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 Nº 1278. 25 de enero de 2019

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Política / Virginia Miranda

Ultraliberales y conservadores para ganar la batalla de la derecha

La nueva corte de Génova

La reivindicación de los principios y valores del PP que debía ser la Convención celebrada el pasado fin de semana pasó a convertirse en la consagración del casadismo. Ante los cuadros del partido, Pablo Casado marcó su impronta de cara al intenso ciclo electoral que se avecina. Para él y para su guardia de corps, encargada de dar forma y contenido a un programa electoral de nítido ascendiente liberal-conservador con el que cumplir un doble objetivo: sumar más votos que las fuerzas progresistas y mantener la hegemonía en la derecha. Su secretario general, Teodoro García Egea; su jefe de gabinete, Javier Fernández-Lasquetty, o su candidata a la presidencia de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, forman parte de este grupo de personas, en su mayoría amigos del líder ‘popular’ que comparten con él generación y desinhibición ideológica. Con un pie en el pasado y la cabeza en las urnas. Las más reñidas de cuantas se recuerdan.

Suárez Illana, Maroto y García Egea son amigos de Casado y ejecutores de su desinhibida deriva ideológica. / PP

Muchos de los colaboradores de Pablo Casado han pasado por la fundación FAES de José María Aznar Veteranos como Lasquetty o Miguel Ángel Rodríguez regresan al lado de jóvenes como Benjumea o Ayuso


“Conozco a Pablo desde hace mucho tiempo, he vivido con él muchas cosas en el Congreso” a nivel personal. “Recuerdo cuando él dormía en el sillón de un hospital y venía a los plenos por la mañana cuando tuvo a su hijo Pablo prematuro. Todo aquello hizo que viviéramos cosas muy importantes juntos durante estos cinco años que hemos estado aquí trabajando. Pablo es además una persona que siempre que se le ha pedido, ha estado”.

Así hablaba Teodoro García Egea de Pablo Casado cuando recorrieron juntos el camino que les llevaría a ganar las primarias del PP. Después de aquello, el flamante líder conservador nombró a quien había sido su jefe de campaña y, sobre todo, amigo, secretario general del partido.

 

Amigos para siempre
La amistad es una de las variables que más peso han tenido en la configuración del nuevo PP. Basta echar un vistazo a las personas que rodean al líder popular para comprobarlo; en el comité de dirección también incluyó a Javier Maroto y a Andrea Levy, amigos desde que Mariano Rajoy les nombrara a los tres vicesecretarios; al frente de su fundación Concordia y Libertad ha situado a Adolfo Suárez Illana, con quien estrechó lazos por la vinculación que ambos tienen con Ávila; para tratar de mantener la ‘joya de la Corona’ ha designado candidata a Isabel Díaz Ayuso, amiga desde los tiempos en que ambos crecieron políticamente en el PP de Madrid; para los papeles de estrategia y discurso cuenta con su buen amigo Rafa Rubio, asesor externo joven como Casado pero con una larga y acreditada experiencia; en puestos clave del Congreso situó a Guillermo Mariscal y Belén Hoyo, que con García Egea fueron germen del grupo que impulsó el cambio de timón en el PP frente a las todopoderosas Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal…

La amistad y la identificación ideológica. Como vicesecretario de Comunicación, Pablo Casado fue la cara y la voz de Mariano Rajoy entre el verano de 2015, cuando la pérdida de poder territorial en las autonómicas y municipales le obligó a hacer cambios en Génova, y el verano de 2018, cuando una moción de censura le desalojó del poder y precipitó su caída como líder popular. Sin embargo y a pesar de su juventud, Casado tenía ya un historial político vinculado al aguirrismo y al aznarismo del que nunca renegó.

Desde que llegara a la presidencia del PP y empezara a desplegar discurso y cambios orgánicos se viene hablando del regreso de Aznar al partido. Y si bien es cierto que buena parte de sus protagonistas mantienen evidentes conexiones con el presidente de Faes, lo que todos comparten es su vínculo con el líder conservador y su relato.

 

Lasquetty, como Casado, trabajó para Aznar y para Aguirre. / EUROPA PRESS

El gabinete del presidente
Por ejemplo, Javier Fernández-Lasquetty. El que fuera consejero de Inmigración y Sanidad con Esperanza Aguirre y secretario general de la fundación Faes es, desde diciembre, jefe de gabinete de Casado. Su perfil ideológico ultraliberal no deja lugar a dudas; llegó tan lejos con su plan privatizador del sistema sanitario público que una marea blanca de protestas y, sobre todo, la suspensión cautelar del plan por parte del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, le obligaron a dimitir.

Lasquetty sustituía así al que ahora es coordinador del programa electoral del PP, Pablo Hispán. Uno de los puntales de Casado en las primarias, a quien conoce desde la etapa que ambos vivieron en la Comunidad de Madrid, trabajó en el gabinete de Presidencia de Moncloa en tiempos de Rajoy pero anteriormente pasó por el think tank liberal-conservador de Aznar.

