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 Nº 1280. 8 de febrero de 2019

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Entrevista / Javier de Benito

Diego Carcedo, periodista y autor de ‘Sobrevivir al miedo’

“Es más difícil el periodismo local que el de guerra”

Diego Carcedo es parte de la historia del periodismo español. Ha viajado por más de medio mundo y ha vivido algunos de los acontecimientos históricos más relevantes de finales del siglo XX. Por ello, ha decidido escribir parte de sus aventuras y peripecias en su libro Sobrevivir al miedo. Carcedo comenzó a trabajar en un diario local de Oviedo hasta que llegó a TVE, donde se incorporó al equipo del programa Los reporteros. Ahí comenzó a viajar por numerosos países donde se enfrentó a situaciones realmente extraordinarias.

FOTOS: ALEX PUYOL

“Me da pena ver que apenas hay quioscos donde comprar el periódico” “Al periodista de ahora se le exige mucho más” “La paz mundial está muy lejos de conseguirse”

En su libro asegura que la pregunta que más le han hecho es si ha pasado miedo…
Sí, permanentemente. Sobre  todo desde que TVE publicó unas imágenes de un bombardeo en Vietnam en las que yo aparecía agazapado. Desde ese momento, mucha gente me ha preguntado si he pasado miedo. Esa pregunta fue la que me indujo a ponerle el título al libro; puesto que el miedo es un nexo común entre los 20 capítulos. No obstante, dudé entre la suerte y el miedo. Y al final me incliné por el miedo.

¿Por qué el miedo y no la suerte?
Pensé: ¿qué hay en común entre todos estos episodios? Hay una gran diversidad geográfica, cronológica, temática… Es verdad que la suerte ha sido una constante en mi vida. He tenido mucha suerte. Pero como realmente he pasado miedo en muchas ocasiones, no lo he perdido nunca y creo que es una constante en la vida de todo el mundo, me decidí por titular por él.

Cisjordania, Uganda, Nicaragua, Filipinas, Vietnam del sur... ha viajado por medio mundo y ha vivido parte de los acontecimientos históricos más importantes de finales del siglo XX. ¿Ha cambiado mucho la política internacional?
Sí, la política internacional ha cambiado. La que yo viví, la actualidad sobre la que yo informé, tanto como enviado especial como corresponsal, era una realidad muy marcada por la Guerra Fría. Por el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Y eso marcaba continuamente la tensión. Por ejemplo, la propia guerra de Vietnam hay que enmarcarla en esa etapa. Y evidentemente todo esto ya no lo vivimos. Pero los problemas siguen. Seguimos teniendo situaciones como la que se vive en Venezuela, en Siria, en Yemen y otras muchas que surgirán, porque la paz mundial está muy lejos de conseguirse.

Le han apuntado con pistolas más de una vez. Volvemos a la pregunta que le plantea todo el mundo: ¿dónde paso más miedo en sus viajes?
Yo creo que en Vietnam. Ahí estuve en tres ocasiones. La última, en la etapa final de la guerra, que fue el cerco a Saigón. Había tiroteos por todas partes, cañonazos, atentados, bombas… Ahí viví momentos de mucho miedo. Como momentos concretos, pasé mucho miedo el día que me marchaba del hotel de Vietnam, cuando un recepcionista me amenazó con una pistola para que soltase los dólares (porque no me aceptaba pagar en piastras). También recuerdo la que viví en Nicaragua, cuando un guardia fronterizo me apuntó con su arma. Pero hubo otras muchas situaciones en las que pasé miedo que no reflejo en el libro. Podría haber escrito 60 capítulos. También pasé miedo en otras situaciones que no tienen que ver con los tiros.

Su viaje a Uganda le trajo problemas con el Gobierno de Franco…
Sí. Parece absurdo, ¿verdad? Todo el mundo tuvo problemas con el Gobierno de Franco en aquella época. Pero no fue culpa mía. Los problemas los ocasionó el propio Amín (el entonces presidente de Uganda), un personaje esperpéntico, absurdo, porque me hizo portador de un mensaje para el “rey Franco”, como él le llamaba. Creía que conocía al dictador. Pero yo no le hice ni caso. Sin embargo, cuando estaba montando el programa, me llamaron del Ministerio de Exteriores muy enfadados, gritándome, diciendo (el propio ministro) que habían recibido una llamada de Franco en la que les informaba de que, a su vez, había recibido un telegrama de Amín en el que aseguraba que él solucionaría el problema del Sahara, algo que ya le había comentado a la televisión española que estuvo en el país africano. Me preguntaron: “¿usted no sabe nada?”. Y al final vino un funcionario de Exteriores a ver el programa y me cortaron la mitad. Sin embargo, TVE aprovechó para venderlo entero fuera de España.

