Casado se deshace de la ‘derechita cobarde’ Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1287. 29  de marzo de 2019

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Política / Virginia Miranda

Revolución en la futura bancada ‘popular’

Casado se deshace de la ‘derechita cobarde’

Un gurú ultraliberal, varios símbolos contra ETA y el independentismo catalán, otro de la Transición frente la memoria histórica, un torero, un par de tertulianos y un buen número de fieles sin los que no hubiera sido posible su proclamación como presidente del PP. Pablo Casado se ha hecho acompañar al 28-A por un equipo de personas que defienden sin complejos las ideas fuerza con las que el PP enfrenta un doble reto electoral: ganar a la izquierda y vencer en la derecha. El líder conservador ha sacrificado la voluntad de integración y, con ella, al marianismo que aún resistía en el Congreso. Como dice Aznar, a este partido ya no hay quien le diga a la cara eso de “derechita cobarde”.

Casado acaba de presentar a sus candidatos por Madrid, donde están representados todos los perfiles de la estrategia del PP para las elecciones. / EUROPA PRESS

La huella aguirrista la encarna Lacalle, ideólogo de una agresiva bajada de impuestos y de un recorte del gasto público   Suárez Illana, símbolo de la Transición frente a la memoria histórica, ha comparado el aborto con prácticas neandertales

No ha inventado nada nuevo. En las primarias de los partidos siempre hay un ganador y, dependiendo de lo duro que haya sido el ascenso, así es la caída de los adversarios. Pablo Casado encontró un atajo en la segunda vuelta; se benefició de la guerra enquistada entre sus dos competidoras. Tras ganar por unos cientos de votos en el Congreso extraordinario del pasado julio habló de integración y, llegado el momento de los primeros cambios, se comprobó que su voluntad era meramente estética y fue cuestión de tiempo que el sorayismo, la herencia más fiel del marianismo, acabara desapareciendo.

En el Comité de Dirección, en la Ejecutiva Nacional, en las portavocías parlamentarias, en Génova y, ahora, en las listas electorales. Los apoyos de Soraya Sáenz de Santamaría, la mayoría puntales de los siete años de Gobierno de Mariano Rajoy, ya son historia. O no han contado con ellos o se han despedido antes de que les echen. Ni siquiera se ha sentido ya obligado el líder del PP con María Dolores de Cospedal y Dolors Montserrat, cuota de la exsecretaria general, no volverá a ser portavoz del grupo popular en el Congreso porque ni siquiera va en las listas. Ahora, lo mejor que le puede pasar es ir en la lista al Parlamento Europeo que, con el Senado, se ha convertido en el rincón de los caídos, como Fernando Martínez-Maillo o Rafael Hernando.

Ante las críticas –ni muchas ni muy ruidosas–, Casado insiste en subrayar que hay listas para todos. Pero ni todas las listas tienen el mismo peso político ni los puestos de salida han estado nunca tan reñidos como para el 28-A y el 26-M. El PP tiene 134 escaños en la Cámara baja y hay encuestas que prevén 75. La mayor definición de Ciudadanos como alternativa de voto en la derecha y la irrupción de Vox explican esta previsible caída y también la estrategia del PP para los comicios que vienen, tan desacomplejada en el fondo como en las formas.

Los conservadores concurren a estas elecciones con algunas ideas fuerza, como la revolución fiscal, el 155 en Cataluña o la memoria de las víctimas de ETA frente a la memoria histórica. Y tan importante está siendo el mensaje como las personas que lo defienden.

Con reseñables y anecdóticas excepciones como la de Ana Pastor o José Antonio Bermúdez de Castro, las listas al Congreso, donde Casado ha emprendido una auténtica revolución para hacerse un traje a medida, están encabezadas por casadistas de primera vuelta, como el vicesecretario de Organización y jefe de campaña, Javier Maroto, o el número dos del PP, Teodoro García Egea; y por los de segunda, como los antiguos cospedalistas Isabel García Tejerina y Rafael Catalá.

También están aquellas personas que, por una u otra circunstancia, portan las banderas ideológicas del PP de Casado, como Teresa Jiménez Becerril, hermana de una víctima de ETA  hasta ahora eurodiputada, Juan José Cortés, padre de la pequeña asesinada Mari Luz y defensor de la prisión permanente revisable, o Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz de la plataforma Libres e Iguales contra el secesionismo catalán que en 2015 dejó su acta de diputada del PP con un sonoro portazo contra la política de Rajoy en Cataluña.