De número dos en el gabinete de presidencia aparece Isabel Benjumea. Directora de la Red Floridablanca, un “espacio para el análisis, el debate y la reflexión de la realidad y la actualidad política española desde una perspectiva liberal-conservadora”, a principios de 2016 fue noticia reclamando a Mariano Rajoy la renovación del PP –el entonces presidente en funciones había renunciado a la investidura por falta de apoyos tras el 20-D–  y recogiendo firmas y adhesiones para exigir la convocatoria de un congreso abierto a la militancia. Finalmente, este modelo acabó colándose en los estatutos de la formación e hizo posible el ascenso de Casado.

 

Benjumea dirige la Red Floridablanca que en 2016 reclamó la renovación del PP. / ÁLEX PUYOL

Benjumea se ha llevado a Génova a José Ruiz Vicioso, miembro del equipo de Floridablanca y, como ella, exbecario de Faes, de donde procede también Paula Bueno de Vicente. Estos jóvenes, junto a Lasquetty y la directora de Comunicación, María Pelayo, llegada de la Comunidad de Madrid con experiencia en Antena 3, Telemadrid o 13TV, conforman el núcleo duro del gabinete de Presidencia para articular la estrategia de Casado de cara a las citas electorales que se avecinan con la particularidad de que, por primera vez, el PP tendrá que disputarse el voto con Ciudadanos y también con Vox.

A ellos hay que sumar aportaciones de personas que, nuevamente, se caracterizan por su proximidad a Casado y por compartir con él los mismos principios liberales y conservadores. Papel destacado es el de Rafa Rubio, experto en comunicación política que colabora como asesor externo haciendo papeles de estrategia y discurso en temas como participación política, movilización ciudadana o gobierno abierto.

 

Rafa Rubio es experto en comunicación política y colabora como asesor externo haciendo papeles de estrategia y discurso. / FERNANDO MORENO

En el partido mencionan otros nombres como el de Pilar Marcos, que durante diez años fue directora de publicaciones de Faes, o el de Baudilio Tomé, un liberal que también trabajó a las órdenes de Aznar en Moncloa y en Faes.


La batalla pasa por Madrid
Todos ellos tienen encomendada una tarea: dar la batalla de las ideas para volver a ser la casa común de la derecha ahora que el voto se ha dispersado entre tres partidos. En pleno proceso de primarias, Lasquetty ya avanzó por dónde iría la estrategia del PP con él a los mandos de la fontanería. “El centroderecha puede y debe volver a lo esencial de sus principios: la defensa de la libertad individual y de España como mejor garantía para su salvaguarda. Se puede y se debe generar un programa político anclado en la libertad. Sería enormemente novedoso en estos tiempos de socialismo de todos los partidos. Sería polémico, sin duda, pero precisamente por eso capaz de generar impacto y de cambiar la deriva crecientemente opresiva de una izquierda políticamente correcta, decidida a pasar de la reprobación a la prohibición de la disidencia”, escribía en libertaddigital.com en un artículo titulado Por qué voy a votar a Pablo Casado.

 

González Terol es secretario de Política Local y es otra de las personas de confianza de Casado. / EUROPA PRESS

Ampliando el círculo, las pautas se repiten. De sus orígenes como afiliado al PP madrileño y presidente de Nuevas Generaciones en la región, el líder popular ha conservado amistades aguirristas y ha ganado en colaboradores. Es el caso de Ángel Carromero –conocido por su condena en Cuba en 2012 por el accidente en el que murió el opositor Oswaldo Payá–, que le apoyó durante las primarias y que estará presente en el comité de campaña del partido en Madrid; el de Antonio González Terol, diputado, alcalde de Boadilla del Monte y secretario de Política Local que sonó como candidato a las autonómicas de mayo y al que se atribuye haber ‘captado’ a Casado para la causa del partido en su juventud; o el de la propia Isabel Díaz Ayuso, a la que nombró secretaria de Comunicación del PP tras haberle acompañado durante la entrega de avales en Génova y que ahora tiene ante sí el reto de conservar la presidencia de la Comunidad de Madrid cuando el voto de la derecha está más disperso que nunca.

 

 

 

Díaz Ayuso, candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, conoció a Casado cuando ambos se afiliaron al PP madileño. / EUROPA PRESS

La voz de la experiencia
Por supuesto también está la voz de la experiencia para ese regreso a las esencias populares. La intervención de Aznar no parece ser tan asidua ni tan directa como se presupone y tiene más que ver con antiguos colaboradores ahora compartidos. El Mundo señalaba recientemente que Casado llama cada dos semanas a su “maestro político”, Manuel Pizarro, expresidente de Endesa y, ahora, vicepresidente de Faes y “uno de los asesores de cabecera del presidente del PP”.

Otro aznarista arrinconado durante los años del marianismo que viene asomado la cabeza en los medios desde la etapa precongresual con discreción –la misma que procura dotar a sus labores oficiosas de fontanería–, es el senador Carlos Aragonés, otrora jefe de gabinete del presidente de José María Aznar en La Moncloa.

