del proyecto europeo, de sus nuevos desafíos, y de las propuestas de futuro de los candidatos a eurodiputados, 75 años después del Desembarco de Normandía, que hizo posible esta Europa nuestra.

 

Firma

Economista político internacional

-

-

-