El hundimiento de Casado Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1292. 1  de mayo   de 2019

- - --

Política / V. M.

Su vuelta al aznarismo fracasa y Rivera le pisa los talones

El hundimiento de Casado

El peor resultado de su historia. 66 diputados. Menos de la mitad de los 137 obtenidos en las últimas generales. Y no dan para sumar con Ciudadanos y Vox. La división de la derecha en tres ha desgajado el alma de los ‘populares’ hasta el punto de suponer una seria amenaza. Por la irrupción en el Congreso de Santiago Abascal, importante pero menor de la temida, y sobre todo, por el ascenso de Ciudadanos, que con 58 escaños está en condiciones de poner en serio peligro la continuidad histórica del Partido Popular.

-
Casado reconoce la derrota pero dice que buscará pactos electorales para el 26-M. / PP

El gallego Alberto Núñez Feijóo ha subrayado que la suya es la única autonomía donde Vox no ha conseguido representación parlamentaria   Para librar la batalla electoral Albert Rivera tiene antes que ganar, ahora de forma más nítida, la guerra en la derecha

Hundimiento histórico del Partido Popular. Desde la refundación de 1989 la derecha no había obtenido un peor resultado electoral. Sus 66 diputados, 71 menos de los obtenidos por Mariano Rajoy en 2016, han dejado noqueada a una formación acostumbrada a mayorías absolutas que presumía de ser el partido con más afiliados y mayor implantación territorial.

Ahora, Pablo Casado ha llevado a su formación al borde del abismo. Ciudadanos le pisa los talones a escasa distancia –les separan un 0,84 por ciento del voto– y por comunidades autónomas el PP desaparece del País Vasco, pierde su representación en Ceuta, en Cataluña sólo conserva un escaño y en Madrid la formación de Albert Rivera logra el sorpasso, por citar algunos ejemplos que dan idea de la envergadura de su fracaso electoral.

En su primera comparecencia con cerca del 100 por cien escrutado el gran derrotado del 28-A ha reconocido los malos resultados y ha buscado excusas en la fragmentación del voto y la ley electoral, pero no ha dado ni un solo indicio de que vaya a asumir responsabilidades políticas que, con las elecciones municipales, autonómicas y europeas a la vuelta de la esquina, tampoco le van a pedir en un partido por otro lado yermo de voces críticas. Sólo se ha intuido la única y previsible; el gallego Alberto Núñez Feijóo, el único dirigente popular que en medio de la derechización de su partido seguía apelando a la moderación con la libertad que le da ser el único barón del PP que gobierna con mayoría absoluta, ha subrayado que la suya es la única autonomía donde Vox no ha conseguido representación parlamentaria.

Así y a pesar del estrepitoso fracaso, Casado comparecía en una rueda de prensa sin preguntas para anunciar que trabajará para liderar el espacio de centro derecha –un concepto que repitió de manera constante en su discurso y que los primeros análisis atribuyen a una posible redefinición de una estrategia tan escorada que linda con la de Vox– tratando de buscar acuerdos preelectorales para el 26-M Albert Rivera y Santiago Abascal porque “la fragmentación del voto ha favorecido el Gobierno de Pedro Sánchez” con aquellos que quieren romper la “unidad y concordia” de este país.

Rivera, la alternativa

“Este sigue siendo un gran partido que se crece ante las dificultades”, dijo antes de abrazarse con Adolfo Suárez Illana, Teodoro García Egea y el resto de miembros de su comité de dirección y su lista por Madrid. Al mismo tiempo y sin prestar atención a lo que ocurría en el interior de Génova 13, Albert Rivera se presentaba ante los simpatizantes congregados a las puertas de la sede naranja en la calle Alcalá para anunciar que en Ciudadanos “vamos a liderar la oposición”.

El partido naranja ha obtenido 57 diputados, 25 más que los alcanzados en 2016 y a sólo nueve escaños del PP. Apelando a que la suya es la formación que más ha crecido en estas elecciones, el catalán se ha arrogado el papel de control de un Gobierno que, como viene repitiendo en campaña, dice que va a dar cabida a aquellos que quieren romper España. Y, por supuesto, ha descartado que vaya a hacer posible la investidura de Pedro Sánchez. Rivera ha alcanzado una posición preferente frente a las fuerzas de izquierda y también frente a las derechas. Con un discurso tan duro como el de PP y Vox en materia territorial y fiscal pero sin el componente conservador que le ha permitido pescar algunos votos en el caladero del centro político.

En 2019, como en 2015 y en 2016, Ciudadanos es una opción a considerar en el PSOE y en el PP. Pero ahora tiene un poder que no tenía entonces. Y para librar la batalla electoral tiene antes que ganar, ahora de forma más nítida, la guerra en la derecha.

El accidentado viaje al aznarismo

Llegó a la presidencia del PP a finales del pasado mes de julio y, desde entonces, Pablo Casado se ha pasado mitad de su tiempo político en la carretera, embarcado en una de las cuatro vueltas a España con las que presentarse ante militantes y simpatizantes del PP que aún intentaban recobrarse de la moción de censura de Pedro Sánchez, y en el pleno de Congreso, desde donde vino reclamando una y otra vez la convocatoria de elecciones generales. En el camino, el líder conservador demostró que lo que prometió en unas primarias que ganó por sorpresa, iba a ser su santo y seña político; la recuperación de los principios y los valores del PP “sin complejos”.