 

 

 

 

Miguel Ángel Rodríguez estuvo con Aznar durante la refundación del PP hace 30 años. / FM

Más específica es la tarea de Miguel Ángel Rodríguez. Esta semana se conocía la noticia de que el secretario de Estado de Comunicación del primer Gobierno de Aznar ha sido fichado como asesor de Díaz Ayuso para su campaña a la presidencia de la Comunidad de Madrid, el feudo electoral que el PP logró conservar en las elecciones de 2015 y que Casado pretende mantener a pesar del acercamiento de las fuerzas de izquierda y de la presumible irrupción de Vox.

A este respecto, no parece casual que se haya escogido al periodista para labores de consultoría política; según su biografía oficial, participó junto al primer presidente del PP en la refundación del centro derecha en 1989 de la que se cumplen tres décadas. Lo mismo que ahora pretende hacer el partido ante la dispersión de los votos conservadores, liberales y democratacristianos.

 

 

 

Las banderas ideológicas
La conclusión que extrajo Casado del estrepitoso fracaso electoral del 21-D  fue que la siguiente batalla había que librarla en la España de los balcones. Ciudadanos les había arrebatado la rojigualda en la campaña de las catalanas y, desde la renovación del PP, no hay acto en que su presidente no aparezca envuelto en la bandera, incorporada al logotipo del partido para la Convención Nacional celebrada los días 18, 19 y 20 de enero en Madrid y ondeante a gran escala en la pantalla gigante que los organizadores situaron sobre el escenario.

La estrategia funcionó en las andaluzas y volverá a repetirse en los comicios que se avecinan. Pero no hay que olvidar que junto a la unidad de España y los valores conservadores –la Convención evitó abordar el tema del aborto aunque Casado ya ha manifestado su intención de volver a la ley de supuestos–, la economía liberal es una de las patas fundamentales del ideario popular.

 

Lacalle es el ideólogo económico del PP para los próximos programas electorales. / EUROPA PRESS

Una economía liberal desacomplejada y con vocación ‘revolucionaria’, no una economía adaptada a las realidades del momento con tentaciones socialdemócratas como le reprocharon a Rajoy sus críticos. Alberto Nadal, hermano del sorayo Álvaro Nadal que llegó a ser ministro, es el secretario de Economía y Empleo del PP. Último secretario de Estado de Presupuestos del ‘censurado’ Gobierno popular, asume el papel más pragmático.

De la vertiente más ideologizada se encarga Daniel Lacalle, un ultraliberal que Esperanza Aguirre ya fichó para su campaña a la alcaldía de Madrid de 2015 y que Casado ha incorporado a su equipo como responsable del área económica de su Fundación Concordia y Libertad, “un tanque de pensamiento que abandere las políticas en que tienen que basarse los programas electorales”, según palabras del líder del PP. El economista y profesor maneja la premisa fundamental de acometer una bajada significativa de impuestos y eliminar otros tantos. Lo que en la formación conservadora denominan “revolución fiscal”.

 

Seis meses para el casadismo
De momento, la revolución política ya ha empezado. Hace ahora seis meses de la elección de Pablo Casado como presidente del PP y, con velocidad de crucero, Génova ya ha puesto rumbo al casadismo, una nueva etapa para una derecha desmembrada que sueña con la reconquista del voto dividido.

La celebración de la Convención Nacional y, sobre todo, la conformación de las listas electorales para los comicios del 26 de mayo, han apuntalado en un tiempo récord el liderazgo del joven diputado por Ávila. Pero sabe que también Rajoy hizo un partido a su imagen y semejanza –a su ritmo, tardó años en lograrlo– sin poder evitar que una masa crítica latente fulminara su legado con precisión quirúrgica.

Dice con sorna una fuente popular procedente de otras latitudes que el suyo es un partido eminentemente gallego y castellanoleonés. Ahora le ha tocado el turno al palentino Casado. Por eso no sería extraño que, si su apuesta ultraliberal y conservadora no funciona, acabe sintiendo un escalofrío del noroeste.

 

El miedo a Vox se apodera del PP

El clima de euforia que se vivió en la Convención Nacional del PP no evitó que Vox sobrevolara el recinto de Ifema que albergó el cónclave para el rearme ideológico de la formación. Se coló en algunos discursos, que de manera indirecta advirtieron sobre la necesidad de reaccionar ante la amenaza que supone este partido para sus intereses electorales, y de forma rotunda en las conversaciones de pasillo.

En algunas para reivindicar la idea de que, quien quiera encontrar al PP, sólo lo logrará acudiendo al PP. En otras para asumir que la ultraderecha tendrá representación en el Parlamento europeo y también en comunidades y capitales de provincia donde se verán obligados a pactar. Incluso había quien ya había echado cuentas sobre el número de concejales que perderían algunas ciudades a favor de Santiago Abascal. Pero todas coincidían con resignación en que, pasara lo que pasara, “no nos podemos meter con los votantes de Vox porque son nuestros votantes”.