Index Politica Portada Tiempos de hoy

 
   

 Nº 1277. 18 de enero de 2019

- - --

Política / Virginia Miranda

De no mojarse a entrar en el ‘tripartito’ andaluz y aspirar a todas las salsas

El arriesgado viaje de Albert

Albert Rivera ha comenzado el año dando un arriesgado giro estratégico a Ciudadanos, que entra por vez primera en un Gobierno autonómico de coalición con la aquiescencia de la extrema derecha. Tras haber sostenido gobiernos del PP y del PSOE, el líder de la formación naranja se moja y lo hace sin cerrar ninguna puerta. Ni siquiera y a pesar del modelo recién estrenado, la de acercarse a los socialistas tras las próximas citas electorales. Criticado por sus contradicciones, el partido de Albert Rivera ha hecho de ellas marca de la casa sin que le pese. En Cataluña, primero, y en Andalucía, después, ha logrado que las expectativas demoscópicas se traduzcan en un incremento de votos, convirtiéndose en objeto de deseo a diestra y también a siniestra. Pasiones encontradas que lo dotarían de un estratégico margen de maniobra si su dependencia de Vox no acaba espantando al electorado.


Tras los resultados de Cataluña y Andalucía, que confirman el ascenso de Ciudadanos, Rivera se dispone a entrar en gobiernos y jugar en la liga de los ‘grandes’. / EUROPA PRESS

Cs ha sabido nadar y guardar la ropa con sus pactos de investidura, mientras que el pacto de Gobierno andaluz llevará implícito el desgaste de la gestión Tras las elecciones de mayo Ciudadanos “no descarta ningún escenario siempre y cuando sea con partidos constitucionalistas”, dicen fuentes del partido

La dirección nacional de Ciudadanos ha supervisado hasta el último detalle del acuerdo de Gobierno suscrito con el PP para investir a Juan Manuel Moreno presidente de la Junta de Andalucía. Bajo la batuta del secretario general, José Manuel Villegas, y el seguimiento constante de su líder, Albert Rivera, el inminente vicepresidente autonómico, Juan Marín, ha contado con la ayuda del equipo parlamentario para los detalles técnicos y de la de la dirección nacional para el contenido político. La misma que se prepara ya para los pactos que habrán de venir tras las elecciones autonómicas y municipales, donde el partido espera dar un salto cualitativo con más voz y, sobre todo, más votos que en 2015. “Tal y como aprobamos en nuestra IV Asamblea General celebrada en febrero de 2017, entraremos en todos aquellos gobiernos autonómicos siempre que se den las circunstancias. Estamos preparados para gobernar. Lo vamos a demostrar en Andalucía y lo demostraremos en el resto de comunidades a partir de mayo”, subrayan fuentes del partido.

Desde Luis Garicano, responsable del Área de Economía y Empleo con gran peso en los 90 puntos del pacto, hasta Toni Roldán, secretario de Programas, pasando por Fran Hervías, secretario de Organización, o José María Espejo-Saavedra, de Acción Institucional, el núcleo duro de la formación de Rivera ha acompañado durante todo el proceso a los grandes protagonistas de la foto con el fin de articular un pacto de Gobierno inédito en muchos aspectos; va a ser la primera vez que los socialistas no gobiernan la Junta andaluza, hasta ahora Cs había trabajado en pactos de investidura de presidentes de otros partidos y nunca antes un Ejecutivo regional había dependido de la ultraderecha para sacar adelante los Presupuestos, como por ejemplo le ocurrirá al andaluz.

Estas particularidades, sumadas a la forma de hacer política de un partido joven que ha ido construyendo su ideario habiendo entrado ya en las instituciones, ha jalonado la negociación de incesantes vaivenes donde lo más sólido ha sido el manejo de los tiempos. En campaña electoral se negaron a calificar a Vox, durante las negociaciones evitaron la foto con los de Santiago Abascal y, una vez atados los votos de la investidura, han cargado las tintas contra un partido que ahora denominan populista.