La drástica bajada de impuestos, la eliminación de la ley de memoria histórica o la revisión de la ley del aborto han endurecido el discurso del PP de Casado que, fundamentalmente, se ha centrado en defender la unidad de España frente al separatismo catalán en una escalada verbal que le ha enfrentado a Pedro Sánchez pero también a Ciudadanos y a Vox, los otros dos partidos con los que se ha estado disputando la bandera rojigualda y el cetro de la derecha.

El tono se viene elevando de manera progresiva desde el 2 de diciembre; los doce diputados autonómicos conseguidos por la formación de Santiago Abascal tras las elecciones andaluzas arrastraron al PP en el fondo y en la forma de una estrategia política que Casado puso en manos de antiguos aznaristas. Vox logró marcar la agenda política y mediática durante la negociación de la investidura del popular Juan Manuel Moreno Bonilla como presidente de la Junta y, desde entonces, el PP ha ido a rebufo del partido de ultraderecha en asuntos tan extemporáneos como los toros o la Semana Santa.

El efecto Vox

Casado fue claro en campaña; le dijo a los futuros votantes de Vox que “no tienen ninguna razón para no votar al PP”. También declaró en una entrevista en esRadio horas antes del cierre de campaña que “Vox o Ciudadanos, tengan diez escaños o tengan 40, van a tener la influencia que ellos quieran tener para entrar en el Gobierno o para decidir la investidura o la legislatura”.

El líder del PP había hecho todo lo posible para parecerse a los que ni siquiera habían llegado a las urnas. Y aunque suponían para él y para su partido un peligro, vendió la piel del oso antes de cazarlo abriéndoles las puertas de un eventual Gobierno que no será, pero cuyo mero planteamiento ha animado la alta participación que tradicionalmente ha beneficiado a la izquierda.

Mientras, Vox celebra sus 24 diputados y el 10,3 por ciento del voto porque, a pesar de no cumplir con sus altas expectativas, suponen una fuerte entrada en el Congreso. “La resistencia ya está aquí”, clamaba en una primera valoración del resultado su secretario general y diputado electo, Javier Ortega Smith.

Después era Santiago Abascal quien, rodeado de su núcleo duro y ante los simpatizantes congregados en la plaza de Margaret Thatcher de Madrid, clamaba contra la “derechita cobarde” y la “veleta naranja” que habían demostrado su “incapacidad” para expulsar al Gobierno del “frente popular”, demostrando también muy poca receptividad a los pactos preelectorales que pretende Casado y que tampoco encontró antes del 28-A.

O logra el líder del PP bajarle los humos a Rivera y a Abascal en menos de un mes o corre serio peligro de que él o incluso su partido acaben viéndole las fauces a la irrelevancia política.

Casado quiere centrarse

Ataques a Pedro Sánchez y mano tendida a Ciudadanos y claros guiños estratégicos y programáticos a Vox. Estas fueron las claves de la campaña electoral de Pablo Casado y hay consenso en que también fueron las razones del histórico hundimiento del PP.

Los críticos con la derechización del partido lo tuvieron claro desde que comenzó el recuento la noche electoral y, tras dedicarle un día a la reflexión, también su presidente. El martes, dos días después de la debacle electoral, reunía en Génova, 13 al Comité Ejecutivo Nacional cuyos miembros, a su llegada a la sede nacional de la formación conservadora, iban deslizando algunas de las palabras claves que manejaron durante la reunión y que el propio Casado hizo propias: centro político y moderación.

Después de que Alberto Núñez Feijóo y Juan Manuel Moreno Bonilla, los dos barones con más peso político y territorial del PP, dijeran a su llegada a la cita que “hay que ensanchar el partido” para volver a ser un “punto de encuentro entre muchas sensibilidadades” y que “los proyectos de mayoría se hacen desde posiciones de centro”, el gran derrotado del 28-A dejaba claro que se había dado por aludido.

Según su declaración ante el máximo órgano del partido, Casado ha entendido que la primera batalla que ha de librar es la de la derecha y, después de haber apelado la noche electoral a los pactos preelectorales de cara al 26-M, llamó a Vox extrema derecha y, a Ciudadanos, socialdemócratas disfrazados de liberales.

En el centro, el PP. Ese es el mensaje que repetirán desde la formación conservadora de aquí a las municipales y autonómicas del 26 de mayo. Lo repetirán hasta en el lema, Centrados en tu futuro. Y para convencer al electorado de que han hecho autocrítica y asumido responsabilidades han apartado a Javier Maroto y a Teodoro García Egea del panel de mando de la campaña situando al frente de las autonómicas y municipales a Cuca Gamarra, vicesecretaria de Política Social y alcaldesa de Logroño –cabe recordar que apoyó a Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias del PP– y, a cargo de las europeas, a Isabel García Tejerina, vicesecretaria de Sectorial –ella procede de la cuota de María Dolores de Cospedal–.

Tras reconocer que el resultado electoral “ha sido muy malo”, Casado aseguró en la posterior rueda de prensa que su partido “ha tomado nota” del mensaje de los electores y se mostró confiado en la “remontada” por ser, aseguró, “la única alternativa a la izquierda”. “Querían intentar sorpasarnos y no lo han conseguido”, dijo en referencia a Ciudadanos, y a Vox le acusó de tener como único objetivo “socavar la base electoral del Partido Popular”.

Ya no hay manos tendidas en el PP. Ha llegado el invierno a la derecha española y la guerra de los tres reinos por el trono de hierro acaba de empezar.