La Calle Vaya Gente Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1279. 1 de febrero de 2019

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¡Vaya Gente! / Mara del Prado

Las canas de Letizia, todo un must


En recientes audiencias en Zarzuela, la Reina ha lucido en su cabeza tendencia o naturalidad. / EUROPA PRESS

Hola ha llevado a su portada las canas de la Reina. Semana le ha dedicado dos ‘páginas’ al acontecimiento. El asunto ha sido objeto de chascarrillos en sesudos debates de todo ‘pelaje’. Resulta que no someterse a la tiranía de los tintes, una tiranía comparable a la de las dietas o la depilación, es una moda. Y, como moda que es, ha dejado de ser censurable.

Todavía hay quien disfruta hablando de ‘abandono’ y ‘desaliño’ cuando una mujer no se ajusta al sinfín de requisitos de las buenas apariencias, pero gracias en parte al feminismo, que trata de liberar a la mujer de muchos de los corsés que todavía la comprimen, lucir canas ya no es sinónimo de vivir en una cueva.

De hecho, se puede vivir en un Palacio, llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio y someterse a tratamientos de belleza y no disimular las canas. Doña Letizia ha aparecido en varias audiencias en Zarzuela con la melena más natural que nunca, dejando que la raya en medio dejara caer los cabellos plateados a ambos lados de su cara y con un ligero toque de color en las puntas.

Dice Semana que ha optado por una coloración orgánica sin componentes químicos y cercana al castaño medio, su verdadero tono, después de una larga temporada viéndola con el cabello más claro. “Eso hace que duren menos, pero que el pelo esté más sano”, señala.

Hola da una vuelta de tuerca y habla de verdadera tendencia, que llegó “a finales de 2018 y parece que para quedarse”. Consultados varios expertos, entre los que al parecer se ha extendido la idea de que las canas es el nuevo rubio, “la Reina podría hacerse baños de color tono sobre tono, que se van con los lavados”. De ahí que, desde hace unos meses, aparezcan y desaparezcan de su cabeza.

En el Reino Unido, el debate no es tan sesudo como el de las canas de la reina española, pero sí más importante. ¿Hasta qué edad se puede conducir?, se preguntan desde del accidente de tráfico protagonizado por el duque de Edimburgo, de 97 años de edad. Mientras conducía su Range Rover en las inmediaciones del palacio de Sandringham, donde los Windsor suelen pasar sus vacaciones navideñas, el marido de Isabel II chocó con un sedán donde viajaban dos mujeres y un bebé de nueve meses. La colisión resultó más aparatosa para el vehículo conducido por el consorte de la reina, que volcó en la cuneta, pero las ocupantes del otro coche se llevaron la peor parte; una sufrió cortes en la rodilla y, la otra, una fractura de muñeca. Tras el susto y antes de ser atendido en Palacio, Felipe de Edimburgo se interesó por ellas. Pero las otras dos víctimas del choque esperaban más interés y, en The Mirror, una de ellas se queja: “Amo a la Familia Real, pero me han ignorado y rechazado y eso duele mucho”. Seguro que le dura lo que le dura la rotura de muñeca.

 

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