¿Cómo vivió la libertad de expresión en los últimos años del franquismo?
Dentro de España tuve pequeños problemas cuando estaba en Oviedo haciendo información local. Pero bueno, era una época muy tensa con los conflictos de los mineros. En Madrid, tuve un problema fuerte con un reportaje que hice sobre los jubilados de Renfe donde Fraga le dio orden al medio en que trabajaba de que no se publicara nada. Y a partir de ahí, como prueba de mi suerte, fue cuando me enviaron al extranjero. Y ya en otros países el control era mucho menor. No se preocupaban de lo que ocurría fuera. Podías colar muchas más cosas. Hombre, si hablabas de la democracia en Italia pues intentabas que fuese siempre como un desastre. Hablabas de la partitocracia etc. Pero nunca tuve problemas desde el extranjero. Solo en el Sahara. Y lo recojo en uno de los episodios del libro.

¿Qué le lleva a querer jugarse la vida por su profesión?
Yo no me quise jugar la vida nunca. La vida de uno es lo primero. No tengo ninguna vocación suicida. Madera de héroe, nada. Me metí en esta profesión y, en determinados momentos, me tocó cubrir acontecimientos donde el peligro era mucho mayor y yo lo asumí como una responsabilidad. Solo tenía que cubrir bien esas informaciones, lo mismo que hacía en medios locales. Yo he hecho informaciones de todo tipo, menos de toros. Siempre he querido hacer un periodismo riguroso, acercado a la verdad. Bien documentado. Pero nunca lo vi como un mérito especial. También quiero decir que mitificamos el periodismo de guerra, porque por estas peripecias han pasado todos los reporteros que han trabajado en lugares de peligro, pero cubrir otras informaciones a veces es más difícil. La etapa que hice periodismo local en Asturias me dejó un recuerdo de que el periodismo más difícil es el local. Escribías de una calle que estaba llena de baches y a la media hora te encontrabas al concejal en la barra de la cafetería y a la presión que hacía el gobernador civil al medio.

¿Cuál ha sido la faceta más amarga de su profesión?
Quizás sea ver el mal momento que va atravesando ahora mismo. Ver el hundimiento de la profesión, y sobre todo de los medios, ver la confusión a la que está sometido el periodismo actualmente, me da mucha pena. Me afecta ver que casi no quedan quioscos para comprar el periódico. Y los montones de periódicos y revistas se han reducido considerablemente. ¿Es posible que la sociedad  española, cuyo nivel cultural ha aumentado muchísimo, cuya libertad se ha multiplicado, ahora lea menos? Las personas se informan por las noticias de la radio y de la televisión, que está bien porque adelantan las imágenes. Pero si la prensa impresa no estuviera, la información quedará a menos de la mitad. Porque quien profundiza en la información, es la prensa escrita. También me da mucha pena la contaminación que se está produciendo con las fake news y la mala utilización de las redes sociales.

¿Qué diferencias ve entre el periodismo que usted vivió y el de ahora?
El periodismo es el mismo: buscar y desarrollar la noticia. Ahora, hay muchos medios que difunden noticias con muchísima rapidez. Sin embargo, lo importante es el desarrollo que se haga de una noticia. Es importante darla y levantarla, pero hay que profundizar en ella, contextualizarla. En la etapa mía, había una serie de problemas que hoy no existen, como llegar al lugar de la noticia. Siempre se hacía con retraso porque no había tantas comunicaciones aéreas como ahora., ni Internet, ni nada que se le parezca. Muchos de los reportajes se emitían con dos semanas de retraso porque había que ir al sitio, buscar el reportaje, después venir con las películas, revelarlas… Tampoco podías dedicarte plenamente a la noticia, porque la noticia se conocía. Ahí estaba la importancia del reportaje. Y ahora, el reportaje ha perdido interés porque Internet está proporcionando permanentemente información. Cualquier cosa que esté ocurriendo la puedes ofrecer en el acto y en directo. ¿Quiere decir esto que ahora el periodismo sea más fácil por tener más herramientas y facilidades? No, porque ahora al periodista se le exige mucho más.

Si tuviera que elegir un destino al que ir como reportero hoy en día, ¿a dónde iría?
A Venezuela. Sin duda.

¿Cómo ve la situación del país latinoamericano?
Pues con mucha preocupación. Se ha desencadenado un conflicto donde la salida se ve muy difícil, partiendo de la base de que una de las partes que tiene el control del aparato del Estado está en una obstinación, en buena medida, antidemocrática, amenazante para la seguridad y que, lo más grave, está dividiendo a la sociedad y armando a una de esas partes. Y si añadimos que las dos partes, una cuenta con el apoyo de Trump y otra con el de Putin, dos personajes siniestros y peligrosísimos para la paz mundial… Tengo amigos, familiares y se la penuria que están pasando. Me encantaría contarlo.

 

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