Desde que diera el salto a la política nacional, Cs se ha caracterizado por decir una cosa y la contraria. Aseguraron que apoyarían la lista más votada y alcanzaron un acuerdo con Pedro Sánchez tras las elecciones de 2015 que no salió adelante por falta de apoyos. Negaron que fueran a hacer presidente a Mariano Rajoy y ahí está el pacto de investidura de 2016. La socialdemocracia fue borrada de su ideario en la Asamblea Nacional de 2017 para reemplazarla por el liberalismo progresista. Y en Andalucía tardaron poco en renunciar al órdago de ser ellos y no los populares quienes lideraran el cambio en la Junta.

El argumentario político del partido naranja también ha experimentado cambios significativos. En medio del ruido mediático provocado por Vox a cuenta de eliminar la ley de violencia de género y sustituirla por otra de violencia “intrafamiliar” se recordaba estos días que Ciudadanos, contrario a tocar el pacto de Estado y el acuerdo de 90 puntos suscrito con el PP andaluz, se presentó a las elecciones generales de 2015 planteando precisamente acabar con lo que denominó asimetría penal en detrimento del hombre. El giro fue aún más evidente a cuenta de la prisión permanente revisable; de su pacto de investidura con Pedro Sánchez a favor de su derogación inmediata a negarse a apoyar la iniciativa planteada por el PNV con dicho objetivo instando a esperar la resolución del recurso de inconstitucionalidad.


Punto de inflexión
Estos cambios de criterio han sido munición para el resto de partidos, que han acusado a Ciudadanos de cambiar de criterio en función del clima social y político. Sin embargo, existen dos factores que explican por qué Rivera está creciendo en votos y expectativas mientras el resto de formaciones pierden respaldo electoral o apenas se mantienen.

El primero es haber sido fiel a su antinacionalismo catalán, uno de sus principios fundacionales que, al calor del procés, convirtió a Inés Arrimadas en la líder más votada en las elecciones del 21-D. Desde entonces, con el conflicto encallado y sin visos de solución, Cs continúa portando la bandera de España con buenos resultados y, a pesar de que Pablo Casado le ha copiado la estrategia en Andalucía, Rivera ha seguido ganando terreno: la formación naranja dobló con creces su representación en el Parlamento autonómico pasando de 9 a 21 escaños mientras que el PP, aunque con cinco diputados más, perdió 315.000 votos y siete representantes en la Cámara andaluza.

El otro factor es su demostrada capacidad para nadar y guardar la ropa, para imponer sus condiciones en la formación de gobiernos autonómicos –ocurrió en Murcia, cuando forzó el cambio en la presidencia por una investigación de corrupción– sin acusar el desgaste de la gestión; Ignacio Aguado no sufrió el más mínimo daño político tras el estallido del caso máster que acabó con la carrera política de Cristina Cifuentes en la Comunidad de Madrid un año antes del fin de la legislatura autonómica.  

El punto de inflexión ha llegado con el acuerdo de Gobierno suscrito en Andalucía y sostenido con los votos de Vox. Cs tendrá que hacer frente a las exigencias de un partido de extrema derecha, que ya ha tenido ocurrencias españolistas ultras como convertir el aniversario de la reconquista de Granada en el Día de Andalucía, y a su propio bautismo ejecutivo, con una vicepresidencia y cinco consejerías que le permiten ganar poder territorial pero también le someten al desgaste de la gestión, con la particularidad de que la dependencia de los votos de Vox puede acelerar este proceso.

Pero por el momento han evitado la foto con la formación de extrema derecha y tratan de defender la fórmula andaluza comparando a Santiago Abascal con Pablo Iglesias. “El futuro gobierno de Andalucía es un gobierno constitucionalista y moderado en el que no habrá ni un solo consejero populista” y “el PSOE no puede decir lo mismo”, que “gobierna de la mano de Podemos en comunidades como Castilla-La Mancha o da apoyo a todas las medidas de Carmena en el Ayuntamiento de Madrid”.