Porque la defensa que hace el líder conservador de la herencia recibida de Aznar y de Rajoy sólo se demuestra en parte. Concretamente, la primera parte. Ahí está Javier Fernández-Lasquetty, que trabajó para el presidente de Faes en Moncloa y en su fundación y ahora es jefe de gabinete de Casado y número diez en la lista por Madrid. O su antiguo fontanero, Carlos Aragonés, que va en el puesto once por delante del torero Miguel Abellán con el que el PP quiere hacer un guiño a un sector del electorado que se les escapa por la derecha hacia Vox.

Toda la carga simbólica e ideológica del PP está precisamente contenida en la lista al Congreso que encabeza Casado. La del Madrid que le vio crecer políticamente y que fue clave en su elección como presidente de los conservadores.

La profunda huella aguirrista la encarna su número cuatro, Daniel Lacalle, un economista ultraliberal ducho en el cuerpo a cuerpo de las tertulias que fichó Esperanza Aguirre en su fallida candidatura a la alcaldía de Madrid y que la nueva Génova rescató para encomendarle un programa económico caracterizado por su agresiva bajada de ingresos y de recorte del gasto público. De la misma cuota es el número siete, Antonio González Terol. Alcalde de Boadilla del Monte y secretario de Política Local, sonó como candidato a las autonómicas de mayo y al que se atribuye haber ‘captado’ a Casado para la causa del partido en su juventud.

En esta misma candidatura aparece Andrea Levy, que deja el Parlament para ser una de las voces contra el secesionismo catalán en Madrid por partida doble; como número seis al Congreso y como número dos de Martínez-Almeida al Ayuntamiento de la capital. El mismo perfil tiene la número cinco, Ana Beltrán, hasta ahora azote del nacionalismo en el Parlamento de Navarra. Del País Vasco proviene también Edurne Uriarte. La politóloga y escritora –su último libro, Feminista y de derechas, se lo presentó Casado el 7 de marzo– es conocida por su faceta de columnista y tertuliana en defensa de las políticas más conservadoras. Es la tercera en la lista encabezada por el presidente del PP.

Sin el mismo protagonismo parlamentario y mediático pero con una gran carga simbólica aparece en el número 9 Mari Mar Blanco, hermana del concejal del PP secuestrado y asesinado por ETA, Miguel Ángel Blanco. Aunque para simbolismo el de Adolfo Suárez Illana.

El hijo del expresidente Adolfo Suárez se sumó al PP ideologizado de Pablo Casado desde el momento de su elección. Abogado de profesión sin más experiencia política que su fracasado intento de ganarle las elecciones autonómicas de 2003 a José Bono en Castilla-La Mancha de 2003, su sola presencia ha ayudado al líder conservador a lanzar dos mensajes clave: que es el PP y no Ciudadanos el partido heredero de la UCD de los años de la Transición y que, frente a la exhumación de Franco del PSOE, los conservadores defienden los valores de “concordia y libertad” que encarnó el primer presidente de la democracia y que ahora dan nombre a una fundación presidida por su hijo y creada por Casado.

En una precampaña tan larga, con tantos partidos y con demasiados anuncios de usar y tirar, el PP ha sucumbido al ritmo que marca Vox en la derecha desde el pasado mes de diciembre. Ahí está el tema del aborto, un asunto sobre el que los conservadores manejan dos versiones: la más dura, que atribuyen a unas posiciones personales con las que esperan conectar con el electorado que mira con buenos ojos a Santiago Abascal, y la más neutra, cuando a renglón seguido aseguran que no reformarán la ley si resulta avalada por el Tribunal Constitucional. Suárez Illana se ha estrenado elevando el tono para asegurar que los neandertales también lo usaban; esperaban a que naciera el bebé “y le cortaban la cabeza”. Algo que, añadía en Onda Cero, se asemeja a una reciente ley de Nueva York. Horas después, el tique electoral de Casado se veía obligado a rectificar después de que un despacho de la ciudad norteamericana se pusiera en contacto con él para desmentirle.

Ideología liberal conservadora sin complejos ni pelos en la lengua. Así serán los halcones de la bancada popular que resulte de las elecciones del 28-A. El orgullo de José María Aznar, que se siente “identificado” con el partido en el que aún milita con Pablo Casado “al frente”. Lo ha dicho en un acto de precampaña en Valencia, donde ha pedido concentrar el voto de la derecha en el PP iniciando un duelo de testosterona con el líder de Vox. “A mí, mirándome a la cara, nadie me habla de una derechita cobarde” porque “no le aguanta la mirada”, espetó. “Cuando quiera”, le ha contestado en Twitter la candidata de Vox en Vizcaya. Menos mal que los populares no se han dejado llevar por la fiebre de las armas.