Sin Maldad / José García Abad Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1289. 12  de abril   de 2019

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Sin Maldad / José García Abad

Retórica salvaje para unas elecciones decisivas

EUROPA PRESS

Creo no exagerar si sostengo que en España no hemos celebrado unos comicios de tanta trascendencia desde las primeras elecciones democráticas, la de las constituyentes del 15 de  junio de 1977, que enhebraron un pacto histórico, un compromiso realista entre vencedores y vencidos en nuestra Guerra Civil para liquidar el franquismo sin sangre. Sólo con papeletas.
El día 28 no nos jugamos la democracia ni habría riesgo de guerra civil, pero si gana la coalición de los partidos que hoy se apretujan en la derecha extrema este país pasará el Rubicón que ya han atravesado los Salvini, Orban, Kurz y compañía del Danubio y de más allá del Danubio, en un revisionismo de los profundos valores democráticos que en Europa dábamos por definitivamente consagrados desde la victoria aliada en la II Guerra Mundial.

He comparado la trascendencia de estas elecciones con las del 15 de junio de 1977, pero no dejo de pensar en los comicios del 19 de noviembre de 1933 en la II República, que ganó la derecha. Algo muy importante hemos aprendido los españoles desde la Guerra Civil, que como decía Pío Baroja –cito de memoria–, “con sangre no se puede hacer nada bueno, salvo morcillas”.

Nos jugamos mucho el 28 de abril. Por primera vez desde la aprobación de la Constitución existe peligro de involución. Una involución populista, por llamarla de alguna forma,  incruenta pero no indolora, que ya se ha hecho con algunos gobiernos del este de Europa; un proceso a lomo de las urnas, y no por los tanques como acostumbraban, pero de tremendas consecuencias.

Creo no exagerar si sostengo que en España no hemos celebrado unos comicios de tanta trascendencia desde las primeras elecciones democráticas, la de las constituyentes del 15 de  junio de 1977 que enhebraron un pacto histórico,   un compromiso realista entre vencedores y vencidos en la Guerra Civil que liquidó el franquismo sin sangre. Sin más armas que las papeletas.

Nunca en estas cuatro décadas de democracia habíamos sufrido en campaña electoral proclamas tan salvajes que, podemos decir sin sectarismo alguno, están procediendo mayormente de la derecha y, de forma especialmente escalofriante, del Partido Popular. Una deriva sorprendente en un partido que se había turnado en el poder en buena ley con el PSOE en los 40 años constitucionales cuyos festejos acabamos de celebrar.

Se han dicho muchas burradas electorales por unos y por otros a lo largo de este lapso de tiempo pero pocas del calibre de la dirigida por Pablo Casado a Pedro Sánchez a quien acusó de “preferir las manos manchadas de sangre que las manos pintadas de blanco”.  O, en un tono algo menor, Albert Rivera, que proclama que echar a Sánchez es una cuestión de emergencia nacional, declaraciones más fuertes que las pronunciadas por el mismísimo Abascal, el dirigente del partido de la ultraderecha.

Una ultraderecha más nacionalcatólica que falangista

La de Vox es una ultraderecha sui géneris, que a diferencia de la que hemos sufrido en los años treinta, imbuida de exaltación patriótica de inspiración fascista, se basa ahora en planteamientos de radicalismo ‘neocon’, del liberalismo económico más salvaje inspirado por Donald Trump y patrocinada por Steve Bannon, personaje estrafalario donde los haya, despedido por el propio presidente estadounidense de su gabinete ideológico por escasa consistencia, que trata ahora de recomponerse como ideólogo de la nueva extrema derecha europea.

Vox no ha heredado su bagaje ideológico de la Falange, que llevaba debajo del brazo en alto la revolución pendiente de José Antonio Primo de Rivera, un partido que ostentaba entre sus postulados la nacionalización de la banca, el desmontaje del capitalismo y la equidistancia entre la derecha y la izquierda. Santiago Abascal parece inspirarse más bien en el nacionalcatolicismo, que fue el verdadero sustento ideológico del régimen de Franco combinado con el neoconservadurismo económico sin patria ni corazón.

Las elecciones del próximo 28 son casi tan trascendentes como las constituyentes de la restauración democrática de 1977. Ciertamente, desde entonces han cambiado muchas cosas en España. Entonces pugnaban los que trataban de hacer una Constitución que garantizara la democracia sin adjetivos, al estilo de Francia, Alemania o el Reino Unido, como la UCD de Adolfo Suárez, el PSOE de Felipe González y el PCE de Santiago Carrillo, y aquellos que intentaban mantener el régimen de Franco con algunos cambios cosméticos, como postulaba la Alianza Popular de Manuel Fraga.

La victoria de UCD, el centro, en aquellas elecciones y el liderazgo de Adolfo Suárez, que asumió los mayores riesgos con el paraguas del rey Juan Carlos y el realismo de González y Carrillo, permitió el desmontaje de la dictadura, un proceso que superaría su prueba de fuego tras abortar el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Si ganara la trinidad no santa…

Mucho me temo que si ganara la ‘triderecha’ no se produciría como es normal en democracia la sana alternancia en el ejercicio del poder, que para eso la inventaron los griegos.

El día 28 no nos jugamos la democracia ni habría riesgo de guerra civil, pero si gana la coalición de los partidos que hoy se apretujan en la derecha extrema este país pasará el Rubicón que ya han atravesado los Salvini, Orban, Kurz y compañía de más allá del Danubio en un revisionismo de los profundos valores democráticos que en Europa dábamos por definitivamente consagrados desde la victoria aliada en la II Guerra Mundial.

He comparado la trascendencia de estas elecciones con las del 15 de junio de 1977, pero no dejo de pensar en los comicios del 19 de noviembre de 1933 que, en la República, ganó la derecha. Algo muy importante hemos aprendido los españoles desde la Guerra Civil, que como decía Pío Baroja –cito de memoria–, “con sangre no se puede hacer nada bueno, salvo morcillas”.

Me remonto hasta noviembre de 1933 como anécdota histórica que, aunque irrepetible, no hay que despreciar. Como se sabe, a los pocos meses de aquellos comicios que dieron la victoria a la derecha monárquica de la CEDA de Gil Robles, inspirada y apoyada por la Asociación Católica Nacional de Propagandistas de Herrera Oria, se inicia la crisis de la República; con la sublevación de Asturias y las terribles represalias contra los socialistas y sindicalistas sublevados; así como la  proclamación de la independencia de Cataluña por Lluís Companys; el triunfo del Frente Popular y, finalmente, la Guerra Civil.

 

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Colaboradores

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Abad

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Firma

Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

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