 


La líder de Cs en Cataluña tendría un papel clave en una campaña a las generales, dentro o fuera de las listas. / EUROPA PRESS

Inés Arrimadas, un arma nada secreta

El fin del hiperliderazgo de Albert Rivera en Ciudadanos tiene fecha: 21 de diciembre de 2017. Aquel día, Inés Arrimadas se convertía en la candidata más votada en las elecciones catalanas y en la segunda dirigente de la formación naranja más conocida en toda España. Nombrada meses antes portavoz de la Ejecutiva, permitía repartir juego más allá del Parlament en busca de un efecto multiplicador de votos.

Por eso y porque el discurso anti independentista disparó al partido en las encuestas, Cs se llevó la crisis territorial a la campaña del 2-D y, con ella, a Arrimadas, la más idónea por su doble condición de catalana y andaluza. La estrategia funcionó y, con el panorama político y judicial que se avecina, en la sede de la calle Alcalá de Madrid se antoja igualmente válida para los comicios que vienen.

Los de mayo y los que eventualmente pueda convocar Pedro Sánchez. La Vanguardia avanza que Arrimadas, que acaba de ser elegida por los lectores de Abc como la española más importante de 2018, podría formar ticket electoral con Rivera en las elecciones generales. El problema sería encontrar un reemplazo con el suficiente respaldo interno y tirón electoral para que el partido en Cataluña no quede huérfano.

De lo que no hay duda es de que la presidenta de Ciutadans volverá a tener un papel clave en la campaña o campañas por llegar. Porque es símbolo de resistencia frente al independentismo catalán y porque, como mujer joven, conecta con una parte del electorado que se le resistió a Rivera en anteriores citas con las urnas.

A pesar de no haberse sentado a negociar con Vox, la dependencia de sus doce diputados en el Parlamento andaluz es lo que más incomoda a Ciudadanos. Porque el partido de Rivera ha crecido sobre todo a costa del PP pero también arañó votos a los socialistas en las últimas convocatorias electorales y, en plena fase expansiva, no le conviene que le relacionen con la ultraderecha. Ni dentro ni fuera de España.

Al inicio de las negociaciones para propiciar la salida del PSOE del Gobierno de la Junta, el presidente del grupo liberal en el Europarlamento, Guy Verhofstadt, advirtió del peligro que representan para la UE y sus Estados miembros pactar con la ultraderecha. Por su parte, el candidato a la alcaldía de Barcelona con el apoyo de Cs, Manuel Valls, rechazó un acuerdo con Vox en Andalucía. Ahora, ambos parecen haberse conformado con una fórmula intermedia que ha hecho posible la investidura del popular Moreno Bonilla. Pero está por ver si puede sostenerse durante toda una legislatura.

ABC y El País coincidían estos últimos días en señalar que barones socialistas como Emiliano García-Page, en Castilla-La Mancha, Guillermo Fernández Vara, en Extremadura, y Javier Lambán, en Aragón, ven factible futuras alianzas con Ciudadanos. Un partido que, suponen, estaría interesado en diversificar alianzas tras el acuerdo de Andalucía y resituarse como partido de centro.

Además y según estas informaciones, habrían querido leer entre líneas el último tuit del año de Rivera: “Estoy convencido de que en 2019 pasaremos página del sanchismo y abriremos una nueva etapa con más igualdad, más libertad y más unión”. El sanchismo, que no el socialismo. Y ellos son precisamente los barones antisanchistas con discurso e iniciativa propia. Como la de Fernández Vara, que este pasado jueves apoyaba en el Parlamento extremeño junto a Ciudadanos una propuesta de PP para reivindicar el espíritu de la Transición, la defensa de la unidad de España y la activación del artículo 155 en Cataluña.

Desde Cs se dejan querer. Si depende de ellos, dicen, “los futuros acuerdos de gobierno serán entre partidos constitucionalistas” y “lo que nos preocupa es que estos partidos constitucionalistas miren más a sus extremos que al centro. El PP está pensando en cómo parecerse a Vox y el PSOE en cómo parecerse a Podemos”. Por eso se preguntan “si Sánchez en mayo va a imponer un cordón sanitario contra Cs o va a permitir acuerdos con Cs. Los partidos constitucionalistas, PP, PSOE y Cs, vamos a tener que llegar a gobiernos de coalición como ocurre en el resto de Europa”.

Por eso, insisten: “No descartamos ningún escenario siempre y cuando sea con partidos constitucionalistas”. Ni siquiera en Madrid, donde el PP confía en un cambio de cromos con Ciudadanos –si dan los números, la alcaldía para Begoña Villacís y la presidencia de la Comunidad, para Isabel Díaz Ayuso–  y donde Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón llevan tiempo tendiendo puentes –ahora en peligro tras la crisis de este último en Podemos–. “Nuestro objetivo es ofrecer a los madrileños, al igual que al resto de españoles, gobiernos entre partidos constitucionalistas. Los populismos y los nacionalismos no deberían entrar en las instituciones como está permitiendo el sanchismo”. Están creciendo en toda Europa “y Sánchez está dándoles alas sólo para aguantar en la Moncloa”.

Trasladar este escenario a las generales, en plena negociación del Gobierno con las formaciones independentistas para lograr su apoyo a los Presupuestos, a día de hoy es una entelequia. Pero las elecciones se celebrarán tarde o temprano y las encuestas, avaladas por los resultados en Cataluña y Andalucía y sin gestión autonómica aún que valorar, cuanto menos invierten el orden de Cs y Podemos en el tablero político y convierten a la formación naranja en opción a tener en cuenta también por el PSOE. Una formación que ya se ha hecho mayor para seguir jugando a la oposición responsable. Ahora, Albert Rivera quiere gobernar.

El número dos del nuevo Gobierno andaluz le ha recordado a Moreno Bonilla que no tiene intención de negociar con Vox. / EUROPA PRESS

Juan Marín, el vicepresidente tranquilo

Juan Marín será el primero de los líderes regionales de Ciudadanos en cambiar de pareja de baile. Durante tres años de legislatura y hasta que anunció el adelanto electoral, sostuvo el Gobierno de Susana Díaz. Ahora tiene por delante el reto de cohabitar en la Junta de Andalucía con el Partido Popular sin que el apoyo de Vox se note demasiado.

Hombre tranquilo, con la expresidenta socialista mantuvo una relación cordial y productiva hasta que las exigencias de la dramatización política le llevaron a retirar su apoyo al PSOE andaluz el pasado mes de septiembre, cuando precisamente empezaba a interesar a Díaz la convocatoria anticipada de elecciones. Con Juan Manuel Moreno, con quien comparte carácter afable y sosegado, no se espera que salten chispas y tampoco se prevé que ninguno de los dos vaya a convertirse en un barón díscolo capaz de contravenir órdenes políticas de Madrid.

Durante su intervención en la sesión de investidura, Marín se dirigió a Moreno para recordarle que sigue manteniendo una línea roja con Vox. “Hemos firmado un acuerdo de 90 puntos; de lo demás, será responsable usted”, le advirtió, si bien el tono de ambos anuncia la voluntad de alcanzar sintonía política. “Tenemos que hacerlo bien”, le dijo el líder andaluz de Cs al presidente popular, que prometió  “la máxima lealtad” y agradeció el “compromiso” de asumir el reto el cambio en Andalucía.

Este lunes, 21 de enero, Juan Manuel Moreno Bonilla dará a conocer la estructura definitiva del Gobierno andaluz. De once consejerías, cinco de ellas van a recaer en el partido naranja. Además de la vicepresidencia, que ostenta Juan Marín. Un líder discreto y desconocido para muchos andaluces que pasará a la historia por abrir camino a Rivera en la nueva etapa de Ciudadanos.